Antonio Jiménez Millán

IMÁGENES PARA UN LECTOR DE POEMAS, Gerardo Venteo


HISTORIA ALREDEDOR DEL POEMA

En abril de 2018, en el entorno de la Feria del Libro de Granada, Ramón Repiso me acompañó en la presentación de “El nombre del frío”. En nuestras conversaciones previas, Ramón me habló de la posibilidad de presentarlo en Málaga y comentárselo a Antonio Jiménez Millán. Antonio ya entonces andaba mal de salud. Mi situación (de tímido ocasional) me impidió decidirme a hacerle esa propuesta a Antonio e ir Málaga a conocerlo y presentar, junto con él, este libro que en su interior alberga algo a lo que él mismo se estaba enfrentando. Durante algunas semanas, la idea de ir a Málaga, me estuvo rondando pero no me decidí a hacerlo. La vida es una secuencia de hechos concatenados y, a partir de mis conversaciones con Ramón volví, con autentico gusto, a releer a Antonio. Fue a partir de esta nueva lectura cuando surgió imágenes para un lector de poemas que tampoco me atreví a enviarle (ya lo he comentado; padezco esa timidez ocasional que me impide ir un poco más allá en ciertas situaciones). Pues bien, relegado al páramo del olvido, este poema quedó sepultado bajo siete años de poemas y dos libros hasta que, con el objeto de homenajear al autor de “Línea de sombras”, “Clandestinidad”, “Ciudades” o “Noche en París”, ente otros, y la revista Olvidos, Javier Benítez me invitó a leer en la Feria del Libro de Granada de este año y en la propuesta me dio la opción de elegir un poema de Jiménez Millán, o bien, participar con alguno propio dedicado. ¿Cómo encontrar un poema escrito hace siete años y casi perdido en la memoria? El pasado 17 de mayo, un grupo de poetas leímos y comentamos en torno a la figura del poeta nacido en Granada y malagueño de adopción. Yo no había encontrado aún aquel poema que si recordaba tener guardado en algún lugar. Al acabar el encuentro regresé a casa resuelto a localizar y rescatar aquellos versos escritos en Sevilla. Finalmente di con él y cuál fue mi sorpresa cuando, al terminar de leerlo, encuentro que está fechado el día 17 de mayo de 2018. Desde el momento de haber sido escrito hasta que fue rescatado habían pasado 7 años exactos. Me gustó esta coincidencia. El poema tuvo origen a partir de mi participación en una Feria del libro de Granada y es rescatado en otra edición de la Feria, donde, además, presento un nuevo poemario “La veladora”, y me invitan a leer al poeta. En este periodo de tiempo transcurrido, sucedieron nuevos poemas, nuevos libros del poeta, sucedió la vida y sucedió que Antonio dejó de suceder y, sin embargo, su poesía sigue aconteciendo y sigue latiendo tranquila como si fuera el relato que describe cada una de las escenas con los que están trazados sus poemas que albergan el abrazo de un extraordinario poder evocador que lo hace entrañable. Bienvenido aquí de nuevo, Antonio, poeta, amigo de y entre sus amigos. Buena suerte.

                                                       
(a Antonio Jiménez Millán)

Al leerte, me sitúo
como el espectador
que va a asistir a un poema
como si fuera el relato
cinematográfico
que describe una escena
y a veces encuentro la imagen
de una casa donde los ojos
antiguos descansan y el corazón
se sosiega y se enciende
si la casa está llena
de nombres conocidos,
objetos familiares,
gente que creías olvidada
y que de pronto recuerdas.

Otras veces, al pronunciar
el resumen gastado
de la historia de una batalla
con su herida multiplicada
en el resultado de una pertenencia,
he percibido el rescoldo
donde se ajusta la memoria
a los nombres de cada día.

Una imagen puede contener
el deseo ardido en la calma
que celebra la dicha de un instante,
pasos acelerados indagando
en el sueño que deja un sabor
agridulce en la boca.
Otras, en cambio, veo un río,
el cauce de una brisa,
la transparencia que llega hasta el mar
disuelta en su franqueza inaprensible
que incide en la hondura de un misterio
con los dedos puestos sobre la línea
del horizonte
que dibuja una nueva perspectiva
en los ojos tranquilos.
Pero también en escena pueden aparecer
los pasillos de un laberinto
en el eco transparente de la noche,
el reflejo luminoso que resbala
por la lisura fría de las ventanas
donde la pupila blanca del insomne
vela la noche.
Y es ahí donde el tiempo
a destiempo convocado,
se hace un hilo de voz
que transporta
mudos barcos encallados
en mitad de la niebla.
Y, de repente,
se hace una ciudad en el poema
con su vuelo rasante
de luces que laten en los ojos irritados
de quién ha sido expulsado del sueño.
En la calma rota y su vértigo,
las horas suman minutos en vano.
Así, cuando el cuerpo sin alivio
queda suspendido
en el quebranto raro de las horas,
la ciudad puede ser, con la distancia
madura del tiempo,
un álbum de instantáneas felices y derrotas,
un remolino de hojarasca entre los dedos
o el pulso de una luz inevitable
empujándonos con sus gestos hacia el futuro.

Gerardo Venteo
En Sevilla a 17 de mayo de 2018 y Granada 17 de mayo 2025
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