{"id":6571,"date":"2026-03-25T07:56:50","date_gmt":"2026-03-25T06:56:50","guid":{"rendered":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/?p=6571"},"modified":"2026-03-25T08:05:49","modified_gmt":"2026-03-25T07:05:49","slug":"sobre-el-poder-de-lo-grotesco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2026\/03\/25\/sobre-el-poder-de-lo-grotesco\/","title":{"rendered":"Sobre el poder de lo grotesco\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En una entrevista reciente, la psicoanalista Elisabeth Roudinesco comentaba la escena de la entrega de la medalla del Nobel de la Paz que Corina Machado regal\u00f3 a Donald Trump&nbsp;: \u00ab&nbsp;He visto en esta ceremonia grotesca el franqueamiento de una l\u00ednea&nbsp;: sabiendo que nunca tendr\u00e1 el premio que codicia, Donald Trump organiza una puesta en escena&nbsp;: la entrega de un premio que no le est\u00e1 destinado y que no es sino un simulacro (\u2026) Pero precisamente ah\u00ed algo da un vuelco&nbsp;: por esta puesta en escena grotesca y sin experimentar en un solo momento el miedo al rid\u00edculo, se produce una realidad extra\u00f1a, paralela, delirante. Tenemos pues la confirmaci\u00f3n de lo que constituye la esencia del trumpismo&nbsp;: el <em>poder de lo grotesco<\/em> \u2013 y ah\u00ed reside su peligro totalmente real&nbsp;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Roudinesco avanza algunas ideas sobre la patolog\u00eda del personaje: Trump vivir\u00eda en un mundo fabricado por \u00e9l mismo, id\u00e9ntico a su deseo de omnipotencia, de goce sin l\u00edmites. La ceremonia del Nobel&nbsp; muestra que no est\u00e1 jugando, que vive realmente la escena: un delirio de grandeza fundado en el culto de su ego, un delirio narcisista histri\u00f3nico, peligroso en la medida en que su entorno lo acepta y se somete a \u00e9l. Sus actos dan la impresi\u00f3n de que no existe en \u00e9l ni alteridad ni ley interiorizada. Su l\u00f3gica es binaria: los buenos o los malos, ganar o perder. Su infantilismo funcionar\u00eda como un dispositivo de seducci\u00f3n: desarma al adversario, rebaja el nivel de discusi\u00f3n, transforma la violencia en espect\u00e1culo. Su obscenidad autorizar\u00eda una forma de goce pol\u00edtico pulsional. En resumen, Trump ser\u00eda la encarnaci\u00f3n de una soberan\u00eda enloquecida.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos estar m\u00e1s o menos de acuerdo con estas pinceladas de psicopatolog\u00eda pero en realidad nos dicen poco de c\u00f3mo este personaje est\u00e1 donde est\u00e1, y cu\u00e1les son los resortes que le permiten mantenerse donde est\u00e1. La explicaci\u00f3n psicoanal\u00edtica en estos casos es manifiestamente deficiente si no se cruza con otros elementos. En este caso al menos con los efectos provocados por la globalizaci\u00f3n neoliberal, por un lado, y con el poder que otorgan a los dirigentes constituciones presidencialistas como la de EEUU, por otro. A pesar de que nos encontramos obviamente ante una sobredeterminaci\u00f3n de razones estructurales o accidentales que demandan sesudos an\u00e1lisis, nos contentaremos aqu\u00ed con seguir la sugestiva pista apuntada m\u00e1s arriba del \u201cpoder grotesco\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es notorio que el calificativo de grotesco est\u00e1 siendo utilizado de manera indiscriminada estos \u00faltimos a\u00f1os desde que aparecieron en la pol\u00edtica personajes tan sinestros como peligrosos de la cala\u00f1a de Boris Johnson, Javier Milei o Jair Bolsonaro. Es as\u00ed que, en un an\u00e1lisis sobre el periodo de la pandemia, Christian Salmon observaba una nueva forma de gobernar por la desmesura que desde\u00f1a cualquier afiliaci\u00f3n ideol\u00f3gica y trastorna los rituales institucionales. Para Salmon el origen de este fen\u00f3meno vendr\u00eda de la l\u00f3gica del descr\u00e9dito que ha inundado la pol\u00edtica. Es m\u00e1s, se habr\u00eda creado una subcultura de la incredulidad pol\u00edtica que se ha extendido a todos