Granada tiene un tango

Mariano Maresca / Horacio Rébora

El texto que reproducimos a continuación apareció en el número uno de Olvidos de Granada, noviembre de 1982. Lo firmaba, en su intervención oral, Mariano Maresca —fundador y director de esta revista—, con motivo de la presentación de Granada Tango. Libro para bailar con las ciudades y en solidaridad con nosotros mismos, celebrada el 21 de octubre de ese año en el Ayuntamiento de Granada. Acompaña el artículo "Con el Cuarteto Cedrón", de Horacio Rebora. Lo republicamos hoy porque esta noche, 11 de marzo de 2026, ese libro regresa en una nueva edición de Sonámbulos Ediciones. Y porque el texto de Maresca —escrito antes de que ocurriera nada que celebrar, antes incluso de que el PSOE ganara las elecciones del 28 de octubre— sigue haciendo la misma pregunta que hacía entonces: ¿hemos salido ya de la prehistoria del sueño libre? Cuarenta y tres años después, el tango no ha parado. Y la revista tampoco.

En el Ayuntamiento de Granada, el 21 de octubre se presentó Granada Tango. El texto que sigue recoge parte de la intervención de Mariano Maresca en aquel acto, en el que también hablaron Horacio Rébora y Juan Carlos Rodríguez, además de la Concejal de Cultura Mª Dolores Beatriz García Cotarelo. En Granada Tango se recogen los poemas granadinos surgidos de un concurso de letras para tango, un ensayo de Juan Carlos Rodríguez (“Del primer al último tango”) y una selección de los “tangos imprescindibles”. El libro ha sido editado por “La Tertulia”.

Portada antigua del libro Granada Tango, con una ilustración enmarcada de una pareja bailando tango y el texto “Libro para bailar con las ciudades y en solidaridad con nosotros mismos”. Editorial La Tertulia.
Portada del libro Granada Tango, publicado por La Tertulia, con una ilustración de una pareja bailando tango.


Puede que este libro sea un ataud. Quizás el troquel de la cubierta no simule una ventana, sino esas mirillas que tienen los ataúdes y que permiten ver el rostro, maquillado por última vez, de lo que está a punto de ser enterrado. No diré que la pareja que se entierra aquí sea la pareja como categoría, aunque la subcultura del tango haya demostrado tantas veces que el amor, cuando se encierra en el estrecho mundo de sólo dos personas, acaba mal, si es que acaso empieza.
Pero es verdad que en este libro yace, muerta pero con la sonrisa del que aún se aferra al privilegio de la vida, una cierta pareja: la que así, tan bien peinada, bailó el tango de moda. Yace aquí el tango apropiado por burgueses con pretensiones aristocráticas y proclives a la heterodoxia sexual dentro del matrimonio. Sin embargo, y junto al cadáver, componiendo un velatorio pánico, están los cuerpos derrotados y aún firmes de las criaturas que encuentran en el tango, entendido de otra manera, una seña de identidad.
Este libro surgió de una manera que sólo los idealistas podrían llamar casual. Surgió porque se le puso nombre a algo tan real como lo siguiente: si aquí hay gente que vive y no es feliz, si aquí hay noches en las que sólo la cómplice amistad de los genios de taberna logra aplazar la rendición, si aquí se repite cada día el esfuerzo de levantar la cabeza por muy bajo que esté el techo, si aquí, cuando sentimos nostalgia, el pasado que evocamos sólo es soportable porque ya está lejos, si todo eso es cierto, o sea, si Granada es una ciudad y eso es el siglo veinte, Granada tiene un tango.
Hemos hecho este libro porque nos gusta el tango, pero sobre todo porque preferiríamos que no nos gustara. Deberá llegar un tiempo diferente, sin razones para el llanto y la queja. Pero ese está lejos. Hoy, en el presente impuesto, sólo es legítima la pasión por la verdad. Y ese es el lugar del tango. Leed los textos que han escrito los locos poetas de aquí; leed los textos de la selección de tangos imprescindibles que cierra el libro. Ninguno miente. Ninguno fomenta la ilusa euforia de creernos ya en el umbral de un tiempo nuevo; todos, por el contrario, tienen el dedo en el gatillo de la memoria, todos insisten en la dura verdad de que aún vivimos la prehistoria del sueño libre. Eso no nos gusta, y por eso nos gusta el tango, porque no lo oculta, y por eso nos gustaría que no nos gustara. Mariano MARESCA

