El autor recorre los orígenes del Movimiento del Cuatro de Mayo en China, una revuelta intelectual y popular que marcó el tránsito hacia la modernidad y abrió el camino al marxismo chino. Desde la caída de la dinastía Qing hasta la emergencia del pensamiento de Mao Zedong, se analizan las tensiones entre tradición confuciana y modernización occidental, el papel de la literatura y la crítica social, y la influencia de la Revolución Rusa. El texto se cierra con una reflexión sobre la “Nueva Izquierda” china contemporánea, sus vínculos con el pasado y su papel en la China de Xi Jinping.

- Ocaso de un imperio y modernidad
El ocaso de la última dinastía Qing dió paso a la República, pero no transformó la economía ni resolvió los graves problemas, en gran parte, heredados del colonialismo. El fracaso de la República y la llegada al poder del general Yuan Shikai no sólo agravó los problemas sino que, a su muerte en 1916, el país se sumió en una lucha de poder entre los caudillos provinciales y algunos mandados militares que abrió una profunda crisis en el ya deteriorado y corrupto Estado. La acumulación de problemas sin resolver provocaron una reacción popular, que cristalizó en un movimiento de vital importancia para la occidentalización del país y su entrada en la llamada “modernidad”, el denominado “Movimiento del Cuatro de Mayo».
La secuencia puede verse así: en octubre de 1911, revolucionarios infiltrados en el ejército imperial, se apoderaron de Wuhan e impusieron un gobierno militar en la provincia de Hubei. La revolución se extendió por todo el país y el ejército revolucionario tomó Nankín obligando a una tregua al ejército imperial y a una conferencia de paz. En enero de 1912, Sun Yatsen, procedente de una familia pobre de granjeros del sur, juró su cargo como presidente y proclamó la República. El nuevo régimen nació frágil y débil, pues reflejaba los intereses de grupos reformistas, constituidos por sectores de la burguesía nacional, profesiones liberales, oficiales y estudiantes, partidarios de la república, la democracia, el liberalismo y la modernización y representados por el Guomindang de la primera fase de la revolución y por Sun Yan-sen. En contra del nuevo gobierno, los tradicionalistas reunían a los herederos del imperio, la vieja oligarquía, la nobleza, los terratenientes, los militares y la burguesía conservadora vinculada a intereses coloniales. El general Yuan Shikai, ligado a los intereses neocoloniales logrará aglutinar a estas fuerzas centrando su poder en el norte y en el aparato militar.
Con esta correlación de fuerzas, el gobierno se veía incapaz de hacer frente a las poderosas fuerzas reaccionarias y Sun Yatsen acordó con el general Yuan su renuncia al cargo, con la condición de que el emperador abdicara. Éste, efectivamente, abdicó, pero Yuan Shikai se hizo con el poder engañando a los republicanos y absorbiendo a la liga de Sun Yatsen (Tongmenghui), que pasó a llamarse Partido Nacional del Pueblo (Guomindang). Un año después el general Yuan mandó asesinar al líder más activo del Guomindang. Atentado que produjo un levantamiento en el sur de sus miembros y fue inmediatamente aplastado. Con la ayuda económica de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón y Rusia, Yuan Shikai disolvió el Guomindang y el Parlamento. Y acto seguido anuló la anterior “Constitución Provisional” e impuso la suya, que favorecía los intereses neocoloniales y lo colocaba como presidente vitalicio con poderes, prácticamente, de emperador.
