El paseante solitario, su amigo, los biones y los codrones

Sergio Hinojosa

— El otro día estuve en la Capilla Real. ¿Sabes que han cambiado el lema que aparece en las banderas de los Reyes Católicos? En vez de “Monta tanto, tanto monta” han puesto “Quién pueda hacer, que haga”.
— Sí, eso lo pusieron cuando se nombró a Aznar consejero de la Red Universal Celestial.
— ¿No fue una jugada del arzobispo?
— ¡Qué sé yo! Pero la voz del Aznarísimo desciende sobre nosotros y su profeta Rodrigañez del calabacín, el cubatero, sigue clamando en este desierto. Los discípulos de la capital confeccionan en su honor un informe para el Supremo. Acusan a la descarriada Begoña Gómez de quedarse con el collar de Doña Carmen Polo y al demoníaco Sánchez de robar un tanque y un escapulario de Franco para regalarlo por Navidad a sus nietos.
— Pero si sus hijas no tienen edad ni…
— ¡Es igual! ¡Indicios hay!
— ¿Espera! ¿qué he pisado aquí?
— ¿A ver? ¡Bah! No es nada, es un neobión. Ahora con la lluvia salen muchos.
— Pero si parecía un hombrecillo….
— Y si lo dejas crecer se confunde contigo. Es la manía que le ha entrado ahora a la IA JOSEICO, en cuanto hay un poco de barro empieza con la tarea de imitar a Dios. Coge un puñado de barro y, con un poquillo de software y un par de lampreazos, te saca un doble.
— ¿No me digas?
— Pues, sí. Y a quién pasa en ese momento, si lo pisa, lo clava. Además no creas que tardan en crecer. Si hay cerca una central de datos, en menos de un año se hace un hombre como tú, te suplanta, te quita el sueldo y te denuncia por infractor de la Ley IA LOMEJOR.
— Venga, te invito. ¿Quieres un café gelificado?
— No puedo, sólo puedo tomar manzanilla deconstruida, y a veces me da acidez. Además, ahora tengo que ir a…
— ¿A dónde tienes que ir?
— Al juzgado, me ha denunciado un CCOC.
— ¿Qué es eso?
— Na, un capullo, un Caballero Custodio de la Orden de Calatrava.
— ¿Qué?¿Pero eso no era una orden medieval?
— Todavía existe. Ahora se nombran miembros a quienes sobresalen por sus virtudes de evasión fiscal y muestran habilidad y competencia en destruir instituciones.
— No lo dirás por lo del fiscal…
— Dios me libre. No quiero que me empapelen. Pero ahora es un chollo hacerse caballero de esas órdenes patrióticas.
— Sí, ¿Por qué?
— Porque si te nombran tienes acceso gratis por la puerta de atrás a los puestos más encumbrados de la judicatura. Además puedes hacer leyes a medida y a demanda. Que se lo digan a Cosidó… ¡Ya sabes! ¡Quien paga manda!
— Y quién sabe de los tapujos y mordidas, manda más. ¿Qué te pasa que andas ladeado?
— Que me ha salido una culebrina del roce de un dron. Iba tan tranquilo por el filo de la calle con cuidado de no escurrir y caer al foso de los mendigos y, de pronto, la IA del barrio consideró que yo era un infractor por evitar caerme y me lanzó uno de esos baratos que venden en Mac Trampilla.
— ¡Ya! En ese kiosko también los compra Europa.
— Bueno, no sé. Pero si me coge de lleno…
— Pudo haberte matado, ¡Qué barbaridad!
— No creas, estoy acostumbrado, aquí en el Zaidín abundan.
— ¿A ver? ¡Uhm! Tiene mal aspecto.
— Lo que pasa es que era de un material raro. Por eso, al día siguiente, tenía la culebrina. Y lo peor es que si leo algo interesante se me pone roja, roja… como de alarma, ¿sabes?
— ¿Te duele?
— No, pero pica un montón.
— Dicen que lo mejor es no leer o abrir la red psicométrica en el cuadrante 25 del encéfalo. Allí van a parar todos los bulos. Por eso te cura y te anestesia.
— Bueno, iré a ver al informático a ver si me cambia la biomasa afectada.
— ¿Tienes cita?
— No, aún no he pagado el derecho de fraude y extorsión a Zuckerberg.
— ¡Vaya!
— Pero si vieras, este informático lo aprovecha todo. De una culebrina saca un higadillo de segunda generación para algún pobre. Y si la masa extraída es de buena calidad, tiene una aplicación con la que hace muñecas trompistas con goce direccional y turbo.
— ¿Pero y la IA de género?
— ¡La hackearon el mes pasado! Ahora sólo puede mandar un dron con juez Oracle y pulsera. Pero sólo si el bolso de la chica tiene más de 2000 bitcoins.
— Claro, como es tan costoso… Bueno te dejo. Tengo que pagar la tasa de cohecho y malversación a Manos Limpias, para intentar frenar al duque de Ahumada. Así le dicen al capullo que me ha denunciado.
— ¡Ah, por cierto! ¿No vas a ver la carrera de narcolanchas al Pantano?
— ¿Pero no eran carreras de coches en el Albaicín?
— No, ahora va de agua la cosa. Estuve ya en una y no sabes que me pasó.
— ¿Qué?
— ¡Calla! Casi me alcanza el bombazo sónico.
— Es que tienen mu mal perder.
— ¡Espera! Me está sonando la alarma del cuadrante 20 del encéfalo, creo que debo irme.
— Bah, eso no es nada. Te pones un nuevo neoconductor antifibrosis política y te baja la hinchazón. Yo estoy ya tan ciberacostumbrado que ya ni lo noto.
— ¡Adiós, y que la Ultra IA no te alcance!

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1 comentario en «El paseante solitario, su amigo, los biones y los codrones»

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