{"id":5072,"date":"2024-12-15T20:44:58","date_gmt":"2024-12-15T20:44:58","guid":{"rendered":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/?p=5072"},"modified":"2025-07-22T22:19:39","modified_gmt":"2025-07-22T20:19:39","slug":"andres-soria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2024\/12\/15\/andres-soria\/","title":{"rendered":"Andr\u00e9s Soria Olmedo"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Un homenaje a la aventura intelectual<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><strong>El pasado mes de octubre se jubil\u00f3 en la Universidad de Granada uno de los catedr\u00e1ticos m\u00e1s brillantes de su generaci\u00f3n: Andr\u00e9s Soria Olmedo, erudito consistente y referencial de la obra de su coterr\u00e1neo Federico Garc\u00eda Lorca. Compa\u00f1ero de viaje y amistad de La Otra Sentimentalidad, siempre atento cient\u00edfico y docente, ha alumbrado el camino de la filolog\u00eda y la literatura a m\u00faltiples generaciones de estudiantes universitarios.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Soria Olmedo, nacido en Granada en 1954, se doctor\u00f3 en Filolog\u00eda Rom\u00e1nica por la Universidad de Granada en 1980 y en Lettere Moderne por la Universidad de Bolonia en 1982. Fue miembro del Real Colegio de Espa\u00f1a en Bolonia y, desde 1990, es catedr\u00e1tico de Literatura Espa\u00f1ola en la Universidad de Granada. A lo largo de su carrera, ha sido investigador visitante en la Universidad de Harvard y profesor invitado en instituciones como la UCLA, la New York University y la Universit\u00e0 di Venezia.<\/p>\n\n\n\n<p>Es autor de diversas obras, entre ellas <em>Vanguardismo y cr\u00edtica literaria en Espa\u00f1a<\/em> (1988) y <em>F\u00e1bula de fuentes: tradici\u00f3n y vida literaria en Federico Garc\u00eda Lorca<\/em> (2004), adem\u00e1s de haber editado la obra de poetas como el Inca Garcilaso. Su labor investigadora se ha centrado principalmente en el Renacimiento y en la literatura espa\u00f1ola del primer tercio del siglo XX, destacando especialmente sus estudios sobre Federico Garc\u00eda Lorca, que fueron reunidos en <em>Disciplina y pasi\u00f3n de lo so\u00f1ado<\/em> (2017).<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de su labor acad\u00e9mica, ha comisariado varias exposiciones, como <em>Back Tomorrow: Federico Garc\u00eda Lorca:<\/em> <em>Poeta en Nueva York<\/em> (2013), en la Biblioteca P\u00fablica de Nueva York, junto con Christopher Maurer, y <em>Una habitaci\u00f3n propia: Federico Garc\u00eda Lorca en la Residencia de Estudiantes<\/em> (2016 en Granada y 2017 en Madrid).<\/p>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Soria ha sido una referencia y un est\u00edmulo permanentes<br>para quienes han acompa\u00f1ado su aventura intelectual. Aqu\u00ed, una serie de amigos y disc\u00edpulos se unen para rendirle homenaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Caricatura aparecida en Viking 2. SGEL 1984. <strong>Juan Vida<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"704\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/ANDRES-Viking-2.-SGEL1984-Juan-Vida.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5073\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/ANDRES-Viking-2.-SGEL1984-Juan-Vida.jpg 550w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/ANDRES-Viking-2.-SGEL1984-Juan-Vida-234x300.jpg 234w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/ANDRES-Viking-2.