{"id":891,"date":"2013-12-07T03:15:15","date_gmt":"2013-12-07T03:15:15","guid":{"rendered":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/?p=891"},"modified":"2020-12-18T09:30:43","modified_gmt":"2020-12-18T09:30:43","slug":"canada-la-tierra-prometida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2013\/12\/07\/canada-la-tierra-prometida\/","title":{"rendered":"Canad\u00e1: la tierra prometida"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>Ford \u2013heredero ya por antonomasia de la generaci\u00f3n de los Updike y Bellow- abandona el ciclo novel\u00edstico basado en la figura de Frank Bascombe y nos entrega un relato de aprendizaje,\u00a0 un policial de dimensiones tr\u00e1gicas y una novela de familia que contiene una reflexi\u00f3n sobre el destino de las vidas y una muestra de c\u00f3mo se cose una vida contra ese destino familiar.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p><em>Canad\u00e1,<\/em> la reciente novela de Richard Ford, publicada originalmente en el a\u00f1o 2012, supone la \u00faltima aparici\u00f3n del novelista desde <em>Acci\u00f3n de Gracias <\/em>(2006), tercera entrega de la trilog\u00eda que forman, adem\u00e1s, <em>El periodista deportivo <\/em>(1986)y<em> El d\u00eda de la independencia<\/em> (1995).<\/p>\n\n\n\n<p>El ciclo novel\u00edstico se centra en la figura de Frank Bascombe un periodista deportivo de treinta y ocho a\u00f1os al que conocemos en su cita anual con su exmujer ante la tumba de su hijo, como suelen hacer el d\u00eda del aniversario de la muerte de \u00e9ste a causa del s\u00edndrome de R\u00e9ye, y al que dejamos al final de <em>Acci\u00f3n<\/em>\u2026, sobreviviente a dos disparos en el pecho infligidos por un atracador. Durante cerca de dos mil p\u00e1ginas, Ford coloca su espejo en medio del <em>american way of life <\/em>para diseccionar la vida americana y del americano medio. No por casualidad dos de los t\u00edtulos hacen referencia a sendos d\u00edas cargados de simbolismo norteamericano en torno a los cuales la novela se desarrolla y en la que no dejan de estar presentes. La banda de la universidad de Haddam ensaya el desfile conmemorativo del <em>Independence Day<\/em> al comienzo de la novela, mientras un \u201cdios negligente\u201d extiende su b\u00e1lsamo por las calles y \u201cel mundo marcha al ritmo de sus propios himnos misteriosos\u201d. Bascombe, para quien el progreso es el criterio con el que los antiguos med\u00edan el car\u00e1cter, opina acerca de las cuestiones m\u00e1s dispares, con largos excursos sobre los segundos matrimonios,&nbsp; la compraventa inmobiliaria en New Jersey o las elecciones presidenciales. El ciclo novel\u00edstico de Bascombe, personaje caracterizado por alg\u00fan cr\u00edtico como un Virgilio en el purgatorio de la Am\u00e9rica contempor\u00e1nea, supone una cumbre narrativa sin parang\u00f3n entre los escritores de su generaci\u00f3n y han situado a su autor entre los continuadores de la gran tradici\u00f3n novel\u00edstica norteamericana anterior, la de los Bellow, Roth o Updike.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta cuando menos sorpresivo que, despu\u00e9s de m\u00e1s de mil p\u00e1ginas dedicadas al personaje de Frank Bascombe y su minuciosa descripci\u00f3n de la vida de un personaje en la oscura provincia norteamericana, volcada en tres t\u00edtulos fundamentales, Ford nos asombre seis a\u00f1os despu\u00e9s con una obra como <em>Canada<\/em>, sorprendente&nbsp; para el club de los m\u00e1s irredentos bascombianos, transportados ahora a un mundo sombr\u00edo que bordea en ocasiones&nbsp; lo g\u00f3tico y que supone en cierto modo una vuelta de Ford a sus primeros libros. (Pero no desesperemos: el autor anuncia una vuelta del personaje: la crisis, Obama&#8230;&nbsp; tantas cosas nuevas de las que hablar).