{"id":5743,"date":"2025-06-17T14:13:18","date_gmt":"2025-06-17T12:13:18","guid":{"rendered":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/?p=5743"},"modified":"2025-06-08T14:32:10","modified_gmt":"2025-06-08T12:32:10","slug":"la-compenetracion-estetica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2025\/06\/17\/la-compenetracion-estetica\/","title":{"rendered":"La compenetraci\u00f3n est\u00e9tica"},"content":{"rendered":"\n<p><strong> La compenetraci\u00f3n est\u00e9tica como experiencia estructurante de sentido, por Alfonso Salazar, se centra en este fen\u00f3meno expuesto en <strong><em>Por qu\u00e9 nos creemos los cuentos <\/em>de Pablo Maurette<\/strong>.<\/strong> <strong>\u00bfQu\u00e9 significa compenetrarse con una obra de arte? Este art\u00edculo aborda la compenetraci\u00f3n est\u00e9tica no como un simple acto de creer en la ficci\u00f3n, sino como un fen\u00f3meno complejo, intermitente y profundamente afectivo. A partir de las ideas de Pablo Maurette, se analiza c\u00f3mo el sujeto entra y sale de la experiencia est\u00e9tica sin perder el v\u00ednculo con su propia realidad, construyendo sentido en ese ir y venir. La compenetraci\u00f3n se presenta como una forma de interacci\u00f3n qu\u00edmica y simb\u00f3lica entre espectador y obra, facilitada por contextos rituales, h\u00e1bitos de recepci\u00f3n y una disposici\u00f3n subjetiva espec\u00edfica. Lejos de ser excepcional, este fen\u00f3meno puede darse a diario, transformando breves encuentros con el arte en espacios intensos de reconocimiento, emoci\u00f3n y pensamiento.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"687\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-96-1024x687.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-5745\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-96-1024x687.png 1024w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-96-300x201.png 300w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-96-150x101.png 150w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-96-768x515.png 768w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-96-1320x886.png 1320w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-96.png 1355w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><sup>Le faux miroir. Ren\u00e9 Magritte<\/sup><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>En su obra <em>Porque nos creemos los cuentos<\/em>, Pablo Maurette propone una relectura radical del fen\u00f3meno est\u00e9tico de la lectura a partir del concepto de <strong>compenetraci\u00f3n<\/strong>, que se distancia de nociones cl\u00e1sicas como la \u00absuspensi\u00f3n voluntaria de la incredulidad\u00bb. Esta \u00faltima, formulada en el siglo XIX por Samuel Taylor Coleridge<a href=\"#_edn1\" id=\"_ednref1\">[i]<\/a>, reposa en una confianza excesiva en el poder de la voluntad del espectador, como si la experiencia est\u00e9tica dependiera simplemente de una decisi\u00f3n consciente de \u201ccreer\u201d en lo que se presenta. Frente a esto, Maurette plantea que la compenetraci\u00f3n no es un acto voluntario ni una evaluaci\u00f3n est\u00e9tica, sino un <strong>proceso horizontal<\/strong>, que acontece en el espacio que separa \u2014y simult\u00e1neamente une\u2014 al sujeto-testigo con la obra.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese espacio intermedio se abre, de forma s\u00fabita, una <strong>nueva dimensi\u00f3n de la realidad<\/strong>, no imaginaria ni ilusoria, sino efectivamente existente y operativa. Esa irrupci\u00f3n constituye, para Maurette, el mayor misterio de la experiencia est\u00e9tica. Lo notamos cuando, leemos y dejamos de sentir el cuerpo, o cuando en el cine, la sala desaparece y no recordamos en qu\u00e9 fila estamos sentados. Surge la ilusi\u00f3n: una operaci\u00f3n real sobre la conciencia, en la que la obra nos arrastra hacia su l\u00f3gica interna sin romper la nuestra. Al compenetrarse, el sujeto se entrelaza con el tejido simb\u00f3lico de ese mundo intangible y participa activamente en la producci\u00f3n de sentido. La compenetraci\u00f3n, as\u00ed entendida, no es una forma de recepci\u00f3n pasiva sino una <strong>forma de co-creaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ilustrar su funcionamiento, Maurette recurre a una analog\u00eda con la qu\u00edmica org\u00e1nica: en ella, se habla de compenetraci\u00f3n cuando dos o m\u00e1s sustancias, tras una aleaci\u00f3n, <strong>se penetran mutuamente<\/strong> hasta constituir una nueva entidad. De manera an\u00e1loga, al percibir el mundo de la obra como algo real y coherente, el espectador (sujeto-testigo) <strong>entra en \u00e9l<\/strong>, se somete a sus reglas, lo interpreta y, al hacerlo, lo transforma.