La vida maestra de Andrés Soria Olmedo,
por José Luis Moreno Pestaña
Este texto lo leí, con mínimas variaciones, en mi presentación el 17/10/2024 del ciclo Vidas maestras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada. Ese día estuvo consagrado a Andrés Soria Olmedo.
Buenos días, casi buenas tardes,
Asistimos hoy a una nueva edición del ciclo Vidas maestras, consagrado en esta ocasión a Andrés Soria Olmedo, un muy querido referente de esta facultad. Quiero disculpar a nuestra decana Ana Gallego, a quien le hubiera encantado estar presente, pero que no ha podido debido a un viaje inaplazable.
Vidas maestras es uno de nuestros ciclos más importantes. En él homenajeamos a los maestros y maestras de nuestro centro en un momento especialmente sensible, la última etapa de su carrera académica. Lo hacemos mediante la realización de una entrevista coordinada por profesores y profesoras del Departamento donde imparta o haya impartido regularmente sus clases.
Me toca introducir este acto y ceder la palabra a nuestras apreciadas compañeras, profesoras del departamento de Literatura Española, Amelina Correa Ramón y Encarna Alonso Valero. Pero antes quería señalar algo.
No he sido alumno de Andrés Soria Olmedo pero sí amigo, muy amigo, de algún alumno y sobre todo de una alumna. Las virtudes intelectuales de Andrés son de sobra conocidas y caen por su propio peso. Quería sin embargo subrayar que las virtudes intelectuales no flotan sin soportes, sino que se entrelazan con virtudes humanas. Sin estas prácticas cotidianas, una suerte de pequeñas inflexiones de la humanidad de alguien, resulta muy difícil que afloren determinadas cualidades teóricas. De hecho, creo que no podemos separar virtudes humanas e intelectuales, sino que se encuentran enmarañadas. Hablo de dos tipos de virtudes distintas, pero solo porque con ese referente es más fácil entenderse.
Me explico mediante un pequeño rodeo. Cuando escribía esta breve presentación, y pensando en lo que yo sé de Andrés Soria Olmedo, me acordé de uno de mis héroes favoritos de mi infancia: Áyax . Áyax es un héroe muy particular cuya personalidad funciona a menudo como puntal de las empresas de otros. Áyax interviene para que los otros hagan cosas o se salven de alguna acometida enemiga. Por ejemplo, Áyax pone el escudo y los demás disparan flechas. Áyax guarece y, nos explica Homero, parece una leona vigilando a sus cachorros. La parte que más disfrutaba es una en la que Menelao, intentando salvar el cadáver de Patroclo y, con más miedo que ánimo ante la furia de Héctor, apunta: Si en la refriega oyera yo al bravo Áyax, volveríamos ambos al combate aunque fuera en contra de un Dios.
Áyax hace fuertes a otros, Áyax los protege cuando se enfrentan a enemigos temibles y Áyax refuerza cuando marcha al costado de alguien, le otorga aplomo. Los individuos, con Ayax, se coaligan con un semejante que los vigoriza, defiende, potencia, tranquiliza.
Así es una vida maestra: convierte a otros en maestros, les echa un ojo de cuando en cuando para que no se pierdan en algún camino baldío; un maestro es alguien cuya presencia instituye, espolea, confirma. Así es el maestro que me han pintado mis amigos y amigas.