<\/p>\n\n\n\n<p>No estamos ya ante la exhaustiva autoexploraci\u00f3n de las novelas del ciclo de Bascombe, ni de su aparente linealidad trufada de excelentes <em>short stories<\/em> que se inscriben sin la menor fatiga en la narraci\u00f3n. <em>Canada<\/em>, al contrario, se abre en una pluralidad de perspectivas: en ella coexisten una novela de aprendizaje, una novela familiar, una reflexi\u00f3n sobre el destino de las vidas, una muestra de c\u00f3mo se recompone una vida contra ese destino familiar, y muchas otras cosas. La historia comienza en Great Falls, Montana, en una familia presidida por la <em>pax<\/em> provinciana. Los Parsons se componen del padre, Bev Parson, su mujer Neeva, maestra con deseos de promoci\u00f3n de sus hijos y los hijos gemelos, Dell y la chica Berner. Dell Parsons&nbsp; -el adolescente <em>narrado <\/em>por un Dell Parsons sesent\u00f3n, al final del libro presentado como un feliz profesor de&nbsp; instituto, narra c\u00f3mo su padre, tras desempe\u00f1ar varios oficios, se introduce en un comercio ilegal con los indios locales con los que contrae una deuda, para cuyo pago asalta un banco con su mujer, Neeva. Son r\u00e1pidamente detenidos y encarcelados, lo que provoca la desintegraci\u00f3n familiar: la hermana&nbsp; huye de la casa y&nbsp; reaparece s\u00f3lo al final de la novela para dar cuenta de una vida fallida y el joven Dell marcha a Canad\u00e1 con una supuesta familia de adopci\u00f3n. Para la estructura del relato resulta determinante que la&nbsp; historia est\u00e9 contada desde el punto de vista de un joven de quince a\u00f1os pero por un Dell Parsons ya mayor,&nbsp; de regreso de casi todo, con una voz anal\u00edtica pero distante, l\u00facida pero un punto esc\u00e9ptica, no exenta de melancol\u00eda, un hombre sereno frente a las desventuras y discretamente esperanzado, aunque en su mente aniden m\u00e1s preguntas que certezas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA causa de las elecciones desastrosas de nuestros padres, creo que soy a un tiempo \u2013y en igual medida- desconfiado con la vida normal y \u00e1vido de ella. Me resulta dif\u00edcil conciliar en la cabeza la idea de una vida normal y la del final al que ambos llegaron. Pero vale la pena intentarlo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>La aparente linealidad de las anteriores obras de Ford, el caj\u00f3n de sastre que pudieran parecer a un lector poco atento, deja paso aqu\u00ed a una obra de una factura muy trabajada, incluso con una cierta dosis de intriga que Ford administra con maestr\u00eda. La entera primera parte de la novela est\u00e1 resumida en sus dos primeras l\u00edneas: \u201cPrimero contar\u00e9 lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron despu\u00e9s\u201d. El narrador no tiene empacho en resumirnos a continuaci\u00f3n la segunda parte: \u201cEl atraco es la parte m\u00e1s importante, ya que nos puso a mi hermana y a m\u00ed en las sendas que acabar\u00edan tomando nuestras vidas.\u201d Pero si no sabemos del atraco hasta bien comenzada la novela, de los asesinatos no sabremos sino al final; y s\u00f3lo muy entrado el relato descubrimos que quien nos habla es el adolescente cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, un hombre que aparece en el breve final como una gran coda que pretende recoger el aparente magma novel\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Que la vida iba en serio, J, el protagonista de <em>Canada<\/em>, lo empieza a comprender muy pronto. Y gran parte de la novela se organiza en torno al intento de explicaci\u00f3n del mundo por parte de un adolescente que se va a abrir a la madurez y a la forja de ese adolescente camino del mundo adulto. Un ni\u00f1o que tiene como referentes el ajedrez y los panales de abejas -dos mundos paradigm\u00e1ticos de un orden y una armon\u00eda tan anhelados como imposibles de alcanzar-, que concibe a su padre como algo cercano al h\u00e9roe de guerra, que admira el inter\u00e9s de su madre por infundir a sus hijos ciertas inquietudes,&nbsp; y que ve c\u00f3mo en un momento se desmorona ese estado de cosas sobre el que pivota todo su equilibrio:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cHoy recuerdo esa noche como el mejor y m\u00e1s natural de los momentos que pasamos en familia aquel verano, o hubi\u00e9ramos pasado nunca. Por un instante vi c\u00f3mo la vida podr\u00eda discurrir de un modo m\u00e1s estable, m\u00e1s fiable. Nuestros padres se sent\u00edan felices y c\u00f3modos el uno con el otro. Mi padre apreci\u00f3 la forma en que mi madre se comportaba con \u00e9l (&#8230;) Era como si hubieran descubierto algo que hab\u00eda habido entre ellos un d\u00eda pero que con el tiempo se hab\u00eda ocultado o malinterpretado u olvidado, y volvieran a sentirse hechizados por ello una vez m\u00e1s, y el uno por el otro.