El cristal con que se mira

Juan Vida

La vida era un tongo

Alfonso Salazar

El fruto carnoso es una metáfora de la vida. En un principio nace, luego crece y se muestra fresca en su esplendor. Una manzana sin rescoldos bíblicos. Pero los frutos carnosos se pudren, se resecan, hasta el punto de que la piel envejecida es, en nuestra sociedad, considerada enferma. Cuando es, ciertamente y sin embargo, la piel que ha alcanzado su objetivo. Las manzanas de Juan Vida son metáfora de vida, se colocan como la de Guillermo Tell sobre su cabeza vendada: el poder pretenderá atravesar hasta la propia manzana podrida, hasta la roña social, alcanzando sus últimos objetivos. O se cubren las manzanas de moscas, aquellas que preparan el camino de la podredumbre, y que como los carteles de conciertos, ofertas y gangas, se colocan sobre los escaparates de los negocios que están a punto de claudicar, poco antes de que llegue el cartel de traspaso. La podredumbre queda reflejada y extiende su sombra, que se mezcla con el papel higiénico, con el emblema de lo que limpia nuestros restos en la intimidad y la vergüenza. Lo que nuestro sistema digestivo ha triturado y desechado. La poesía es un rollo de papel higiénico gastado. Y ahí anida otra metáfora: la vida –que no Vida-, aquella que nos dijeron, era un tongo, una manzana que terminaría por pudrirse.

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