-SGEL1984-Juan-Vida-117x150.jpg 117w\" sizes=\"auto, (max-width: 550px) 100vw, 550px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-small-font-size\"><\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s Soria Olmedo y yo compartimos muchas fotograf\u00edas a lo largo de seis d\u00e9cadas. Hay alguna de principios de los a\u00f1os sesenta en la que aparecemos los dos con caras de ni\u00f1os buenos -\u00e9l m\u00e1s que yo, probablemente- en celebraciones familiares, tal vez alguna primera comuni\u00f3n o el aniversario de mis abuelos paternos, que se celebr\u00f3 en el entonces famoso hotel Nevada, en la calle Ganivet. Y es que nosotros tenemos una relaci\u00f3n de parentesco, a trav\u00e9s de las diferentes ramas del apellido Olmedo: la madre de Andr\u00e9s lo ten\u00eda como primer apellido, mi padre como segundo. Esa vinculaci\u00f3n tambi\u00e9n fue la causa de que coincidi\u00e9ramos en las caser\u00edas de nuestras abuelas Olmedo Herrera, o en la lujosa villa de la Huerta de los \u00c1ngeles, al final de la calle Molinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no nos vimos tanto en los a\u00f1os adolescentes, cuando Andr\u00e9s estudiaba en el Instituto Padre Su\u00e1rez y yo en el Colegio de los Escolapios, pero s\u00ed que volvimos a encontrarnos en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras, al cursar la licenciatura de Filolog\u00eda Rom\u00e1nica. A los diecinueve a\u00f1os, curso acad\u00e9mico 1973-74, yo fui delegado y me impliqu\u00e9 de lleno en los problemas de la transici\u00f3n pol\u00edtica espa\u00f1ola, formando parte de un grupo bastante compacto a la hora del compromiso y a la hora de la diversi\u00f3n. All\u00ed est\u00e1bamos Andr\u00e9s y yo, Javier Mart\u00ednez Abad, Victoria Orozco, Trini Delgado, Aurora Garc\u00eda Gal\u00e1n, Justo Garc\u00eda Zavala, Paco Sevilla y, a veces, Alejandro Palacios, un compa\u00f1ero de Ja\u00e9n que hab\u00eda alquilado una casa de dos plantas en la calle Cruz de Quir\u00f3s; esa casa se convirti\u00f3 en lugar de reuni\u00f3n frecuente e incluso la mantuvimos entre varios terminada ya la carrera (1976 y 1977). \u00c9ramos asiduos de los bares del centro o de las tabernas del Albaic\u00edn, pero nunca falt\u00e1bamos a las conferencias y recitales que nos convocaban en el Hospital Real, desde Jos\u00e9 Menese y los grupos m\u00e1s avanzados de jazz o de teatro hasta Louis Althusser, que ley\u00f3 una conferencia en franc\u00e9s ante dos mil -digo yo- estudiantes y profesores que segu\u00edamos la traducci\u00f3n en folios que convenientemente nos hab\u00edan repartido.<\/p>\n\n\n\n<p>En la primavera de 1976 tuvo lugar un acontecimiento importante para la cultura en Granada. Andr\u00e9s y yo, todav\u00eda estudiantes del \u00faltimo curso de Facultad, formamos parte de una nutrida comisi\u00f3n organizadora del homenaje a Federico Garc\u00eda Lorca que se celebr\u00f3 en Fuentevaqueros el 5 de junio de 1976; all\u00ed estaban tambi\u00e9n estudiantes reci\u00e9n licenciados como Jos\u00e9 Carlos Rosales y Justo Navarro, profesores de universidad como nuestro com\u00fan maestro Juan Carlos Rodr\u00edguez o Mariano Maresca, que luego tendr\u00eda un papel muy importante como director de <em>Olvidos de Granada<\/em>, abogados (Jer\u00f3nimo P\u00e1ez, Antonio Jim\u00e9nez Blanco) y poetas (Juan de Loxa, Jos\u00e9 Ladr\u00f3n de Guevara, Rafael Guill\u00e9n, Jos\u00e9 Heredia Maya). Otras fotograf\u00edas -hechas por Salvador Sanch\u00eds Canet, compa\u00f1ero de curso- nos muestran en una pega de carteles por las calles de Granada, todav\u00eda con el miedo a los <em>grises <\/em>que, por fortuna, no intervinieron. Un gobernador civil desp\u00f3tico nos impuso que aquel homenaje s\u00f3lo pod\u00eda durar media hora y reparti\u00f3 luego numerosas multas entre los que, seg\u00fan \u00e9l, se hab\u00edan excedido. Pero en esos d\u00edas conocimos a Blas de Otero, Jos\u00e9 Agust\u00edn Goytisolo, Nuria Espert, Aurora Bautista o V\u00edctor Erice, participantes en aquella necesaria reivindicaci\u00f3n de Garc\u00eda Lorca. Al gran poeta granadino dedicar\u00eda Andr\u00e9s Soria Olmedo muchas p\u00e1ginas de investigaci\u00f3n filol\u00f3gica, como veremos.