los discursos autorizados hasta entonces. La crisis de 2008, de la que todav\u00eda sufrimos los efectos, y los estragos de la pandemia, provocaron un aluvi\u00f3n de teor\u00edas complotistas y la aparici\u00f3n de figuras grotescas que no pretenden instituir sino desacreditar a\u00fan m\u00e1s el sistema pol\u00edtico y que fundan su legitimidad precisamente en el descr\u00e9dito que corroe al sistema. Desde\u00f1ando la deliberaci\u00f3n dentro del sistema democr\u00e1tico, su actividad se basa en una continua especulaci\u00f3n sobre su descr\u00e9dito. Estos siniestros personajes que alcanzan la cima del poder personifican una figura del soberano sin apenas relato ni leyenda, una figura infame que carece de cualquier atributo de la \u201cfama\u201d que normalmente se atribuye a los hombres de Estado. Aunque las figuras absurdas que encarnan recuerdan las del carnaval medieval, son sin embargo su imagen invertida: no reconocemos la explosi\u00f3n de la risa y el exceso popular que subvierte los c\u00f3digos del poder sino que se trata de un carnavalesco que instala los valores de lo grotesco en la cima del poder, convirti\u00e9ndola en la escena del descr\u00e9dito en donde reinan la parodia y el miedo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Genealog\u00eda de lo grotesco<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La noci\u00f3n de grotesco tiene una genealog\u00eda documentada que convendr\u00eda revisitar brevemente. La referencia cl\u00e1sica es la de Mija\u00edl Bajt\u00edn en su conocido estudio sobre Rabelais publicado en 1965, quien defini\u00f3 el \u201crealismo grotesco\u201d como una cultura popular enraizada en los ritos, espect\u00e1culos y obras c\u00f3micas de la Edad Media y el Renacimiento y en particular en la tradici\u00f3n carnavalesca. Esta cultura ser\u00eda la manifestaci\u00f3n de un cuerpo gen\u00e9rico, popular, como fuerza positiva y regeneradora, poseedor de una risa c\u00f3mica anclada en lo material. Lo grotesco surge de la tensi\u00f3n entre la cultura de \u00e9lite y la tradici\u00f3n popular, entre lo antiguo y lo nuevo, lo noble y lo trivial, lo sagrado y lo profano. Estrechamente vinculado con el carnaval, opera una inversi\u00f3n temporal de las jerarqu\u00edas y de los valores subvirtiendo la relaci\u00f3n entre dominantes y dominados y provocando una gozosa anarqu\u00eda. La inversi\u00f3n es tambi\u00e9n topol\u00f3gica: de lo alto hacia lo bajo, que desactiva las formas de la espiritualidad en favor de la afirmaci\u00f3n de la corporalidad y de la materialidad de los organismos. Cuerpos reducidos a su dimensi\u00f3n funcional. Contrariamente a la ausencia de defectos y a la asexualidad de los cuerpos cl\u00e1sicos los cuerpos grotescos hacen gala de orificios y protuberancias por los que copular, defecar, orinar, comer, beber, digerir o regurgitar. Concepci\u00f3n c\u00f3smica de la existencia, lo grotesco carnavalesco aparece como una fuerza regeneradora que subvierte y destruye la cultura dominante permitiendo el advenimiento de un orden nuevo. Transmutaci\u00f3n incesante de la muerte a la vida y de la vida a la muerte, lo grotesco permite un renacimiento permanente. Lo fundamental de lo grotesco es pues su fuerza de regeneraci\u00f3n. Bajt\u00edn insiste en que la degradaci\u00f3n grotesca es \u201cambivalente, a la vez negaci\u00f3n y afirmaci\u00f3n. No solo se precipita hacia lo bajo, a la nada, a la destrucci\u00f3n absoluta, sino tambi\u00e9n hacia lo bajo productivo, ah\u00ed donde se efect\u00faan la concepci\u00f3n y el nuevo nacimiento, en donde todo crece con profusi\u00f3n\u201d (p 30)<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque reconocemos algunos rasgos de lo grotesco actual vemos claramente las diferencias: ante todo no se trata del carnaval de los dominados sino del de los dominantes; utiliza elementos grotescos como el exceso o la procacidad (que lo hacen atractivo para un sector importante de las clases dominadas que se identifican con su desenfado