Los ochenta en soledad

Luis García Montero (1983) Pasos de un pasotilla son colgante cuantos de tumbos pudo borrachera, soportar altanera, embaucar los bordillos, las espinas de un corazón si dulce oscurecido, artesano del humo, navegante que ha perseguido el norte en sus esquinas. Para liar de un golpe los desvelos era del año el colocón florido y ya sin luz y ciego y por el suelo tambaleante dio su cuerpo roto en poner a los lomos de una moto. Conduce marcha, se estremece fiero con la velocidad que tanto atreve atropellando en breve el miedo azul de un policía entero antes que recibiera el duro impacto del manillar inquieto del pasota que con la frente rota perdió su sangre sin perder el tacto. Silencia la ciudad, la pasma grita impresionada aún mientras tirita otra vez el motor enfurecido -pegaso en el que escapa presuroso- ni el viento podrá frenar la huida aunque bese los labios de su herida. Más tarde, forajido, para entregar los miembros al reposo, con el sigilo propio que es del zorro, atento ha de buscar algún camello que dejará sin duda para ello en calles de ciudad rastros de porro. Y luego, ya contento, escogerá la chorva enamorada que nerviosa y feliz, capaz y alada, ha de agitar corrida su tormento en la parte trasera del asiento, cuando colega ufano le derrame su gozo por la mano.