<\/p>\n\n\n\n<p>Este proceso no es uniforme ni universal: depende de los <strong>rasgos singulares del espectador<\/strong>, como sus asociaciones conscientes e inconscientes, sus afinidades, recuerdos, fantas\u00edas y todo su campo connotativo. La compenetraci\u00f3n, conforme a estos criterios, creo que puede extrapolarse a otras experiencias culturales como el deporte, el juego, el sexo, el ilusionismo (sobre todo el ilusionismo) e incluso a otras formas de ceremonial simb\u00f3lico, donde la sustituci\u00f3n moment\u00e1nea del mundo cotidiano por otro alternativo permite una reorganizaci\u00f3n del sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el punto de vista estructural, Maurette concibe la compenetraci\u00f3n como un proceso <strong>tripartito<\/strong>. Un objeto A es presentado a un sujeto B como prueba de un evento C. En una primera instancia, se produce un encuentro entre el objeto y el sujeto. Pero es solo si aparece el sentido \u2014es decir, cuando la obra adquiere un significado autosuficiente para el sujeto\u2014 cuando la compenetraci\u00f3n se realiza plenamente. Este \u201csentido\u201d no debe entenderse como una interpretaci\u00f3n racional, sino como una <strong>manifestaci\u00f3n s\u00fabita de realidad<\/strong>, un \u201cespacio de sentido\u201d que emerge desde la obra misma y se impone sobre la sensibilidad del espectador. Sucede a menudo sin que lo advirtamos. Vemos una pel\u00edcula, o leemos un libro, que no nos dice nada durante los primeros veinte minutos o veinte p\u00e1ginas, hasta que un gesto, una toma, una melod\u00eda, una frase nos interpela. Algo en nosotros \u2014una emoci\u00f3n previa, un recuerdo, incluso una distracci\u00f3n\u2014 act\u00faa como catalizador: el evento C. Entonces la obra se abre como un espacio con sentido y entramos en ella: nos compenetramos.<\/p>\n\n\n\n<p>Se debe subrayar que no se trata de \u201ccreer\u201d en la obra en los t\u00e9rminos del mundo emp\u00edrico, sino de <strong>creerla de otro modo<\/strong>, de otorgarle un estatuto de existencia v\u00e1lido dentro de su propia l\u00f3gica interna. La compenetraci\u00f3n no anula el mundo del sujeto, sino que <strong>convive con \u00e9l<\/strong>; el sujeto conecta con el mundo propuesto por la obra sin perder de vista su propio horizonte de realidad. Este fen\u00f3meno de sustituci\u00f3n temporal encuentra un paralelo en el ritual religioso, donde se habilita un espacio simb\u00f3lico otro sin anular el espacio de lo cotidiano. Algo parecido ocurre cuando, al leer una novela, sentimos que nos trasladamos a otra \u00e9poca o paisaje sin dejar de estar en nuestro sill\u00f3n. Escuchamos la lluvia caer afuera, nos llegan ruidos desde la cocina, pero al mismo tiempo caminamos con el protagonista por una ciudad remota, anticipamos sus dilemas, empatizamos con sus pasiones. Esa doble conciencia \u2014estar aqu\u00ed y all\u00ed\u2014 es la marca de la compenetraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El ejemplo de <em>Don Quijote<\/em> es revelador en este sentido: Alonso Quijano no se limit\u00f3 a jugar con el mundo de los libros de caballer\u00eda, sino que se compenetr\u00f3 con ellos en el sentido m\u00e1s profundo, hasta tal punto que surgi\u00f3 una nueva sustancia: el Quijote. Se produjo as\u00ed una <strong>sustituci\u00f3n ontol\u00f3gica<\/strong> de un mundo por otro. Este nuevo mundo, aunque no posee el mismo grado de realidad emp\u00edrica, <strong>comparte su densidad y textura<\/strong>, lo que permite al sujeto habitarlo, interpretarlo y emocionarse en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, siempre se mantiene una <strong>distancia estructural<\/strong> entre el sujeto y la obra, y dicha distancia