grosero), pero no cuestiona las jerarqu\u00edas; no conlleva ninguna ambig\u00fcedad, ni ninguna forma de regeneraci\u00f3n gozosa, es tan solo negaci\u00f3n de lo existente. Todo ello nos incita a preguntarnos cu\u00e1les son los efectos de lo grotesco cuando se encarna en el poder y en qu\u00e9 consiste su capacidad de fascinaci\u00f3n. Para responder a esta pregunta daremos un \u00faltimo rodeo que nos ayudar\u00e1 a atar cabos sueltos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En su curso del a\u00f1o 1974-1975 que titul\u00f3 <em>Los Anormales<\/em>, Michel Foucault hace una brev\u00edsima referencia a la cuesti\u00f3n de lo grotesco. En su lecci\u00f3n inaugural intenta asentar las bases de su investigaci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre la verdad y la justicia y, tras la lectura de dos peritajes psiqui\u00e1tricos sobre sendos casos de justicia, sostiene que en el lugar en el que se encuentran la instituci\u00f3n judicial y las instituciones cualificadas para enunciar la verdad (el saber m\u00e9dico), nos encontramos con formulaciones que poseen el estatuto de discursos verdaderos pero que son ajenos a cualquier regla de un discurso cient\u00edfico y que son, en sentido estricto, grotescos. Lo que le lleva a definir el concepto: \u201cLlamar\u00e9 \u2018grotesco\u2019 el hecho, para un discurso o un individuo, de poseer, por su estatus, efectos de poder que por sus cualidades intr\u00ednsecas deber\u00edan estar privados\u201d (p. 12). Aplicado a nuestro tema quiere decir que existen personajes pol\u00edticos (grotescos) capaces de ejercer el poder justificados por el simple estatuto que les otorga su funci\u00f3n, pero que por sus \u201ccualidades\u201d (mejor ser\u00eda hablar de sus defectos) deber\u00edan estar privados de esa funci\u00f3n. Y sin embargo se mantienen, y se mantienen con \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo grotesco, o lo \u201cubuesco\u201d como tambi\u00e9n lo denomina Foucault en una referencia a Alfred Jarry y su <em>Ub\u00fa rey<\/em>, no es para \u00e9l un simple insulto sino una categor\u00eda del an\u00e1lisis hist\u00f3rico-pol\u00edtico. La soberan\u00eda grotesca maximiza los efectos de poder a partir de la descalificaci\u00f3n de aquel que los produce. Y no se trata para Foucault de un accidente de la historia, sino de \u201cuno de los engranajes que forman parte inherente de los mecanismos del poder\u201d. Ejemplos como los de Ner\u00f3n o Mussolini, seg\u00fan \u00e9l, nos hacen ver que el poder tiene la capacidad de trasmitir sus efectos desde una posici\u00f3n manifiestamente infame o rid\u00edcula. Se tratar\u00eda adem\u00e1s de \u201cuno de los procedimientos esenciales de la soberan\u00eda arbitraria\u201d que constituye, por ejemplo, uno de los rasgos esenciales de la burocracia occidental desde el siglo XIX. Aunque la etnolog\u00eda nos muestra casos en los que el poder se encuentra a la par ridiculizado y entronizado por una serie de ritos, nada parecido ocurre en esta gradaci\u00f3n de la \u201cindignidad del poder\u201d, y a\u00f1ade: \u201cMostrando expl\u00edcitamente el poder como abyecto, infame, ubuesco o simplemente rid\u00edculo, no se trata, creo, de limitar los efectos y de descoronar m\u00e1gicamente a aquel al que se le da la corona. Me parece que se trata, al contrario, de manifestar de manera impactante lo ineludible, lo inevitable del poder, que puede precisamente funcionar con todo su rigor y en el extremo de su racionalidad violenta, incluso cuando est\u00e1 entre las manos de alguien que se encuentra efectivamente descalificado para ello.