Antonio Jiménez Millán

RESEÑA DE NOTTE A PARIGI, Gracia Morales

Redacto esta breve reseña de Notte a Parigi de Antonio Jiménez Millán, editado recientemente en Firenze por Le Lettere, sintiendo la amargura de saber que su autor no llegó a verlo publicado. Antonio hubiera disfrutado, sin duda, reencontrándose con sus propios poemas, volcados ahora en la suave cadencia de la lengua italiana.

Se trata, efectivamente, de una edición bilingüe de su libro Noche en París, publicado originalmente en 2022 por la Fundación José Manuel Lara, tras haber obtenido el XII Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado. La publicación italiana nos ofrece una cuidada y bella traducción de Giulia Bertazzoni, a la que acompaña un prólogo muy iluminador de la profesora Marina Bianchi, titulado “Di ricordi, luoghi, persone: Notte a Parigi de Antonio Jiménez Millán”.

En él, Bianchi expone de este modo algunas de las características principales de este poemario:

[Antonio Jiménez Millán] assume in Notte a Parigi la serena accettazione di un presente che si detiene per lasciarsi contaminare dal ritorno del passato, non come nostalgia, bensì come sequenza di pacate riflessioni che permettono, da un lato, di rivivere emozioni perdute e, dall’altro, di proporre una sorta di resoconto sulle esperienze vissute, di esame su ciò che è cambiato e su cosa l’esistenza abbia comportato nella relazione dell’io con il mondo. 

Ciertamente, este repaso por las propias experiencias vitales, desde un tono siempre sereno, aporta unidad a un poemario en el que, por otra parte, encontramos una amplia diversidad formal: sonetos en versos endecasílabos o alejandrinos, poemas en prosa, algunos haikus, composiciones cuya estructura versal se atiene a lo que Isabel Paraíso denomina silva libre impar… Las cinco secciones en las que está dividido (“Memoria del agua”, “Retratos”, “Noche en París”, “Fragilidad” y “Sentimental mood”) estructuran y favorecen dicha variedad de registros. Con ello, Noche en País nos ofrece un despliegue de posibilidades que evidencian la maestría y versatilidad con la que el autor afronta la tarea poética. 

El título, coincidente con el apartado central del libro, apunta hacia dos nociones presentes en buena parte de sus versos: de un lado, la vigencia de lo nocturno, que, más allá de indicar un momento específico, remite también a esa penumbra de la memoria, con sus imágenes a contraluz; por su parte, la referencia a París nos pone sobre la pista de otro de los materiales que alimentan estos textos: la presencia de lo culturalista, concretado, sobre todo, en la vivencia del viaje.

Ciertamente, en los textos que componen este libro aparece un yo poético que se desplaza, geográfica y temporalmente. Este viajero recorre las calles y barrios de París, pero también aparecen paisajes de Roma, Lisboa, Atenas, Guanabacoa, Fuerteventura… ; allí visita o recuerda cafés, bares, plazas, hoteles (que son ese lugar “donde el deseo marca la deriva”). Se trata, casi siempre, del regreso, real o imaginado, a ciudades ya conocidas, de modo que los espacios quedan vinculados a la memoria de forma radical, como se expresa en el poema “Boleros”:

No sé si la distancia es el olvido
o si es sólo la frase de un bolero
que nos hizo creer una mentira.

No sé si he regresado a esta ciudad,
si coinciden la música y la letra
al evocar un tiempo indescifrable:
el de un encuentro, el de una despedida.

En la traducción de Giulia Bertazzoni, este poema dice así:

Boleri

Non so se la distanza si fa oblio
o se è solo la frase di un bolero
che ci ha ingannato con la sua bugia.

Non so se sono in quella città ora,
se la musica e il testo corrispondono
e rievocano un’epoca inspiegabile:
quella di incontri, quella di congedi.

