Tras la sed, el escombro, el mediodía,
me tumbaré sin luna en tu cintura.
Aquí, donde la vida se aventura
y en jardines brillantes se extravía.
Abrazaré la curva compañía
donde acaso razones y locura.
Desde un sueño sin ley que se madura
en las cenizas de la mercancía.
Aquí, donde otro día yo supiera
en un vientre con ondas y sentido
sombras al menos de la madrugada.
Agua de los naranjos extranjera,
agua del caminante sorprendido,
agua sin luna, sí, deshabitada.
Javier Egea (Granada 1952-1999)