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la realidad se empe\u00f1a tozudamente en alterarse: \u201cEra lo que ya he dicho antes: estaban sucediendo cosas a mi alrededor. Y mi papel no era otro que el de encontrar una forma de ser normal. Los ni\u00f1os conocen lo normal mejor que nadie.\u201d Que el m\u00e1s nimio de los acontecimientos puede desencadenar la tragedia y que el bien y el mal est\u00e1n separados por una l\u00ednea no siempre visible son las pocas certezas en las que el muchacho puede sustentar su existencia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEs raro, sin embargo, aquello que te hace pensar en la verdad. Muy pocas veces tiene que ver con los hechos de tu vida. Entonces, durante un tiempo, dej\u00e9 de pensar en la verdad (&#8230;) Los hechos que resultaron decisivos en las vidas de nuestros padres se estaban convirtiendo en secundarios respecto de los hechos que me llevaban a m\u00ed hacia delante desde aquel d\u00eda de agosto. Aprender este hecho nada sencillo ha constituido la materia de este relato.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Las preguntas que se plantea el joven Dell s\u00f3lo pueden ser contestadas desde un mundo ausente de caos. Misi\u00f3n imposible, pues las contingencias vitales y el atolondramiento paterno alejar\u00e1n cualquier vestigio de orden familiar. Y no s\u00f3lo se trata de \u201clo cerca que est\u00e1 el mal de los acontecimientos normales que nada tienen que ver con el mal\u201d, sino que el desorden exterior traer\u00e1 aparejado el interior. Es una quimera imaginar en ese contexto un asomo de hogar, in\u00fatil configurar una m\u00ednima <em>imago<\/em> paterna. La mentira ha trastocado todo un mundo: el uniforme del ej\u00e9rcito se ha convertido en un grasiento mono de faena despojado de sus galones, el puzzle de las cataratas del Ni\u00e1gara en la quintaesencia del vulgar entretenimiento de un hombre que consum\u00eda as\u00ed sus mediocres asuetos. Todo est\u00e1 tan del rev\u00e9s, todo es tan desconcertante, que, el primer d\u00eda de ausencia de los padres, a los que la polic\u00eda se ha llevado detenidos, los dos j\u00f3venes organizan con el novio de ella una peque\u00f1a bacanal que concluye con la transgresi\u00f3n del tab\u00fa del incesto, en una escena con resonancias meursaultianas. Y esto resulta ser algo m\u00e1s que anecd\u00f3tico si se tiene en cuenta c\u00f3mo en un contexto tan convencional se acaba de transgredir otro m\u00e1s sagrado a\u00fan como es el de la propiedad privada. De todas formas, nada de esto cuadra precisamente con la exactitud del juego del ajedrez ni con la armon\u00eda, con el orden de un panal de abejas, que han sido hasta ahora los referentes de un joven que so\u00f1aba tan s\u00f3lo con acudir a la escuela y que seguir\u00e1 persiguiendo esta quimera aun en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles<strong>.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este agrietamiento del mundo, esta ausencia de referentes morales, da lugar luego a la otra parte de la novela, la del viaje y estancia del joven en Canad\u00e1:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn la pradera, la historia y la memoria parec\u00edan tan ajenas como el propio paso del tiempo \u2013como si lo vecinos de Partreau hubieran desaparecido no en el pasado sino en otro presente vivo-, lo cual explicaba por qu\u00e9 no hab\u00eda ning\u00fan cementerio merecedor de tal nombre, y por qu\u00e9 se hab\u00eda dejado tanto atr\u00e1s.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>No cabe una mejor expresi\u00f3n de la desolaci\u00f3n de un ser humano, de la sensaci\u00f3n de desarraigo, que la descrita en el viaje de salida del ni\u00f1o hacia Canad\u00e1. Y no s\u00f3lo por la econom\u00eda de medios con la que est\u00e1&nbsp; relatada, ni porque sea un adolescente quien la sufre, ni porque sea ese adolescente ya adulto quien est\u00e9 rememorando ese viaje. Lo que otorga la aut\u00e9ntica dimensi\u00f3n a ese desconsuelo es la conciencia que el joven va adquiriendo de haber sido enga\u00f1ado por sus padres, los \u00fanicos referentes del mundo&nbsp; de cualquier adolescente. La