Esta vivencia del regreso, con lo que tiene de desplazamiento físico, pero también de introspección y quiebre temporal, son el eje de los dos bellos y crepusculares poemas que cierran el libro: “Onda Pasadena” y “Hades”. Citamos algunos versos del primero: 

Los años les trajeron la pasión del viaje. 
Han conocido áreas de servicio
que parecían cuadros de Edward Hopper,
vieron la lluvia en la Ciudad Encantada,
las librerías de México D.F.
y los garitos de la Habana Vieja,
los mercados con riesgo de Caracas,
los teatros de Praga, las cuestas de Lisboa.

Después, ya con dos hijas,
volvieron a lugares
donde habían sido felices
[…]

Al regresar, no se cansaron nunca
de los paisajes familiares:
divisar a lo lejos
los árboles del Balneario,
la bahía velada por la bruma
o nítida en verano, con el viento terral,
fue también una forma de celebrar la vida. 

//

Gli anni hanno dato loro la passione del viaggio.
Hanno trovato aree di servizio
che sembravano quadri di Edward Hopper,
goderono la pioggia nella Cittá Incantata,
le librerie di Città del Messico
e le bettole dell’Avana Vecchia,
i rischiosi mercati di Caracas,
i teatri di Praga, i pendii di Lisbona. 

Poi, con due figlie,
tornarono nei luoghi
dove erano stati felici
[...]

Al ritorno, non erano mai stufi
di quei paesaggi famigliari:
scorgere in lontananza
gli alberi del Balneario,
la baia dalla foschia velata
o limpida con il vento d’estate,
fu perfino una forma di esaltare la vita.

Ahora bien, como apuntamos anteriormente, la presencia de lo culturalista y la noción de viaje que se plasma en los versos de Noche en París // Notte a Parigi no se limita a los desplazamientos geográficos: existen otras formas de trasladarse, entre distintas formas artísticas o incluso en el salto hacia otras identidades. Así, por ejemplo, en la sección “Retratos” es el acercamiento a diversos personajes lo que provoca ese movimiento de la voz poética, que sale a encontrarse con Pessoa, con Dickens, con el cantante cubano Bola de nieve o con el “místico López”, con quien coincidió en su tiempo de estudiante universitario. Por su parte, cada poema de los que integran el apartado “Sentimental mood” está vinculado a una canción, que funciona también como resorte temporal.

Noche en París // Notte a Parigi es, de este modo, un título que promete resonancias modernistas. No obstante, no hay visos de exotismo o evasión en sus páginas, porque en ellas tanto los paisajes como las otras referencias, se incorporan de forma discreta a lo vivencial y lo íntimo; esto es, las ciudades, los monumentos o las figuras que se convocan no resultan elementos de un esteticismo preciosista, extravagante o decadente, sino que son señales vitales, huellas de recuerdos y experiencias donde late la sencillez y la humildad. Y también la compañía de aquellas personas con las que se ha recorrido esos lugares: las amantes, los amigos, la pareja, las hijas… 

Esas presencias se hacen visibles también en otro gesto que se reitera a lo largo de todo el poemario: la inclusión de dedicatorias. Casi todas las composiciones explicitan un destinatario o incluyen una cita, convirtiendo a Noche en París en un emocionante homenaje hacia quienes acompañan y sostienen la vivencia de nuestra soledad.

La ausencia de Antonio Jiménez Millán deja una herida profunda en tantas personas que lo recordamos con cariño y admiración. Porque Antonio era como son estos versos: entrañable, generoso, elegante, inteligente, honesto… 

Nos queda su voz, tan serena y lúcida:

Fine dell’anno

Sai, non è nostalgia
quella corrente ambigua
che mi porta al passato
e, proseguendo,
rinforza la memoria,
dissolve le promesse
aride del futuro.
Solo è resistere alla morte. 

//

Fin de año

Sabed que no es nostalgia
esa corriente ambigua
que me lleva al pasado
y, al avanzar,
refuerza la memoria, 
disuelve las promesas
vacías del futuro.
Es sólo resistencia ante la muerte.
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