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de octubre de 1976, los dos tuvimos la suerte de entrar en la docencia universitaria, Andr\u00e9s en la UGR y yo en la Universidad de M\u00e1laga, en buena medida gracias a la mediaci\u00f3n de su padre, don Andr\u00e9s Soria Ortega, como profesor de Filolog\u00eda Rom\u00e1nica. Precisamente en M\u00e1laga hicimos los Cursos de Filolog\u00eda Espa\u00f1ola, imprescindibles para el doctorado, durante el verano de 1977. Bajo la direcci\u00f3n de Juan Carlos Rodr\u00edguez, cuya biblioteca ayudamos a ordenar en ese mismo oto\u00f1o (yo ven\u00eda de M\u00e1laga muchos fines de semana), le\u00edmos los dos las memorias de licenciatura acerca de la obra de Rafael Alberti, y, en 1980, las tesis doctorales, sobre diferentes aspectos de la generaci\u00f3n del 27. Andr\u00e9s fue un lector paciente de mis primeros poemas, escritos entre 1974 y 1976, y a \u00e9l le correspondi\u00f3 escribir el pr\u00f3logo a mi primer libro, <em>\u00daltimo recurso<\/em>, premio Garc\u00eda Lorca en la modalidad de estudiantes, publicado por la Universidad de Granada. Por entonces, nos integramos en el \u201cColectivo 77\u201d, un grupo de agitaci\u00f3n cultural creado por el poeta \u00c1lvaro Salvador, nuestro profesor de Literatura Hispanoamericana en la carrera. Aquel pr\u00f3logo ser\u00eda el primero de los textos cr\u00edticos centrados en mi poes\u00eda, pues hizo rese\u00f1as y art\u00edculos sobre libros m\u00edos muy posteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo que le dediqu\u00e9 un poema -nunca publicado despu\u00e9s- acerca del intento de golpe de estado en febrero de 1981. Le envidi\u00e9, entonces, por estar fuera de Espa\u00f1a: Andr\u00e9s se hab\u00eda trasladado a finales de 1980 al Colegio de Espa\u00f1a en Bolonia, y all\u00ed obtuvo el doctorado en Lettere Moderne con su primer estudio sobre Le\u00f3n Hebreo (1982); su traducci\u00f3n de los <em>Di\u00e1logos de Amor <\/em>fue publicada en 1996 por la Fundaci\u00f3n Jos\u00e9 Antonio de Castro. En los a\u00f1os ochenta y noventa del siglo pasado, Andr\u00e9s fue invitado a universidades tan prestigiosas como Harvard, UCLA, New York University y Venecia. En Harvard prepar\u00f3 la edici\u00f3n de la <em>Correspondencia&nbsp; Pedro Salinas \/ Jorge Guill\u00e9n<\/em> (Barcelona, Tusquets, 1992) y desde 1990 desempe\u00f1\u00f3 la c\u00e1tedra de Literatura Espa\u00f1ola de la Universidad de Granada.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero recordar algunos de sus ensayos y ediciones cr\u00edticas imprescindibles para el conocimiento de la llamada \u201cEdad de plata\u201d. Bas\u00e1ndose en su tesis doctoral, public\u00f3 <em>Vanguardismo y<\/em> <em>cr\u00edtica literaria en Espa\u00f1a<\/em> (Madrid, 1988; reditado en 2016 con el t\u00edtulo <em>Cr\u00edtica y vanguardia<\/em>); en esa l\u00ednea se orientan sus posteriores colaboraciones con la Residencia de Estudiantes, que profundizan en el alcance del centenario de G\u00f3ngora (<em>\u00a1Viva Don Luis!