El exilio interior

Paco Gris

Mira quien tiene ojos

Texto: Paco Gris

Desde edad temprana, me ha interesado el arte de manera autodidacta, pero no es hasta la década de los noventa  cuando comienzo a imponerme un mayor compromiso por las cuestiones artísticas y empiezo a proteger mis trabajos de las destrucciones provocadas por mi propia insatisfacción.

Siempre con un aprendizaje autónomo es, en estos años, cuando comienzo a utilizar conceptos y elementos, que marcarán de manera definitiva la identidad futura de mi obra. Cansado de una etapa inicial, marcada por un desarrollo de moldes academicistas, comienzo a experimentar con nuevas técnicas pictóricas, recurriendo a la materia y las texturas como herramientas base del proceso creativo.

Entre mis grandes referentes se encuentran algunos artistas adscritos al movimiento informalista y expresionista abstracto de la vanguardia española. Unos me han interesado por sus planteamientos cromáticos y otros por el aspecto técnico de sus trabajos. Aunque con el tiempo habrían de sumarse muchos más (nacionales e internacionales) donde se percibe más claramente la influencia que marca los rasgos más transcendentales de mi trayectoria, es en la figura de Tápies.

A mediados de los noventa empiezan a surgir mis series más significativas y comienzo a exponer con regularidad mi obra al público.

Marcado por fuertes tintes autobiográficos, mi último trabajo, que presento bajo el título “Exilio Interior”, nos habla sobre la intimidad más autentica del individuo y el espacio que ocupa en un periodo donde el colapso político y la crisis económica ha llevado a mucha gente a convertir su hogar en un improvisado penal. La compone un conjunto de 28 obras realizadas en pequeño y mediano formato.

Escojo como punto de partida de toda la serie, el cuadro titulado “Cerrojo”. Discreto pero eficaz en la simplicidad de sus medios, la imagen se vuelve muy física y su rotunda presencia junto a la complicidad en la repulsa que objetivamente el tema provoca, hace que aparente ser tan desgarradora como una máquina de tortura.

Otra obra a destacar es la titulada “Dimensión Perdida”, donde aparece una de las dos únicas figuras humanas de toda la serie, que por su carga mística y de soledad nos transmite un sentimiento de abatimiento y desesperación del individuo en medio de la sociedad. Es el espectro de un héroe humillado.

A través de imágenes precisas y familiarmente reconocibles, como pueden ser un sofá, un zapato o bien las mismas sábanas de una cama, y en un plano más lúdico, aunque no menos cargado de significado, el grueso de la muestra aspira a plasmar el presente perpetuo de la gente común en su entorno cotidiano, ocultando cierto contenido crítico destinado a la exclusión de los más débiles. En ningún caso representan el paraíso perdido o soñado. Parafraseando a Antonio Ponz diré para concluir: el inteligente hallará, a más de lo dicho, otras buenas cualidades en estos cuadros. Mire quien tenga ojos.

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