revelaci\u00f3n de la mentira dej\u00f3 al desnudo la rid\u00edcula miseria de la vida de su padre, con la que hasta entonces no s\u00f3lo se hab\u00eda sido indulgente, sino hacia la que se hab\u00eda mostrado incluso una cierta devoci\u00f3n. Con este mundo del rev\u00e9s inicia el joven su viaje a Canad\u00e1, con el proyecto de ingresar en la madurez, en un mundo adulto en el que no existen sino la miseria moral, el salvajismo, la ley del m\u00e1s fuerte, la violencia, ya sea f\u00edsica o moral, por encima de cualquier otro valor, de cualquier otro motor que mueva las conciencias y las conductas de unos extra\u00f1os seres llenos de ruido y de furia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTen\u00eda escaso sentido de pertenencia, y, aparte de mis tareas cotidianas, participaba en muy pocas cosas. Yo mismo me suministraba mi propio sentido de pertenencia y de normalidad; era (y es) mi car\u00e1cter.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Es el <em>nuevo <\/em>joven Dell el que habla, en su exilio canadiense, donde&nbsp; le han buscado a toda prisa una <em>familia<\/em> de adopci\u00f3n. Pero nada m\u00e1s lejano a sus requerimientos: Dell ha entrado en un mundo raro, poblado por personajes g\u00f3ticos, de resonancias a veces faulknerianas, que esconden un turbio pasado o que resultan dif\u00edciles de acomodar en una sociedad normalizada, por lo que sospechamos que viven en esa especie de no-lugar estepario. Aqu\u00ed, en \u201cun lugar hecho para el asesinato, un lugar de carencia y de promesas abandonadas\u201d, el&nbsp; joven convive con racistas neonazis, indios adictos al pintalabios, paisajistas a la manera de Hopper, un microcosmos demasiado duro para el adolescente, quien, por lo dem\u00e1s, prosigue con su intento de reconstruir la figura del padre, esta vez encarnado en su nuevo patr\u00f3n. Pero su mirada va perdiendo candidez. Est\u00e1 creciendo a golpes de infortunio, de trabajos duros, de rudeza en el trato, de personajes que arrastran enigmas&nbsp; tan insondables que ni siquiera suscitan en \u00e9l la curiosidad de resolverlos. Emerge ahora el Ford m\u00e1s poderoso, ese que algunos tachan de reiterativo, cuando crea el fondo opresivo en el que proyectar la personalidad del protagonista: la disposici\u00f3n de los puestos de caza, el ritual de la partida en la madrugada,&nbsp; el despiece de los gansos, las plumas, su evisceraci\u00f3n en repugnantes estancias y letrinas nauseabundas. Su vida se desarrolla en condiciones infrahumanas, carece de lo indispensable y se mueve entre personajes cuya rudeza y primitivismo psicol\u00f3gico, la violencia, larvada o no, con la que se desempe\u00f1an, hace que parezcan guiados por la fuerza de un maligno taumaturgo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTodo en la casa ol\u00eda a humo viejo, a comida pasada hac\u00eda tiempo, a retrete y a otros olores humanos fuertes cuya procedencia ignoraba y por tanto no pod\u00eda tratar de limpiar, pero que pod\u00eda notarme en la boca y olerme en la piel y en la ropa cuando sal\u00eda para el trabajo por la ma\u00f1ana, y que me hac\u00edan sentirme avergonzado.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo sobrevivir a todo esto? \u00bfC\u00f3mo alcanzar la ansiada normalidad, tan cercana a lo maligno que casi puede rozarse con la punta de los dedos? El joven Dell se agarra a un resquicio para tratar de caminar por una vez en favor de su historia y reflexiona sobre el principio del camino salv\u00edfico:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMis padres me hab\u00edan hablado uno y otro de la aceptaci\u00f3n (&#8230;) Alg\u00fan d\u00eda, en alguna parte, ser\u00eda capaz de explicare&nbsp; todo aquello a m\u00ed mismo.(\u2026) Hasta ese d\u00eda, tratar\u00eda de conciliar todos los buenos consejos que hab\u00eda recibido: generosidad, aceptaci\u00f3n, renuncia, buscar la longevidad, dejar que el mundo venga a ti, y, con todos ellos, labrarme una vida que vivir.