<\/em>) y en el cambio de signo que tuvo lugar al final de la d\u00e9cada (<em>Rafael Alberti:<\/em> <em>Sobre los \u00e1ngeles<\/em>). Andr\u00e9s Soria Olmedo es tambi\u00e9n uno de los mejores especialistas en la obra de Federico Garc\u00eda Lorca. En 1986 estuvo al frente de la Comisi\u00f3n Nacional del Cincuentenario de la muerte del poeta y se hizo cargo de la edici\u00f3n del volumen colectivo <em>Lecciones sobre Federico Garc\u00eda Lorca<\/em>; dirigi\u00f3 despu\u00e9s, entre 1993 y 2000, la \u201cC\u00e1tedra Garc\u00eda Lorca\u201d de la Universidad de Granada, y centr\u00f3 su atenci\u00f3n en la obra juvenil lorquiana (<em>Teatro in\u00e9dito de juventud<\/em>, Madrid, 1994; <em>La mirada joven<\/em>. <em>Estudios sobre la literatura juvenil de Garc\u00eda Lorca<\/em>, Universidad de Granada, 1997); organiz\u00f3 despu\u00e9s el congreso celebrado con motivo del centenario y figura como uno de los editores de sus actas: <em>Federico Garc\u00eda<\/em> <em>Lorca, cl\u00e1sico moderno (1898-1998)<\/em>. En 2004, las publicaciones de la Residencia de Estudiantes dieron a conocer su ensayo <em>F\u00e1bula de fuentes. Tradici\u00f3n y vida literaria en Federico Garc\u00eda Lorca<\/em>, en el que aborda la revisi\u00f3n y puesta al d\u00eda del ingente material bibliogr\u00e1fico surgido en torno a la obra del poeta granadino. M\u00e1s reciente es su ensayo <em>Lenguaje de poema: Federico Garc\u00eda Lorca <\/em>(2017), y en el mismo a\u00f1o da a conocer <em>Disciplina y pasi\u00f3n de lo so\u00f1ado <\/em>en la editorial Calambur. Decisivo es tambi\u00e9n su trabajo <em>Las vanguardias y la<\/em> <em>Generaci\u00f3n del 27<\/em> (Madrid, Visor, 2007), octava entrega de la antolog\u00eda cr\u00edtica de poes\u00eda espa\u00f1ola dirigida por Francisco Rico. Pero tampoco se trata de hacer una relaci\u00f3n exhaustiva de sus aportaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed quiero dejar claro que, desde los a\u00f1os de la carrera universitaria, hemos mantenido una complicidad constante alrededor de la literatura, una especie de <em>trabajo gustoso<\/em>. Coincidimos en muchos tribunales de tesis doctorales, en congresos, en cursos de verano (en Baeza, sobre todo).&nbsp; &nbsp;Andr\u00e9s siempre tiene un comentario inteligente o una recomendaci\u00f3n oportuna que mejora el trabajo de los dem\u00e1s. Y sentido del humor no le falta. Los dos nos hemos jubilado en la misma fecha, 30 de septiembre de 2024. Como em\u00e9ritos, seguiremos dando algunas clases. A Andr\u00e9s le rindi\u00f3 su Facultad un merecido homenaje el pasado mes de octubre (mi caso es bien distinto); ojal\u00e1 sigamos disfrutando de la vida y de las lecturas.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Para Andr\u00e9s Soria Olmedo, en su jubilaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Yo bajaba por el Paseo de la Bomba y el Sal\u00f3n y \u00e9l sub\u00eda desde sus Alminares, con su cartera importante de profesor en la mano, y nos encontr\u00e1bamos a media ma\u00f1ana como esp\u00edas gandules con gabardinas o abrigos largos en lo que llam\u00e1bamos el S\u00e1nchez Check-Point, en el puente del Genil al costado de aquellos opulentos almacenes S\u00e1nchez que fueron una tercera v\u00eda granadina entre las dos Espa\u00f1as de Galer\u00edas Preciados y el Corte Ingl\u00e9s. De ah\u00ed sub\u00edamos charla que te charla por la carrera de las Angustias, y si se daba el caso recal\u00e1bamos en el estudio de Juan Vida, con dos balcones que daban gloriosamente a la fachada de barroco administrativo de la iglesia, y a los enormes pl\u00e1tanos de Indias en los que atronaban los p\u00e1jaros. Juan Vida ten\u00eda el estudio en la casa en la que hab\u00eda nacido, y en la que segu\u00eda viviendo con su madre, la afable do\u00f1a Julia que sal\u00eda a veces de las profundidades de aquel piso de renta antigua para saludar a los amigos de su hijo, en aquel gran sal\u00f3n con el suelo y las paredes manchados de pintura y cuadros a medio pintar clavados en las paredes. A los literatos con espacios de trabajo casi