En 1915, consolidado en el poder, Yuan Shikai intentó ir más lejos y fundar una nueva dinastía. Para ello buscó el apoyo de Japón. País que aprovechó la oportunidad para imponer sus condiciones, entre otras, la de tomar posesión de los privilegios que antes tenía Alemania sobre la ciudad costera de Shandong: control sobre el puerto de Qingdao, posibilidad de construcción de ferrocarriles y explotación de recursos naturales, así como poder influenciar en la administración local. La imposición de estas condiciones, sobre todo de ésta última sobre Shandong, produjo un nuevo levantamiento esta vez mejor organizado. Pero en junio de 1916, al morir Yuan Shikai y no haber recambio, comenzó un periodo de luchas entre los “señores de la guerra” (básicamente gobernadores de provincias y mandos del ejército) que produjo una regionalización del poder y un mayor debilitamiento del Estado, además de la secesión del Sur[1] y una insoportable opresión sobre el campesinado por el paso de los ejércitos, las extorsiones, los impuestos abusivos recabados por los nuevos amos de provincias y un recrudecimiento de la producción y el consumo de opio. El modelo de revolución burguesa se mostró incapaz de hacer frente al caudillismo y al imperialismo, y tampoco pudo organizar un partido que aglutinara los amplios sectores perjudicados y resolviera, o al menos aliviara, el sufrimiento del campesinado chino.
Es en este contexto tiene lugar la manifestación de estudiantes del 4 de mayo de 1919 en Beijing como protesta a la transferencia a Japón de los derechos que Alemania poseía antes de la Primera Guerra Mundial en Shandong. Las inadmisibles exigencias de Japón habían convertido a este país en el enemigo número uno de la nación China. De modo que el movimiento de mayo, dado su carácter nacionalista, se expandió rápidamente a Shanghai, Cantón (Guangzhou) y otras provincias[2].
Pero si bien las posiciones intelectuales habían comenzado antes, lo que surge aquí no es sólo un movimiento nacional. Es también un amplio movimiento de renovación intelectual. Se lo ha considerado como “la primera revolución cultural” porque, realmente, fue en esa manifestación cuando, por vez primera, se unió en la calle una gran multitud de estudiantes, comerciantes y trabajadores urbanos. Según Paul J. Bailey, el “Movimiento del Cuatro de Mayo» (tal como ya se conoce) es el “comienzo del teatro político en la calle”. En su despliegue se imitaban y subvertían los rituales y ceremonias oficiales cuestionando la legitimidad de las autoridades gubernamentales, los estudiantes formaban sus propias “burocracias de protesta” en Shanghai a través de sindicatos perfectamente organizados, con su propaganda escrita imitando las proclamas oficiales, organizando “desfiles patrióticos” (repletos de juramentos, alzamientos de la bandera e interludios musicales) incluso “vigilaron policialmente” su propio boicot a productos japoneses[3].
- Antecedentes del “Movimiento del Cuatro de Mayo”
Los hitos previos a este movimiento pueden sintetizarse en las condiciones de deterioro y opresión antes señaladas y en la influencia de determinados intelectuales, cuya producción tuvo consecuencias importantes en todo el país. Uno de los representantes más señalados fue Chen Duxiu, fundador de la principal e importantísima revista militante de la época: Nueva Juventud(Xin Qingnian) que comenzó a publicarse en 1915 en Shanghai. Chen Duxiuhabía estudiado en Japón hasta 1911, año en que volvió y participó en la revolución de 1911. La revista era una plataforma de intelectuales críticos que ponían en cuestión sobre todo los viejos valores y prácticas tradicionales: jerarquía y obediencia, sumisión a los códigos y ritos, moderación y conformismo. Se criticaba especialmente la concepción de la familia china tradicional, en su deferencia hacia los ancianos y la relegación de las mujeres a un estatus inferior. La proclamación de la República, pese a su debilidad, exacerbó los ánimos de tradicionalistas y conservadores. Algunos educadores, alarmados porque en las escuelas femeninas de la República no se inculcaran “comportamientos adecuados”, exigían se restauraran las virtudes tradicionales de la mujer: la deferencia, la lealtad y pasividad, al mismo tiempo que pedían mayor dedicación a materias útiles como economía doméstica y el cuidado de la familia. Contra este sistema de pensamiento y de organización social, consistentes en una suerte de confucianismo de fondo y más fuerte que las dinastías, el lema de la revista fue: “Derroca a Confucio e Hijos”. El movimiento supuso un revulsivo para los estudiantes e intelectuales, y el fermento de un interés más general por la cultura, el pensamiento y la literatura occidental. En esa época se tradujo a autores como Turguéniev o Bernard Shaw, mientras la obra de La casa de las muñecas de ibsen avivaba el debate sobre el estatus de las mujeres en la intelectualidad china. Nora, la heroína de la obra será ensalzada como valerosa afirmación de la autonomía y el rechazo a los papeles tradicionales. Igualmente, en 1919 y 1920 Bertran Russell y John Dewey pronunciaron conferencias reveladoras, para estudiantes ansiosos de conocer la cultura occidental.
