¿De qué tierra será?, ¿dónde su mar?
¿De qué tierra será?, ¿dónde su mar?
-dicen-, ¿cuál es su sol, su aire, su río?
Mi origen se hizo pronto algo sombrío
y cuando a él vuelvo no lo vuelvo a hallar.
Cada vez que me pongo a caminar
hacia mí pierdo el rumbo, me desvío.
No hay aire, río, mar, tierra, sol mío.
Con lo que no soy yo voy siempre a dar.
Si acaso alguna vez logré mi encuentro
-fue camino el amor-, me hallé contigo
piel a piel, sombra a sombra, dentro a dentro,
el frágil y hondo espejo se rompió,
y ya de mí no queda más testigo
que ese otro extraño que también soy yo.
Luis Rius (Cuenca, 1930- Ciudad de México, 1984)
Soneto500
Hace casi cinco siglos se reunieron en los jardines del Generalife Juan Boscán y Andrés Navagiero. Era en la primavera de 1526 y entre las acequias de Granada se gestaba el ritmo endecasilábico de la poesía renacentista española. Desde entonces el nombre de Granada está profundamente unido a la poesía española. Por eso será emocionante llevar siempre, en los veinte o treinta años que me queden de vida, un Doctorado con el nombre de esta Universidad y de esta ciudad. Vendrán conmigo siempre sus fuentes y jardines, su historia, que es parte de mi historia, y su poesía.
(Rafael Alberti en el acto de investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Granada en 1991)
El soneto en castellano es una invención netamente granadina, eso nos dice la Historia, pues se debe al fortuito y feliz encuentro del Navagiero y Boscán en la Alhambra. Este proyecto de olvidos.es rinde homenaje a los 500 años de aquel encuentro con una amplia selección de sonetos de la literatura en castellano.
Aunque la larga sombra del petrarquismo hizo que el Marqués de Santillana elaborase poemas ‘fechos al itálico modo” y Francisco Imperial y Villalpando intentase aclimatar formas italianas a la lengua castellana acudiendo al endecasílabo, fue un encuentro entre Boscán –quien no debía conocer los antecedentes- y Andrea Navagero, en la Alhambra, el que desató la pasión por los versos a la itálica.
Andrea Navagiero, embajador de Venecia en la Corte de Carlos V, coincidió en el Generalife durante las tornabodas del emperador, hacia 1526, con el poeta barcelonés Juan Boscán y hablaron sobre nuevos modos (endecasílabo, sonetos, las influencias de Dante y Petrarca…) que cambiarían la lírica española para siempre: no olvidemos que estas enseñanzas serían ejecutadas por Garcilaso de la Vega, amigo del poeta catalán, y como él, petrarquista.
Una placa lo recuerda en el Generalife y el propio Boscán, en uno de sus escritos, lo explica:
Porque estando un día en Granada con el Navagero, al cual por haver sido varón tan celebrado en nuestros días he querido aquí nombralle a vuestra señoría, tratando con él en cosas de ingenio y de letras y especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué no provava en lengua castellana sonetos y otras artes de trobas usadas por los buenos authores de Italia. Y no solamente me lo dixo así livianamente, mas aun me rogó que lo hiziese. Partíme pocos días después para mi casa, y con la largueza y soledad del camino discurriendo por diversas cosas, fui a dar muchas vezes en lo que el Navagero me havía dicho. Y así comencé a tentar este género de verso, en el cual al principio hallé alguna dificultad por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro. Pero después, pareciéndome quiçá con el amor de las cosas proprias que esto començava a sucederme bien, fui poco a poco metiéndome con calor en ello. Mas esto no bastara a hazerme pasar muy adelante si Garcilaso, con su jüizio, el cual no solamente en mi opinión, mas en la de todo el mundo, ha sido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda. Y así, alabándome muchas vezes este mi propósito y acabándomele de aprovar con su enxemplo, porque quiso él también llevar este camino, al cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más fundadamente.
El proyecto Soneto500 rinde homenaje a este acontecimiento fundamental de la lírica en lengua castellana. Desde aquel momento la poesía cambió para siempre en España y en América. Han sido miles de poetas los que han escrito afortunadísimos sonetos siguiendo las prácticas recomendadas por el Navagero, desde los pioneros Garcilaso de la Vega y Juan Boscán, hasta poetas más recientes, pasando por Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Cervantes, Carolina Coronado, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Carmen Conde, Gloria Fuertes, lo más florido de los autores españoles, y por supuesto sor Juana Inés, Borges, Gómez de Avellaneda, Darío o Octavio Paz.