\u201d (p. 13)<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos ahora que no se trata solo de la irrupci\u00f3n espont\u00e1nea de personajes patol\u00f3gicos en la esfera del poder (aunque no ser\u00eda arbitrario afirmar que cada \u00e9poca tiene los pol\u00edticos que le corresponden y que en la nuestra es evidente que pululan los s\u00e1dicos narcisistas). El desorden neoliberal y el desmantelamiento de las instituciones que aseguraban la cohesi\u00f3n social, el fracaso descomunal de su pol\u00edtica econ\u00f3mica, el vac\u00edo de sentido y el descr\u00e9dito que han invadido la totalidad de los discursos racionales, el complotismo como forma de juicio pol\u00edtico, han engendrado personajes grotescos y les han otorgado un poder descomunal. \u00bfQu\u00e9 significa pues que un discurso tenga un efecto de poder, en virtud de su simple estatus, cuando todo lo que encarna deber\u00eda descalificarlo? Se trata ni m\u00e1s ni menos de que ese discurso nos pone frente a la evidencia de la arbitrariedad del poder. Un poder que desacredita cualquier forma de legitimidad, cualquier forma de justificaci\u00f3n exterior a su pr\u00e1ctica y que se manifiesta como puramente performativo. No se trata del carnaval popular que, en una suspensi\u00f3n temporal, se r\u00ede de las jerarqu\u00edas. Se trata del carnaval de los dominantes que afirma la obscenidad de las jerarqu\u00edas y que nos muestra su falta de sumisi\u00f3n a cualquier regla que no sea la de su propia voluntad. Es ciertamente un carnaval que desacredita el poder, pero mostrando su car\u00e1cter inevitable y que nos dice: no podr\u00e9is escapar.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Coda<\/strong>. En su estudio sobre el cuerpo grotesco Bajt\u00edn afirma que \u201centre todos los rasgos del <em>rostro<\/em> humano, solo la <em>boca<\/em> y la <em>nariz<\/em> (\u2026) juegan una papel importante en la imagen grotesca del cuerpo (\u2026) Para lo grotesco la <em>boca<\/em> es la parte m\u00e1s marcante del rostro. La boca domina. El rostro grotesco se reduce de hecho a una <em>boca abierta<\/em>, y todo el resto no sirve m\u00e1s que para <em>encuadrar<\/em> esa boca, ese <em>abismo corporal abierto de par en par y devorador<\/em>\u201d (p. 315). El pozo, la bodega, el \u201cvientre de la vaca\u201d son equivalentes de la \u201cboca abierta de par en par\u201d. En la topograf\u00eda grotesca la boca corresponde a las entra\u00f1as, al \u00fatero, pero al lado de las im\u00e1genes er\u00f3ticas del \u201cagujero\u201d, la entrada de los infiernos se representa como la boca abierta de Sat\u00e1n. Esas \u201cfauces del infierno\u201d a las que los personajes grotescos nos conducen si no hacemos nada para remediarlo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bakhtine, Mikha\u00efl, <em>L\u2019oeuvre de Fran\u00e7ois Rabelais et la culture populaire au Moyen Age et sous la Renaissance<\/em>, Gallimard, 1970. [trad. espa\u00f1ola: Mija\u00edl Bajt\u00edn, <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/La_cultura_popular_en_la_Edad_Media_y_el_Renacimiento\"><em>La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de Fran\u00e7ois Rabelais<\/em><\/a>. Traducci\u00f3n de Julio Forcat y C\u00e9sar Conroy, Madrid: Alianza, 2005]<\/p>\n\n\n\n<p>Foucault, Michel, <em>Les Anormaux<\/em>, Cours au Coll\u00e8ge de France, 1974-1975, Gallimard\/ Seuil, 1999. [trad. espa\u00f1ola: <em>Los Anormales<\/em>, Akal, 2001]<\/p>\n\n\n\n<p>Roudinesco, Elisabeth,&nbsp; <em>Donald Trump est-il totalement fou ? Elisabeth Roudinesco sur le pouvoir d\u00e9lirant de la Maison-Blanche<\/em>, Le Grand Continent, 16\/01\/2026 [https:\/\/legrandcontinent.eu\/fr\/2026\/01\/16\/donald-trump-est-il-totalement-fou-elisabeth-roudinesco\/]<\/p>\n\n\n\n<p>Salmon, Christian, <em>La tyrannie des bouffons. Sur le pouvoir grotesque<\/em>, Les liens qui lib\u00e8rent, 2023<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una entrevista reciente, la psicoanalista Elisabeth Roudinesco comentaba la escena de la entrega de &#8230; <\/p>\n<p class=\"read-more-container\"><a title=\"Sobre el poder de lo grotesco\u00a0\" class=\"read-more button\" href=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2026\/03\/25\/sobre-el-poder-de-lo-grotesco\/#more-6571\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Sobre el poder de lo grotesco\u00a0\">Leer 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