Otro de los intelectuales relevantes en esta cristalización del Mayo chino fueHu Shi (1891-1962) quién, desde Nueva Juventud llamaba a la “revolución literaria”. Becado con los fondos de indemnización de los bóxers, remitidos a China por el gobierno estadounidense, había escrito artículos condenando la rigidez y el formalismo de la lengua clásica china (wenyan) durante su estancia en la universidad estadounidense de Cornell. A su regreso a Beijing, publicó un artículo “Mi humilde opinión sobre la reforma de la literatura” (Wénxué gǎiliáng chúyì) en el que propugnaba una literatura basada en el habla popular (baihua). Dicha literatura resultaría más viva y práctica y permitiría a China escapar del embrutecimiento de la cultura confuciana. El paso era trascendental, pues permitía el acceso a la cultura al pueblo chino que veía reflejada su propia lengua en la nueva literatura y sobre todo, porque podía entender qué se decía. Desde sus páginas, Hu Shi alentó el estudio y las virtudes reflejadas en las novelas populares tradicionales escritas en baihua. Las dos más conocidas son: Shuihu Zhuan (A la orilla del agua s. XIV), que narra las bulliciosas y escandalosas hazañas de una fraternidad de bandidos, y Xiyou Ji(Viaje al oeste s. XVI) en la que se relatan las aventuras del travieso y atrevidorey mono,Sun Wukong, que se encarga de proteger a un monje budista de los demonios durante su viaje épico a la India en busca de las sagradas escrituras. El joven Mao leyó ambas novelas con avidez.
Más tarde, Hu Shi reflexionará en su obra El Renacimiento chino —publicada en 1934— sobre esta experiencia inaugural del “Movimiento del Cuatro de Mayo» y comparará a los intelectuales del Movimiento con los pensadores de la Ilustración europea.
Otro destacado escritor de la época, Lu Xun, llevaba sobre sí la amarga experiencia de haber tenido que abandonar la carrera de medicina en Japón por el desprecio y las vejaciones que sufrió en el país vecino. La imagen de “chino” era escandalosamente degradada. Experimentado el mal en carne propia, concluyó que no era suficiente el conocimiento o la ciencia para salvar a China. Había que cambiar la mentalidad. Y para cambiar la mentalidad, había que cambiar la literatura cuestionando las actitudes vitales, las costumbres y el modo de pensar en una sociedad madura y moderna. En Nueva Juventud, introdujo en los lectores chinos el relato breve incidiendo en esta línea y en el lenguaje coloquial. Y en 1918 publicó una sátira implacable contra el pensamiento tradicional chino, el Diario de un loco (Kuangren riji). En esta obra describe la tradición china como un canibalismo voraz. Así, el héroe es considerado loco por su familia y sus vecinos por haber “pisoteado los libros de contabilidad del Señor Antigüedad” y acaba convencido de que la gente estaba a punto de devorarlo.
En 1918, estos intelectuales; Chen Duxiu, Hu Shi y Lu Xu, enseñaban en la universidad de Pekín bajo el rectorado del prestigioso Cai Yuanpei quién, comprometido seriamente con la educación como medio de modernización y de cambio, había convertido la universidad en un dinámico centro intelectual. Cai había sido primer ministro de Educación de la República (1912), pero pronto renunció como protesta ante la política reaccionaria de Yuan Shikai y fue nombrado rector de la Universidad de Beijing.