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>La breve parte final narra el encuentro entre Dell, y su hermana, rota por una vida desafortunada y\u00a0 desahuciada por un linfoma. Dell se muestra ahora con una voz anal\u00edtica pero distante, resignado ante la desgracia, discretamente esperanzado, alguien con escasas certezas y no muchas m\u00e1s preguntas. Un hombre casado, feliz profesor de literatura que les habla a los alumnos de Hardy, de Gatsby, de <em>El coraz\u00f3n de las tinieblas, <\/em>de lo que supone concebir una vida de manera distinta a una mera sucesi\u00f3n de acontecimientos, del paso de una existencia que no funciona a otra m\u00e1s satisfactoria, o a las decisiones que se adoptan traspasando una l\u00ednea sin retorno. Se entrevista con la hermana (en un motel de carretera, otro <em>no lugar<\/em> descrito de manera memorable, as\u00ed como el campamento de <em>roulotes<\/em> donde vive ella. Los fantasmas vuelven a la escena de Dell, se vienen encima las vidas descosidas que un d\u00eda formaron un orden parecido a la felicidad y que hubo que sacar con trabajo de la propia vida: un escrito de su madre desde la c\u00e1rcel, antes de su suicidio, \u201cla cr\u00f3nica de una persona d\u00e9bil\u201d. Su voz m\u00e1s aut\u00e9ntica y que habr\u00eda tenido ocasi\u00f3n de desarrollar de no haber cruzado la fatal l\u00ednea. Su padre jugando a las tragaperras en una estaci\u00f3n de servicio de Nevada, una hermana rota cuya vida \u201cno parece haber sido una buena vida.\u201d\u00a0\u00a0 El corolario de la obra es el poder salvador de la memoria: \u201cYo he tenido la bendici\u00f3n de la memoria, lo mismo que mi hermana Berner, al final, tuvo la bendici\u00f3n de tener menos\u201d. Una memoria que sepa disponer de manera m\u00e1s o menos articulada los fragmentos de una vida. El narrador cita una vez m\u00e1s a su admirado Ruskin: la composici\u00f3n como la disposici\u00f3n de cosas desiguales, que uno debe tratar de aplicar a la propia vida, para decidir lo que es realmente importante y lo que puede dejarse a un lado.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"alignleft size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/Richard-FordCredit...Fred-R.-Conrad-The-New-York-Times.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3146\" width=\"293\" height=\"440\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/Richard-FordCredit...Fred-R.-Conrad-The-New-York-Times.jpg 600w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/Richard-FordCredit...Fred-R.-Conrad-The-New-York-Times-200x300.jpg 200w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/Richard-FordCredit...Fred-R.-Conrad-The-New-York-Times-100x150.jpg 100w\" sizes=\"auto, (max-width: 293px) 100vw, 293px\" \/><figcaption>Richard Ford Credit\u2026Fred R. Conrad The New York Times<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Mi madre me dijo que tendr\u00eda miles de ma\u00f1anas para despertar y pensar en todo esto (\u2026) He tenido ya varios miles. Lo que s\u00e9 es que tendr\u00e1s una oportunidad mejor en la vida -de sobrevivirla-&nbsp; si toleras bien la p\u00e9rdida: si te las arreglas para no ser un c\u00ednico en todo aquello que ella implica; si te supeditas, como sugiri\u00f3 Ruskin, al mantenimiento de las proporciones, a enlazar las cosas desiguales en un todo capaz de preservar lo bueno, aun cuando haya que admitir que lo bueno no es a menudo f\u00e1cil de encontrar. Lo intentamos, como mi hermana dijo. Lo intentamos. Todos nosotros. Lo intentamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca un final optimista estuvo tan lejos de un final feliz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ford \u2013heredero ya por antonomasia de la generaci\u00f3n de los Updike y Bellow- abandona el &#8230; <\/p>\n<p class=\"read-more-container\"><a title=\"Canad\u00e1: la tierra prometida\" class=\"read-more button\" href=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2013\/12\/07\/canada-la-tierra-prometida\/#more-891\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Canad\u00e1: la tierra prometida\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":3144,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[3],"tags":[63],"class_list":["post-891","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-palabras","tag-critica-literaria","infinite-scroll-item","generate-columns","tablet-grid-50","mobile-grid-100","grid-parent","grid-33","no-featured-image-padding"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.7 - 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