es imprescindible. Esta permite el extra\u00f1amiento, habilita la apreciaci\u00f3n y <strong>sostiene la construcci\u00f3n de sentido<\/strong>. El sujeto, en tanto <strong>testigo<\/strong>, acepta provisionalmente la realidad alternativa propuesta por la obra, la utiliza como recept\u00e1culo de su emocionalidad, y construye sentido dentro y a partir de ella, sin renunciar a su apoyo en el mundo cotidiano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda pertinente, propongo, considerar la <strong>locura<\/strong> como justificante motor creativo bajo este mismo prisma: no como una ruptura del v\u00ednculo con la realidad, sino como una <strong>reorganizaci\u00f3n alternativa del mundo<\/strong>, guiada por otros criterios de verosimilitud. Devendr\u00eda tambi\u00e9n en el mundo de los sue\u00f1os y el surrealismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva, pues, la compenetraci\u00f3n produce una nueva sustancia an\u00edmica, una trama de sentidos, recuerdos, asociaciones y emociones, que puede <strong>persistir en el tiempo<\/strong> incluso despu\u00e9s de haber concluido el encuentro est\u00e9tico. A menudo, despu\u00e9s de cerrar un libro o abandonar la sala de cine, seguimos pensando en aquello que hemos le\u00eddo, visto, como si la obra se hubiera instalado en nuestra memoria, removiendo emociones. Esa persistencia revela que la compenetraci\u00f3n no termina con la experiencia inmediata, sino que contin\u00faa acompa\u00f1ando en nuestra vida cotidiana y forma parte de nuestro acervo experiencial.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed es \u00fatil incorporar la perspectiva de Paul Ricoeur, quien sostiene que el fen\u00f3meno literario resulta del <strong>desfase entre dos \u00e1mbitos referenciales<\/strong>: el del texto de ficci\u00f3n, que crea una nueva esfera de referencialidad, y el de la realidad emp\u00edrica. Ambas esferas comparten el lenguaje ordinario, lo que permite su comunicaci\u00f3n, pero es precisamente la conciencia de su separaci\u00f3n lo que produce el <strong>distanciamiento est\u00e9tico<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Este distanciamiento es una condici\u00f3n de posibilidad tanto para la emoci\u00f3n como para la compenetraci\u00f3n. Ambas se sostienen en la <strong>aceptaci\u00f3n t\u00e1cita de que existen m\u00faltiples esferas de realidad<\/strong>, ninguna de las cuales debe entenderse como superior a las dem\u00e1s. A partir de esto, podemos plantear una hip\u00f3tesis provocadora: \u00bfes posible que ciertos lectores \u2014por ejemplo, el lector maduro y masculino que se refugia en el ensayo y la prensa frente a la figuraci\u00f3n literaria\u2014 rechacen esta forma de compenetraci\u00f3n y distanciamiento, y por ello se limiten a lecturas m\u00e1s \u201cemp\u00edricas\u201d?<a href=\"#_edn2\" id=\"_ednref2\">[ii]<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>A esta altura, la met\u00e1fora del <strong>puente<\/strong> adquiere valor: construir sentido implica tender puentes entre mundos. Pero \u00bfqu\u00e9 es un puente sino una estructura que <strong>marca y permite salvar una distancia<\/strong>?<\/p>\n\n\n\n<p>Un rasgo central de la compenetraci\u00f3n es su <strong>intermitencia<\/strong>. Seg\u00fan Walter Benjamin<a href=\"#_edn3\" id=\"_ednref3\">[iii]<\/a>, esta oscilaci\u00f3n entre concentraci\u00f3n y distracci\u00f3n no empobrece la experiencia est\u00e9tica, sino que la enriquece. La entrada y salida del estado de absorci\u00f3n reafirma la condici\u00f3n del sujeto como testigo y <strong>acent\u00faa la intensidad emocional<\/strong> del encuentro. En este vaiv\u00e9n se consolida una experiencia significativa que depende, m\u00e1s que de la permanencia absoluta, de la posibilidad del retorno. Entramos y salimos del texto, nos entretenemos, mientras leemos por la noche, pensamos en lo dom\u00e9stico, en el d\u00eda de ma\u00f1ana y sus tareas, nos perdemos, volvemos, entramos de nuevo en el texto, sin perder el v\u00ednculo. si el v\u00ednculo no ha fraguado, abandonamos el libro y se puede dar por fracasada la compenetraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta dimensi\u00f3n intermitente encuentra un correlato en la estructura <strong>ceremonial<\/strong> del consumo art\u00edstico. Toda apreciaci\u00f3n est\u00e9tica \u2014incluso en su forma m\u00e1s \u00edntima y privada\u2014 participa de un rito que <strong>facilita la compenetraci\u00f3n<\/strong>. La disposici\u00f3n del sujeto, el contexto, los h\u00e1bitos y la actitud de recepci\u00f3n conforman un espacio simb\u00f3lico apto para el encuentro con la obra. Paseamos un museo, miramos, apreciamos, obviamos, pensamos en otra cosa, buscamos el servicio, proseguimos la caminata.