siempre modestos nos dan envidia los espacios desmedidos y con frecuencia ca\u00f3ticos en los que trabajan los pintores. En el suyo Juan Vida ten\u00eda un radiocasette tambi\u00e9n manchado de pintura en el que sonaba siempre la m\u00fasica o las voces de la radio y tambi\u00e9n un extraordinario sill\u00f3n de barbero, en el que los amigos nos sent\u00e1bamos por turnos para mirarlo pintar. En el estudio de Juan nos hicimos una vez una foto con Andr\u00e9s Soria y Luis Garc\u00eda Montero en la que estamos todos con gafas oscuras a la manera de los Blues Brothers. Andr\u00e9s y yo reclut\u00e1bamos a Juan para nuestros vagabundeos matinales, a los que no siempre les busc\u00e1bamos la coartada de una finalidad pr\u00e1ctica, y pod\u00edamos subir hasta las oficinillas de publicaciones de la Diputaci\u00f3n que estaban en la Plaza de Mariana Pineda, a saludar a Juan Manuel Azpitarte, a Marina Guill\u00e9n y a Rafael Ju\u00e1rez, y a partir de ah\u00ed el abanico de itinerarios se abr\u00eda hacia nuestros posibles destinos, que durante un tiempo, el a\u00f1o 1986, tuvieron un centro de operaciones en el entorno de la plaza del Carmen, donde estaba mi oficina de funcionario municipal, tan poco lustrosa como la que le fue asignada a Andr\u00e9s en el edificio Bernina, cuando lo nombraron comisario para la conmemoraci\u00f3n del cincuenta aniversario de la muerte de Garc\u00eda Lorca -escribo cincuenta consciente de que deber\u00eda decir \u201cquincuag\u00e9simo\u201d, pero la palabra, aunque correcta, es tambi\u00e9n intragable-. Apenas nombrado Andr\u00e9s para el cargo, ya Juan los hab\u00eda bautizado el Comisoria.<\/p>\n\n\n\n<p>De eso har\u00e1 pronto cuarenta a\u00f1os. Hablo del siglo pasado. La mayor novedad tecnol\u00f3gica con la que cont\u00e1bamos era alguna m\u00e1quina de escribir el\u00e9ctrica, tan poco fiable y tan ruidosa que m\u00e1s val\u00eda seguir utilizando las mec\u00e1nicas. La oficina de Andr\u00e9s estaba m\u00e1s pelada que la del Philip Marlowe de Raymond Chandler, con la \u00fanica ventaja sobre ella que de vez en cuando sub\u00edan los olores tentadores de la pasteler\u00eda en la planta baja. Tambi\u00e9n cont\u00e1bamos con la cercan\u00eda estrat\u00e9gica de la tabernilla Cisco y Tierra, de la que a veces sub\u00edamos cervezas y saladillas con jam\u00f3n en las espaciosas cajas de cart\u00f3n de los expedientes. En aquella oficina, con una m\u00e1quina de escribir y un tel\u00e9fono directo, mesas y archivadores met\u00e1licos como de la RDA, Andr\u00e9s Soria y yo hicimos lo que pudimos durante algo m\u00e1s de un a\u00f1o para honrar con el m\u00e1ximo de dignidad la memoria de Garc\u00eda Lorca, navegando una administraci\u00f3n municipal m\u00e1s bien menesterosa, y buscando el apoyo de otras instituciones de m\u00e1s alta graduaci\u00f3n que nunca tuvieron demasiado inter\u00e9s en el asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran tiempos febriles, en la ciudad y en nuestras vidas. Yo hab\u00eda conocido a Andr\u00e9s y a Juan, como a otros amigos, solo unos a\u00f1os atr\u00e1s, cuando empec\u00e9 a escribir semanalmente en <em>Diario de Granada<\/em>. De las columnas del peri\u00f3dico pas\u00e9 al c\u00f3nclave fundador de la revista <em>Olvidos de Granada<\/em>, criatura nacida de la mente f\u00e9rtil de Mariano Maresca. Eran tiempos m\u00e1s inocentes, y de idioma menos viciado, as\u00ed que a\u00fan no se hablaba de <em>polinizaci\u00f3n cruzada<\/em>. Tampoco es que a ninguno nos interesara mucho la bot\u00e1nica en esa \u00e9poca de militancias estrictamente urbanas. Pero a Mariano, como a varios de nosotros, le gustaban mucho muchas cosas distintas, as\u00ed que nos afan\u00e1bamos