- El ayudante del bibliotecario
En 1918 Li Dazhao publica en Nueva Juventud “La victoria del bolchevismo” en donde trata la Revolución rusa como el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. Y ve en ella una oportunidad para la renovación espiritual. Este profesor de origen campesino, introdujo el marxismo en China mediante la creación en la Universidad de Pekín de un grupo de estudio, la Sociedad para el Estudio del Marxismo. El grupo de Li comenzó a profundizar en aspectos doctrinales y teóricos de la revolución bolchevique y, en otoño de 1919, tras los acontecimientos de mayo, Nueva Juventud sacó un número especial monográfico dedicado al Marxismo. Li era bibliotecario mayor de la Universidad de Beijing y, entre sus ayudantes, contaba con un joven campesino, venido de Changsha llamado Mao Zedong.El trabajo se lo había buscado su antiguo profesor en la escuela de enseñanza media Yang Changji, quién había obtenido ese año una plaza en esta prestigiosa universidad. Mao debía apuntar los nombres de los estudiantes que entraban en la biblioteca.
Como ayudante de bibliotecario, el futuro dirigente comenzó su relación con el núcleo de la revista Nueva juventud. Y ese año de 1918 escribió su primer artículo sobre los beneficios del trabajo para el pueblo chino[4]. “Como muchos estudiantes de su época, Mao se vio atraído por una amplia variedad de ideas y pensamiento políticos, y posteriormente admitiría que en vísperas de su partida hacia Beijing, sus ideas comprendían una “curiosa mezcla de liberalismo, reformismo democrático y socialismo utópico”[5].
Cuando volvió a Changsha con una plaza en una escuela primaria, y tuvo conocimiento de lo ocurrido en la manifestación del 4 de mayo, Mao decidió informar a los ciudadanos de Changsha (capital de la provincia de Hunan) de lo que estaba sucediendo y divulgar las ideas que se estaban fraguando en torno al movimiento. Para ello creó la Revista del río Xiang, de la que se publicaron cuatro números, el primero el 14 de julio de 1919. El “manifiesto” publicado criticaba abiertamente al caudillo local, el cruel y atrabiliario general Zhang Jingyao, quién prohibió la revista. Influenciado por Li Dazhao, Mao traducía lo acontecido en mayo como “un movimiento para la liberación de la humanidad en marcha”. “Debían cuestionarse todos los principios. Todos los viejos temores debían ser descartados también: el temor al cielo, a los espíritus, a los muertos, a los burócratas, a los caciques, a los capitalistas. Occidente había abierto un camino a la emancipación que comenzaba en el Renacimiento y pasaba por la Reforma hasta la formación de gobiernos representativos con sufragio universal y la Liga de las Naciones”[6]. En este manifiesto “democracia” era la palabra que definía lo esencial en la lucha contra la opresión en todas sus formas; religiosa, política, social, educativa, económica e intelectual. Pensaba entonces que no era necesaria una “revolución de bombas ni una revolución sangrienta”. Y si Japón, por un lado, y el poder local, por otro, eran los enemigos, debía actuarse (como en el “Movimiento del Cuatro de Mayo») con huelgas de trabajadores y boicots económicos.