CON EL CUARTETO CEDRÓN

El Cuarteto Cedrón estuvo con nosotros. Le dimos nuestro afecto y recibimos de ellos mucho más. Después de su actuación en el Manuel de Falla, verificamos algo: son buena gente, y no le hacen ninguna concesión a la facilidad mediocre. Sus tangos se convierten enseguida en algo personal, inconfundible, sin dejar de ser tangos. Sólo trabajan sobre poemas que aman; quizás por eso la música que componen se apropia del texto y la voz, casi un quinto instrumento, diluye los límites entre el ritmo y la letra. Debajo de la manga guardan un secreto único: no ser uno más tres, ni un cantante y tres músicos que se complementan como suma de partes, sino constituir una unidad integradora: UN CUARTETO.


Creen en lo que hacen y no pecan de ingenuos. Han musicado a Jorge Luis Borges, a Raúl González Tuñón y a Juan Gelman, tres grandes de la poesía argentina, que escribieron su obra desde ideologías diferentes. Sus temas siempre se refieren a “la vida”, sus canciones, por tanto, son una protesta contra todos los tiranos, empedernidos amantes de la muerte. En una pequeña autobiografía nos dice González Tuñón: “A fuerza de sufrir por esos caminos me hice optimista. Esa mujer que pasa, mi plato en el «Puchero misterioso» y ese vendedor de globos y aquel vaso de vino me reconcilian a cada rato con la vida…”
Cuando cogieron las maletas del exilio en 1975, con rumbo a París, gobernaba Isabel Perón, una época de amenazas y muertes paraestatales. Luego vino el golpe de estado y la muerte llegó de noche, sin amenazas. Pero conservan fresca su pasión por volver, con más nostalgia que esperanza; “volver con la frente marchita”, como dice el tango, pero nunca más chica. Así terminó una lúdima conferencia en Gotemburgo otro excelente escritor, al que ellos también musicaron: Alberto Szpunberg
“Demasiado dolor para hablar sueltamente del futuro, cuando el húmedo brillo de la corteza huella a un bosque crecido de golpe en el corazón del invierno, esta tarde, esos muertos”.
En Granada estuvieron una semana, prefirieron la casa de nuevos amigos a la comodidad frívola del hotel, conversaron con mucha gente, sobre todo con escritores, como es lógico en nuestra ciudad.
En una oportunidad nos apeteció comer “algo argentino”, terminando en una pizzería, como es lógico también. Se generó allí un típico, viejo e interminable debate: que si Perón y Evita, Isabel jamás, que si la revolución cubana tiene comillas, que si la burguesía nacional puede enfrentarse al imperialismo. Iban surgiendo viejos argumentos llenos de polvo, sacados de una trastienda que se usa poco en el exilio… “El argentino —dice Borges— para quien la amistad es una pasión y la policía una mafia”. Eso si que no estaba nunca en discusión.
Antes de finalizar su estancia hubo un prometedor encuentro: conocieron a Joaquín Sabina. Quizás esa charla será el origen de un gran festival de música urbana o de un disco colectivo que descarte la fácil alternativa del oportunismo.
Horacio REBORA

Discografía
1. De Argentina.
2. Del Gallo cantor.
3. Poemas de amor de Occitania y otros casos.
4. Suertes.
5. Tuñón-Neruda.
6. Canciones tradicionales de Argentina.
7. El Caballo, de la calesita.
8. Canciones de algún país.
9. Arrabal salvaje.​​​​​​​​​​​​​​​​

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