El cristal con que se mira

Juan Vida

El cristal con que se mira

Juan Vida

Hace tiempo que tengo la sensación de haber pintado ya el cuadro que tenía que pintar y que sólo me queda repetirlo con variantes menos sustanciosas. Cada vez me resulta más difícil entrar en el estudio con la ilusión del que abre un cofre y subir las persianas sin alumbrar la derrota.
En otras ocasiones fue un color, el recuerdo de un viaje o la seducción por un cuadro los que me devolvieron a la pintura con la energía del náufrago que intuye la orilla. Esta vez ha sido desde la pantalla del ordenador de donde surgió el impulso para desencallar. Frente al teclado, siguiendo la costumbre de unir imagen y pensamiento, fui componiendo una historia que hablaba de la angustia del hombre que, perdido el corazón, ve abrirse el suelo bajo sus pies.  Con este pesar creció El cristal con que se mira, una colección de collages que describen un presente turbio que anuncia un futuro oscuro.
Con El cristal con que se mira quise enfocar de nuevo la vieja disputa entre Agamenón y su porquero, con una mirada que se desnuda para denunciar la indolencia con la que asumimos las cosas más terribles: unas rosas sobre el cadáver de un niño en los escombros de Damasco; la hoja de afeitar entre los labios ensangrentados de una mujer o la indiferencia impía de una familia ejemplar bajo el cadáver de un hombre que cuelga de un árbol.
Detrás de la belleza puse la trampa: anzuelo de plata, caballo de Troya, veneno escondido en la fruta prohibida.

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