por celebrar lo mismo el rock de barrio que la m\u00fasica de c\u00e1mara, la pintura que el c\u00f3mic, el dise\u00f1o gr\u00e1fico que el jazz, el urbanismo, el teatro de vanguardia&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Todos and\u00e1bamos queriendo hacer algo que no hab\u00edamos hecho antes, y que no sab\u00edamos si nos iba a salir. Andr\u00e9s ven\u00eda con su cartera de fil\u00f3logo y su prestigio del colegio de Espa\u00f1a de Bolonia. Sab\u00eda recitar de memoria sonetos y tercetos de Dante e imitar el acento de un japon\u00e9s hablando ingl\u00e9s. Hab\u00eda escrito un libro bello y erudito sobre Le\u00f3n Hebreo, nada menos, y yo creo que andaba ya en los preparativos de su edici\u00f3n de la correspondencia entre Pedro Salinas y Jorge Guill\u00e9n. En aquel ambiente con predominio de versificadores, yo era casi el \u00fanico que amando apasionadamente la poes\u00eda me concentraba en las novelas. Ese 1986 fue tambi\u00e9n el de la publicaci\u00f3n de la primera que escrib\u00ed, <em>Beatus Ille<\/em>. Juan Vida, Mariano Maresca y Andr\u00e9s Soria fueron mis primeros lectores en la ciudad, esfuerzo mayor del que ahora puede imaginarse, porque entonces un original era un mazo de folios mecanografiados sin apenas m\u00e1rgenes ni interlineado, en fotocopias de escasa visibilidad. En uno de aquellos ejemplares, todav\u00eda y a falta de correcciones, encontr\u00e9 al cabo de los a\u00f1os unas hojas dobladas con un membrete del logo del cincuentenario -un dise\u00f1o de Juan, a partir de un dibujo de Lorca- en las que estaban las anotaciones a mano que Andr\u00e9s hab\u00eda ido haciendo sobre la lectura. Creo que fue en una de ellas donde puso la cita de <em>The Waste Land <\/em>que yo iba a poner al principio de la novela: <em>Mixing memory and desire.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Fue en aquellas peripecias del cincuentenario cuando cuaj\u00f3 plenamente nuestra amistad. La escasez de medios era menos desalentadora que la sensaci\u00f3n de estar trabajando a contracorriente, o a contraindiferencia. Eran los tiempos de las mayor\u00edas absolutas socialistas, desde el gobierno de la naci\u00f3n a las comunidades aut\u00f3nomas y los ayuntamientos, pero en las atm\u00f3sferas oficiales de la cultura hab\u00eda muy poco o ning\u00fan inter\u00e9s por traer a la modernidad democr\u00e1tica el legado civil y cultural no ya de la II Rep\u00fablica, sino de lo que Juan Marichal hab\u00eda llamado memorablemente la universalizaci\u00f3n de Espa\u00f1a, los nombres y las obras de la Edad de Plata que hab\u00edan sido eliminados de cuajo tras la guerra civil. Eran los ochenta, los tiempos de la movida almodovariana, de las patillas muy cortas, los pantalones flojos y las chaquetas con grandes hombreras, las plazas duras, los dise\u00f1os insensatos, la frivolidad como vanguardia, los pelotazos grandes y peque\u00f1os, los asesores con credenciales exclusivas de sastrer\u00eda y peluquer\u00eda, y tambi\u00e9n con carnet de partido, etc. Era evidente la necesidad de un esfuerzo por barrer la mugre visual que se hab\u00eda acumulado durante medio siglo de aislamiento internacional, represi\u00f3n pol\u00edtica y culto mariano, pero aquella prisa por desembarazarse del pasado trajo consigo una amnesia pol\u00edtica y cultural de la que me parece que no nos hemos recuperado nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>A algunos de aquellos amigos nos un\u00eda tambi\u00e9n una resistencia instintiva a seguir la alegre y con frecuencia c\u00ednica m\u00fasica que marcaba el paso. La mayor\u00eda hab\u00edan militado en el Partido Comunista: Andrea Villarrubia, Juan Mata, Pablo Alc\u00e1zar, Juan Vida, Marivi Prieto, Luis, Mariano, lo cual les daba un anclaje en compromisos sociales que los alejaba del risue\u00f1o apoliticismo de quienes quer\u00edan concentrarse pragm\u00e1ticamente en las tareas por hacer y tambi\u00e9n de los sinverg\u00fcenzas y aprovechados que hicieron su largo agosto en la gran burbuja que iba a prolongarse hasta las celebraciones del 92, mucho m\u00e1s favorecidas por los poderes p\u00fablicos que nuestra modesta conmemoraci\u00f3n lorquiana del 86.