<\/p>\n\n\n\n<p>Contrario a lo que podr\u00eda pensarse, plantea Maurette, la compenetraci\u00f3n no es una experiencia excepcional: puede ocurrir <strong>cotidianamente<\/strong>, con m\u00faltiples obras, o incluso acumularse de manera violenta, como en el llamado <strong>s\u00edndrome de Stendhal<a href=\"#_edn4\" id=\"_ednref4\"><strong>[iv]<\/strong><\/a><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>En todos los casos, plantea como remate, la compenetraci\u00f3n representa una forma de <strong>absorci\u00f3n moderada, intermitente y replicable<\/strong>, un mecanismo mediante el cual el sujeto <strong>acondiciona su espacio interior<\/strong> para abrir otro espacio, compartido con la obra. Ese espacio liminar, en donde el mundo de la obra y el mundo del espectador se cruzan, es precisamente lo que Maurette llama <strong>compenetraci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><a href=\"#_ednref1\" id=\"_edn1\">[i]<\/a> \u00abEsta idea dio origen al proyecto de Lyrical Ballads; en el cual se acord\u00f3 que deber\u00eda centrar mi trabajo en personas y personajes sobrenaturales, o al menos novelescos, transfiriendo no obstante a estas sombras de la imaginaci\u00f3n, desde nuestra naturaleza interior, el suficiente inter\u00e9s humano como para lograr moment\u00e1neamente la voluntaria suspensi\u00f3n de la incredulidad que constituye la fe po\u00e9tica.\u00bb Samuel Taylor Coleridge, Biographia Literaria<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><a href=\"#_ednref2\" id=\"_edn2\">[ii]<\/a> Por sexos, el estudio de h\u00e1bitos de consumo determina que entre las mujeres es mayor la afici\u00f3n por la escritura, 9,2% frente al 8,1% observado en hombres, y por la lectura, 69,4% frente al 62,0%, con excepci\u00f3n de la lectura profesional y la prensa, actividades a las que son m\u00e1s asiduos los hombres. https:\/\/www.elindependiente.com\/tendencias\/cultura\/2019\/09\/30\/el-consumo-de-cultura-las-mujeres-leen-mas-libros-y-los-hombres-mas-periodicos\/<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><a href=\"#_ednref3\" id=\"_edn3\">[iii]<\/a> Pensar es, para Benjamin, pensar intermitencias, pues los fen\u00f3menos no ingresan al mundo de las ideas como si ostentasen una entidad plena.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><a href=\"#_ednref4\" id=\"_edn4\">[iv]<\/a> La psiquiatra italiana Graziella Magherini observ\u00f3 y describi\u00f3 m\u00e1s de cien casos similares entre turistas y visitantes en Florencia, la cuna del Renacimiento, y escribi\u00f3 acerca de este fen\u00f3meno, al que dio nombre en honor al escritor franc\u00e9s quien fue el primero en dejar constancia de los s\u00edntomas del mismo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La compenetraci\u00f3n est\u00e9tica como experiencia estructurante de sentido, por Alfonso Salazar, se centra en este &#8230; <\/p>\n<p class=\"read-more-container\"><a title=\"La compenetraci\u00f3n est\u00e9tica\" class=\"read-more button\" href=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2025\/06\/17\/la-compenetracion-estetica\/#more-5743\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre La compenetraci\u00f3n est\u00e9tica\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[3],"tags":[63,57,83,144],"class_list":["post-5743","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-palabras","tag-critica-literaria","tag-filosofia","tag-literatura","tag-narratologia","infinite-scroll-item","generate-columns","tablet-grid-50","mobile-grid-100","grid-parent","grid-33","no-featured-image-padding"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.6 - 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