Cuando el general Zhang Jingyao cerró la revista, Mao no se achantó y siguió en la línea cuatromayista. Así, consiguió que se le nombrara director de otra, la Nueva Hunan (Xin Hunan) erradicada en Changsha. Una revista que tendría cuatro principios: criticar la sociedad, reformar el pensamiento, presentar un nuevo método de aprendizaje y debatir problemas. Aunque siguió trabajando con la Asociación de Estudiantes Unidos de Hunan, al morir su madre, volvió a Beijing y contactó con los Yang y, sobre todo, con Li Dazhao, a quien admiraba. Li no sólo había organizado grupos de estudios marxistas, sino que había traducido el Manifiesto Comunista al chino y otros escritos técnicos de Marx y Kautsky. En 1920, Mao tuvo la idea de aprender ruso e ir a Rusia, pero, quizá influenciado por el nacionalismo imperante, pensó que China tenía su propio camino y que debía emplearse en ello. Fue entonces cuando creó la Sociedad Libre de Estudios en Hunan con la pretensión excesiva de “dominar el esquema general de todos los campos de estudios, antiguos y modernos, chinos y extranjeros”.[7]
Desde la muerte de Yuan Shikai, y tras los acontecimientos de mayo de 1919, en China existían dos poderes en pugna: el poder real está en manos de los caudillos locales y militares feudales, cada cual intentando aventajar en territorio a sus rivales e, incluso, gobernar toda China. Eran seguidores de Yuan y tras su muerte no reconocieron al poder central. Por otra parte, estaba el poder oficial fragmentado y dividido en varias capitales. Beijing con un régimen parlamentario dotado de Parlamento y Senado; en Cantón, un gobierno del Sur, formado por miembros del Guomindang y presidido por Sun Yatsen desde 1918 y que, asimilando el fracaso de la República, y su propio partido, el Guomindang, desde 1922 se había radicalizado en sus métodos y buscaba en la triunfante revolución rusa el apoyo necesario para acabar con los “señores de la guerra”; En Yunnan, Hunan y Sichuan los gobernadores militares habían organizado un gobierno semiautónomo.
El Partido Comunista Chino ya había sido fundado en 1921 en Shanghai por doce delegados, entre ellos Mao Zedong. Pero el fundador y primer secretario fue el redactor jefe de la revista La Nueva Juventud, Chen Duxiu. En 1923, la Unión Soviética promovió la colaboración entre el Partido Comunista Chino y el Guomindang. Ese año, se redactó el Manifiesto Sun-Joffe, firmado por Sun Yatsen y el soviético Adolf Joffe. Luego, Sun Yatsen envió a Chang Kaishek a Moscú y el Guomindang delegó en Borodin en Cantón para reorganizar el Guomindang según el modelo bolchevique. Y en 1924 se realizó el “Congreso de Reorganización” (enero 1924) que fijó los “Tres Principios del Pueblo” (Sanmin Zhuyi): nacionalismo (Mínzú Zhǔyì), democracia (Mínquán Zhǔyì) y bienestar del pueblo (Mínshēng Zhǔyì). Apoyo a los movimientos obreros y campesinos, colaboración con la URSS y fusión con el Partido Comunista Chino: los comunistas se adhieren al Guomindang de manera individual y tres de ellos son elegidos para el Comité Central del nuevo partido. El nombramiento de Li Dazhao, Mao Zedong y Tan Pingshan fue posible gracias al acuerdo entre la Internacional Comunista y Sun Yatsen de cooperar con los comunistas para fortalecer el movimiento revolucionario en pro de la unificación.
En junio de 1924 en la isla de Changzhou, cerca de Whampoa, en Cantón, Sun Yatsen creó un ejército revolucionario con la idea de reunificar China. La URSS le proporcionó armas, fondos y asesores militares. Chiang Kaishek fue nombrado comandante de la Academia. Y Zhou Enlai, comisario político encargado de la “educación política” (zhèngzhì jiàoyù). Que, en este caso, significaba lealtad al Guomindang y a la revolución nacionalista, aparte de promover la disciplina y moral revolucionaria, normalmente usando métodos similares a los del Ejército Rojo Soviético.