<\/p>\n\n\n\n<p>Logramos hacer algunas cosas, sin embargo. La Comisi\u00f3n que Andr\u00e9s presid\u00eda llevaba el t\u00edtulo de Nacional, pero nuestros variados trabajos rara vez salieron del \u00e1mbito de Granada, lo cual no creo, con la distancia de los a\u00f1os, que los hiciera menos valiosos. Hubo un congreso de especialistas internacionales del que quedaron unas actas que a\u00fan emocionan y ense\u00f1an cuando uno vuelve a leerlas. Hubo una gran exposici\u00f3n sobre la vida de Garc\u00eda Lorca que ocup\u00f3 los claustros del Hospital Real. Pas\u00e1bamos d\u00edas enteros en la oficinilla sobre la pasteler\u00eda Bernina, buscando testimonios, citas, fragmentos de cartas o poemas, fotograf\u00edas, dibujos, los rastros de una vida y de una vocaci\u00f3n po\u00e9tica que quedaron cercenadas por el crimen en el verano de 1936. A Andr\u00e9s y a m\u00ed nos un\u00eda la doble vocaci\u00f3n de mostrar y aprender. Est\u00e1bamos vindicando la obra de un poeta incomparable, pero tambi\u00e9n la tradici\u00f3n pol\u00edtica, est\u00e9tica y moral a la que pertenec\u00eda; y no era nostalgia ni revanchismo lo que nos guiaba: era la necesidad de construir nuestra propia tradici\u00f3n democr\u00e1tica, progresista, educativa, y de partir de ella para construir un porvenir m\u00e1s firme, con los pies en la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Al final del itinerario de la exposici\u00f3n en el Hospital Real, Andr\u00e9s y yo tuvimos la idea de poner como un monolito funerario, del que colgaba una bandera de la Rep\u00fablica, y en el que inscribimos unos versos de Luis Cernuda que nos sab\u00edamos de memoria:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.<\/em><br><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recu\u00e9rdalo t\u00fa y recu\u00e9rdalo a otros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El alegre comisario pol\u00edtico-cultural del que depend\u00edamos, figura ascendente de aquella modernidad socialista, puso mala cara cuando vio este montaje, del que por precauci\u00f3n no le hab\u00edamos avisado. Pero no dijo nada, y la bandera y la cita siguieron all\u00ed. Andr\u00e9s y yo nos hicimos una foto delante de ella. Cu\u00e1nto tiempo ha pasado. A saber d\u00f3nde estar\u00e1 aquella foto.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p>Jaime Gil de Biedma dec\u00eda que, con los a\u00f1os, al hacernos mayores, no perdemos los amigos, pero los dejamos de ver. Cito de memoria, as\u00ed que las palabras seguro que no son exactas. Es la t\u00edpica situaci\u00f3n en la que me vendr\u00eda muy bien la ayuda de Andr\u00e9s para recordar. Su saber es amplio, curioso y sobre todo generoso, pronto a desbordarse hacia el otro. Mi amistad con Andr\u00e9s est\u00e1 hecha, como supongo que la de otros, de retazos: conversaciones y risas, copas y caf\u00e9s, encuentros, largos o fugaces, en Cambridge (Massachusetts), Los \u00c1ngeles, Nueva York, Lexington (Kentucky), Granada, Madrid, Ciudad de M\u00e9xico, Venecia, Frigiliana, y algunos rincones m\u00e1s que he olvidado. Bajo la sombra ben\u00e9fica del a\u00f1orado Claudio Guill\u00e9n y la f\u00edsicamente m\u00e1s lejana pero no menos sentida