La mansión del paseante solitario

En este segundo episodio, Hinojosa desciende a alcantarillas y sótanos donde corrupción, precariedad y guerra tecnológica se confunden con el sueño. Entre sátira política y desvelo existencial, lo real y lo ficticio se contaminan, revelando un paisaje urbano y moral donde la verdad parece siempre al borde del derrumbe.

Tras el aseo y el breve desayuno en el parque corrí a esconderme como siempre. La tenue luminosidad se extendía por el angosto pasillo. Bajo mis pies corrían hilos de agua sucia y sobre mí, descansaba la ciudad dormida. Sólo algunos automóviles rompían el silencio con un sonido sordo y lejano.

La bolsa seguía en el mismo sitio que la dejé. Saqué de ella alguna provisión y la cambié por otra igual pero más reciente. El agua todavía podía aguantar, el resto de los utensilios de supervivencia estaban intactos. Encendí la radio y La Revuelta Atmosférica anunciaba lluvia torrencial y ataques de hackers a los hospitales. Entre la realidad aumentada, la virtual y los trogloditas vecinales, la verdad ya no sé cuando la cosa va en serio. Las fake news se han instalado también en la radio, la IA imita perfectamente a Ángel Barceló y a Carles Francino, y las cadenas de televisión están parasitadas por los black-hackers. Bueno, el caso es que estaba escuchando la radio y, de pronto, oí un ruido similar al rastreo de una lata de sardinas. Vi el reflejo de una linterna y me sobresalté. 

― ¡Antonio! ¿Qué haces aquí? No sabes que…

― No te preocupes, también tengo el kit de supervivencia. Pero me han echado del trastero.

― ¿Cómo ha sido eso? ¡Pero si tienes diez hermosos metros cuadrados con rejillas de ventilación regulable! ¡Y bien que te los cobran! 

― Pues, ya ves. No tengo dinero para comer y además vivir, así que…

― ¿Y pretendes vivir aquí?

― ¡Eso mismo!

― ¿Te ha visto alguien entrar?

― Las ratas y la estanquera, pero ella es discreta. He hablado con la embajada y me dicen que no hay problema, pero aún no estoy decidido a alistarme.

― ¿Es que vuelve la mili?

― ¡Espero que no! Pero estoy en lista de espera como fusilero para guardar minas de uranio y tierras raras en Groenlandia.

― ¡Ah, bueno! Sí, sí, es que son así. Los nuevos trabajos para los pringaos globales son así. De todas formas, con lo que van a sacar estará bien pagado ¿No?

― Pues, la verdad es que no. Pero me dan el iglú y tarifa plana de internet. ¡Y con un hornillo de camping y todo! El pasaje me lo descuentan poco a poco. Y el sueldo me lo ingresan en bitcoin, así que gastaré poco; sólo puedo ir a los garitos cuando no haya deshielo… Además, allí, aparte de las focas y los osos polares…

― ¿Y aquí en Granada? ¿Has ido a limpiezas INAGRA? Creo que buscan a alguien para los turnos de noche.

― No me hables, están fatal. Llevan de prórroga desde 2020 y el Ayuntamiento todavía está dando largas al contrato. Además, he buscado por todos sitios y fusilero es la única salida para un médico estatutario eventual… Aquí, ya ves, cada vez estamos menos y con más guardias… ¿No has oído eso?

― Sí, parece que viene de allí. ¡Vamos a ver! Sí, viene de allí, del gran colector.

― Asombroso, mira esa pantalla. ¡Están creando pruebas! Es la foto de Sánchez y le están añadiendo algo…

― Sí un puticlub para echarlo a la calle.

― De todas todas, tiene que hacer limpieza. Pero no sólo eso. Hay que llegar al fondo de todo este tejemaneje entre algunos jueces, grupos políticos, periodistas prêt à porter y empresarios. Fíjate bien, ahí están los de siempre; Gürtel, Púnica, Lezo, Acuamed, Nóos, Antrax, Arena… y aquél que sobresale con la chaqueta es Bárcenas. Es la sala de espera y aquello, un carril empresarial que va de la caja caudales a las bolsas de basura y maletines, además mira allí ¿Lo ves?

― No, ¿qué es?

― Es la subida al helipuerto. Desde ahí llegas sin problema a cualquier paraíso fiscal. Los pilotos son amables, las azafatas monísimas… ¡Y, oye! Está todo pensado, tienes asistencia financiera por un equipo de ingenieros defraudadores y otro equipo que se encarga de borrar cualquier huella.

― No digas eso, va contra …

― ¿Contra la ley de financiación de los partidos? ¿Contra el control empresarial contra el fraude? ¿contra la clase media? ¿Contra la desvergüenza que se gastan? ¿Contra qué, Pep?

― Ten cuidado, te pueden oír los jueces.

― ¿El juez custodio? ¡Eh! Mira quién va ahí. ¿Es el novio de…? ¿Pero no estaba en Madrid?

― No sé, sólo veo sombras entre las sombras como Hamlet. Pero esa que acaba de salir lleva una bolsa de billetes.

 ― Es su forma de hacer oposición. ¿Sabes? Todas las noches sueño con misiles balísticos y explosiones. Si te quedas aquí, debes tener cuidado. A esta profundidad la metralla no alcanza, pero un dron con carga explosiva sí.

― No importa, llevo chaleco antibalas y casco…

― ¡Despierta Pep! Es la segunda vez que suena el despertador. ¡Tus alumnos te esperan!

― ¡Uhm! ¿Qué pasa? ¡Ah! Sí, querida, estaba soñando y… ― Por favor, cariño, cuando vuelvas de trabajar cierra bien la tapa de la alcantarilla. Esta noche he pasado frío.

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Olvidos de Granada
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