Posiblemente no exista poeta que no haya frecuentado esta forma fundamental de la composición estrófica. De esta manera se confirma que fue en Granada donde la poesía en castellano (y por extensión las lenguas españolas) se convirtió en lo que es en el presente y resalta la importancia, una vez más, de Granada en la literatura lírica.
Este proyecto se elabora a través de la selección de sonetos, dirigida por Javier Benítez Láinez, Ramón Repiso Ruiz y Alfonso Salazar, abierta a la sugerencia de los lectores y seguidores de olvidos.es. Serán seleccionados y publicados de manera constante, desde febrero 2024 hasta el año 2026, cuando se celebren los 500 de aquel feliz encuentro.
Viaje del alma
Por encima, debajo, imaginada
de luces torbellino inconcebible,
pronto el abismo mismo de lo horrible,
pronto la helada luz de la alborada.
Cansada de reptar, volar, doblada
por el visible ser de lo tangible;
perder, hallar, perder, oh tú, increíble
afán de los fanales en la nada.
Vuélvete con tus aguas, vuelve entera
de angustia a adormilarte en mi morada,
puesta a labrar la piedra del destino.
Vuélvete palidez, antes que muera
tu viudo corazón, tu inacabada
fiebre de equivocarte de camino.
Julio Cortázar (Bajo el seudónimo de Julio Denis, en Presencia, 1938)
La poesía no es
La poesía no es un filtro de las cosas
ni un raro sortilegio ni un consejo rotundo
no está obligada a dar un mensaje profundo
ni a extraer del olvido las palabras ociosas.
No es aurora de fuego ni boceto de diosas
ni suele describir los vitrales del mundo
no tiene por qué ser morral de vagabundo
y sin duda no es un camino de rosas.
Todo eso que no es ocupa larga lista
sin regalas definidas, poco convencional
más o menos un reto para el coleccionista.
En cambio lo que es imprime su señal
y en el nuevo paisaje que propone el artista
la poesía asume su invento de lo real.
Mario Benedetti (1920-2009)
Poética
A Aurora de Albornoz
Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía.
Juan Ramón Jiménez
Vino primero frívola –yo niño con ojeras–
y nos puso en los dedos un sueño de esperanza
o alguna perversión: sus velos y su danza
le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.
Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras
porque también manchase su ropa en la tardanza
de luz y libertad: esa tierna venganza
de llevarla por calles y lunas prisioneras.
Luego nos visitaba con extraños abrigos,
mas se fue desnudando, y yo le sonreía
con la sonrisa nueva de la complicidad.
Porque a pesar de todo nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad.
Javier Egea (Granada, 1952-1999). La otra sentimentalidad.
Un día feliz
¿Qué pasa en esta calle que el ciego de la esquina
regala los cupones y el de la barbería
olvidó a Maradona y el viejo que gruñía
por el ojo de patio hoy entona en sordina
baladas de Los Panchos y de Joaquín Sabina
y vino el fontanero y hasta la policía
hace la vista gorda con Luis “El Carafría”
que arregla transistores y pasa cocaína
y paran los taxistas en los pasos de cebra
y la dulce pareja por fin encuentra piso
y es el barrio un desorden lavado por la lluvia?
¿Por qué sirve Bernardo de marca la ginebra?
Porque nadie esperaba tan pronto el paraíso.
Porque ha venido a verme Consuelo de la Rubia.
Javier Egea (Granada 1952-1999)
Soneto V
Al salir de la curva la lluvia se hizo lenta,
viscosa, impenetrable como una gelatina.
Delante de los faros una sombra felina
agitaba un pañuelo. Al fin sube, se sienta
junto a unos ojos tristes. Por el camino cuenta
que burló al centinela de la negra sentina.
Llegan, entran, se miran. Luces de parafina.
Al fondo, en un espejo, se agita la tormenta.
El de los ojos tristes pone en una bandeja
tres copas escarchadas de un licor amarillo.
Luego extiende en la plata tres regueros de coca.
Y la sombra felina lo besa y, a la oreja,
—Ya no vendrá— le dice. Y le brilla un colmillo
y le pide silencio con un dedo en la boca.
Javier Egea (Granada 1952-1999)
Sombra del agua, I
Hacia los surtidores ofrecida
vas en tropel, brillante compañera,
o con disfraz de curva y de cadera
dices la luz, también la despedida.
Y como quien no halla la salida
sin naufragarse por la torrentera,
mírame aquí, viajero sin espera,
en un salto mortal sobre mi vida.
Bebo en tus brazos –caminante– el sueño
que quizá lleve al mar y en tus orillas
el norte y el dolor para el olvido.
Contigo voy, contigo me despeño
entre las soledades amarillas
hacia los surtidores ofrecido.
Javier Egea (Granada 1952-1999)