En mayo de 1925 se produjo una matanza de manifestantes por la policía de la concesión internacional de Shanghai (Movimiento del 30 de Mayo de 1925) y después por los franco-británicos en Cantón el 23 de junio, lo que provocó una serie de huelgas y boicots. Un año después, en julio de 1926 se lanzó “la expedición del norte” (Bei-fa) a la conquista de China por parte del ejército de revolucionarios de Whampo liderados por Chang Kaishek, que en 1927 ocupa Shanghai, Nankín, Hangzhou y controla la mayor parte de China central y meridional. Pero, poco después, comienzan las diferencias. Chang Kaishek muestra una ambición personal que nada tiene que ver con la liberación, al contrario. De hecho, en la primavera de 1927, en abril, Chang Kaishek masacra a los comunistas de Shanghai (Terror Blanco). Y los comunistas con parte de la izquierda del Guomindang se ven obligados a pasar a la clandestinidad. Chang Kaishek sigue adelante y en 1928 consigue reunificar el país. Tras su victoria, se proclama sucesor de Sun Yatsen, que había muerto en 1925. La unidad conseguida por Chang Kaishek se convierte en dictadura militar cuyo principal objetivo, antes de afrontar el peligro japonés, es acabar con los comunistas. Su política ahonda las diferencias entre una sociedad de la periferia con una economía relativamente moderna, y otra en el interior del país de carácter agrícola, autárquica, tradicional y paupérrima.
La historia de cómo, tras la quinta campaña contra los comunistas de Jiangxi realizada por Chang Kaisheki, la “República soviética china” (Mao fue su presidente), erigida en esa provincia, fue aplastada y cómo durante la larga marcha Mao Zedong logró hacerse con el liderazgo comunista son punto y aparte. Pero el sello del movimiento del Cuatro de Mayo marcará la intelectualidad china: una lengua y una cultura para el pueblo, una crítica a la tradición y organicidad confuciana de la sociedad china y la idea de modernidad ligada a la de progreso científico y económico, son ideas que aún siguen guiando el ideario chino, si bien se ve una cierta tendencia a revalorizar, tanto desde posiciones tradicionalistas como izquierdistas los valores del confucianismo.
- La “Nueva Izquierda” china
A raíz de la crisis del 2008, surgieron en China diversos posicionamientos ideológicos y políticos, englobados bajo el rótulo de “Nueva Izquierda”, que quizá haya que separar en dos grandes grupos, aunque no formen partido ni tendencia organizada. Por un lado, la Nueva izquierda maoísta pura que rechaza la tradición confuciana como parte del viejo orden feudal. Y que, en este sentido, siguen la línea de Mao que intentó destruir dicha tradición especialmente durante la Revolución Cultural.
Por otra parte, la Nueva Izquierda nacionalista o culturalista que revaloriza selectivamente a Confucio; unos como sistema de valores (revisados, pero válidos), otros como símbolo de resistencia cultural frente a Occidente.
Y hay quienes mezclan ambos; el filósofo moral y el bastión identitario frente al empuje del neoliberalismo. Para la reconstrucción de una identidad china, que no dependa únicamente del marxismo, el confucianismo, en tanto predica la armonía, la paz social, el respeto a la autoridad, etc., sería complementario y serviría de puente con la tradición y la propia historia del país. Si bien, liberando a esta tendencia de su visión feudal opresiva, su machismo y su oposición al progreso.
Entre los intelectuales que retornan a Confucio no hay una oposición frontal al actual sistema por razones evidentes, pero sí cierto disenso. Por ejemplo, Daniel A. Bell, un filósofo canadiense afincado en China, propone un modelo político no democrático, pero sí meritocrático; un supuesto modelo ideal cuando el sistema de filtro sea ecuánime y neutral. También el fallecido Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo rescataba, desde su liberalismo, algunos valores confucianos como la responsabilidad individual y la ética pública, y se oponía a la destrucción cultural del pasado chino.
Gan Yang, también de la denominada “Nueva Izquierda”[8] (Xīn Zuǒpài), desde el interior del sistema y manteniendo una postura reformista, cree posible una fusión entre socialismo, confucianismo y modernidad, y propugna una vía intermedia entre el neoliberalismo occidental y el estatismo soviético para la “modernización alternativa con características chinas”. El confucianismo sería su base moral y cultural.
Así esta “Nueva Izquierda” existente hoy en China, defiende frente a la vieja izquierda maoísta, la justicia social, la redistribución de los ingresos, la crítica al neoliberalismo occidental y la revalorización del pensamiento confuciano. Pertenecientes a esta tendencia son destacables Wang Hui, historiador e intelectual influyente actualmente, Wang Shaoguang, politólogo y crítico del modelo liberal, Cui Zhiyuan, economista defensor de los modelos cooperativos y mixtos o Pan Wei, politólogo defensor de una meritocracia autoritaria basada en valores chinos. Desde la llegada de Xi Jinping, algunos intelectuales de Nueva Izquierda han sido cooptados moderándose (retorno al marxismo austero y énfasis en lo chino), o han perdido su espacio. Como se ve, los esquemas no son comparables a la diversidad europea, aunque sería interesante extraer de ella lo que pueda servir a nuestra cultura.
Especialmente interesante es el análisis sobre la Nueva Izquierda y las tendencias del PCCh que hizo Eli Freedman en 2016, aunque hay que decir que los pronósticos que hizo sobre una progresiva privatización de las empresas estratégicas, una comercialización de la tierra, una reducción de las jubilaciones públicas y un laissez faire al libre comercio, no sólo no se han cumplido, sino al contrario, hay un mayor control estatal sobre las empresas, incluso las privadas como AliBaba o Tencent; se ha dado mayor seguridad jurídica a los derechos de uso de la tierra, pero el Estado sigue siendo su propietario a gran escala y no ha habido una reducción de las jubilaciones ni se ha instalado el libre comercio. Aunque en las organizaciones e instituciones internacionales China lo defiende, y tras la retirada de Trump del TPP, aún más, mantiene interiormente sus barreras estratégicas y subsidios en sectores claves. Freeman sí acertó en cuanto a una mayor represión, por parte de Xi Jimping de las minorías y un control ideológico con mezcla de nacionalismo y clisés marxistas como señas de identidad de la gran potencia China. En cuanto a la Nueva izquierda, en su representante quizá más neto, Han Deqiang, es verdad que parece haberse fundido en gran parte con la oficialidad: Así este economista identificado con la nueva izquierda china, especialmente en su vertiente más nacionalista, estatista y crítica del liberalismo occidental, declaraba: “El sueño chino es el sueño del pueblo chino. Es inevitable que adquiera fuertes rasgos de nacionalismo antes que valores universales”.[9] Falta saber qué recambio cabe esperar de Xi Jinping en cuanto a sistema de poder y contrapesos en organizaciones sociales, tal como esperan algunos sectores de la izquierda en China[10].
[1] El golpe militar manchú de 1917 que trató de restaurar al emperador Puyi fue abortado por generales rivales y, con la llegada de Sun Yatsen de su exilio en Japón, se formó un gobierno independiente en Cantón.,
[2] MORENO, J. China contemporánea 1916-2017 Ed. Akal 2018
[3] BAILEY, P.J. China en el siglo XX, Ed Ariel, Barcelona, 2002,
[4] (Spence, 1999: 2-35) citado por Bailey PJ
[5] (Schram, 1966. 44) ibidem
[6] SPENCE; J. Mao, Ed. Mondadori, Barcelona 2001
[7] Ibidem, p.61
[8] RUCKUS, R. Die Linke in China: Eine Einführung Mandelbaum Verlag EG, 28 marzo 2023
[9] “¿Una nueva izquierda en China?” de Eli Freedman. https://static.nuso.org/media/articles/downloads/11.TC_Friedman_261.pdf En esta dirección se puede acceder a una copia fiel publicada en la revista Nueva Sociedad No 261, enero-febrero de 2016, ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>.
[10] Ibid. RUCKUS