de Federico Garc\u00eda Lorca, que cosi\u00f3 tantas complicidades y a la que luego \u00e9l se vincul\u00f3, gracias a Laura, con lazos m\u00e1s estrechos. Aunque cuando nos conocimos, la primera vez que coincidimos en Harvard, nos convocaban otros poetas: \u00e9l preparaba la magna edici\u00f3n de la correspondencia entre Jorge Guill\u00e9n y Pedro Salinas y yo hab\u00eda llegado para escribir una tesis sobre Luis Cernuda, proyecto que abandon\u00e9. Mi fidelidad a Cernuda perdura hasta hoy y es quiz\u00e1s m\u00e1s \u00edntima, aunque s\u00f3lo le haya dedicado un par de art\u00edculos. Aquello en lo que m\u00e1s trabajamos no siempre es lo que mejor representa qui\u00e9nes somos, aunque en Andr\u00e9s sospecho que s\u00ed se da esta armon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos llevamos pocos a\u00f1os, sin embargo, siempre ha sido m\u00e1s sabio que yo. Me benefici\u00e9 tempranamente de su ensayo <em>Vanguardismo y cr\u00edtica literaria en Espa\u00f1a (1910-1930)<\/em>, indispensable a\u00fan hoy para cualquiera que se interese por aquellas dos d\u00e9cadas prodigiosas a las que tambi\u00e9n me asom\u00e9 en la primera parte de mi carrera, sobre las que ayuda a deshacer diversos malentendidos. Son tambi\u00e9n memorables sus reflexiones sobre el dispositivo de las antolog\u00edas, a prop\u00f3sito de la de Gerardo Diego, que preceden su propia y valiosa labor de ant\u00f3logo, informada por aquel bagaje te\u00f3rico. Cito estos libros iniciales porque muestran la fuente de donde sale el valioso caudal que les sigui\u00f3, pero no he emprendido estas breves l\u00edneas con intenci\u00f3n de recorrer la producci\u00f3n acad\u00e9mica de Andr\u00e9s que, a pesar de su innegable m\u00e9rito, no es de entre sus virtudes la que aqu\u00ed quiero&nbsp;subrayar, ni la que hizo que fueran un lujo aquel encuentro y la frecuentaci\u00f3n que sigui\u00f3 (por desgracia ya menos habitual). Descubr\u00ed entonces el extra\u00f1o placer que se deriva de leer a los amigos y aprender de ellos, al igual que me ocurri\u00f3 con otros compa\u00f1eros de viaje de la misma \u00e9poca, Enric Bou, Christopher Maurer o Mario Hern\u00e1ndez, como si la conversaci\u00f3n de sobremesa se extendiera a la p\u00e1gina impresa. El goce de la camarader\u00eda se une al \u00edntimo orgullo de estar rodeado de gente a quien uno admira. Cuando uno se hace mayor, ya no incomoda formar parte de la pandilla de los empollones. Siempre he dicho que uno de los privilegios de esta profesi\u00f3n, cuando la suerte acompa\u00f1a, es la oportunidad de codearse con gente interesante, que te estimula intelectualmente, y en este elenco Andr\u00e9s ocupa un lugar destacado.<\/p>\n\n\n\n<p>He mencionado su generosidad con sus muchos conocimientos, y de ello puede dar fe cualquiera que se haya asomado a ese pozo sin fondo. A Andr\u00e9s no le interesa la competencia, ni el medrar, sino el arte de la conversaci\u00f3n y compartir. Sin haber sido estudiante suyo, he podido apreciar su manera de darse en la palabra, discretamente, sin pedanter\u00eda ni condescendencia. A m\u00ed me encamin\u00f3 hacia el tema de mi tesis, cuando m\u00e1s perdido estaba, despu\u00e9s de recibir un jarro de agua fr\u00eda. Tras renunciar a la idea de centrar mi investigaci\u00f3n doctoral en Cernuda, por motivos que no vienen al caso pero que algo tienen que ver con las indagaciones de Andr\u00e9s en aquel epistolario de la Generaci\u00f3n del 27, decid\u00ed estudiar las adaptaciones al cine de obras literarias espa\u00f1olas. Entonces, un reputado experto, el director de la filmoteca de Harvard, me dijo que para demostrar que el libro era mejor que la pel\u00edcula no hac\u00eda falta otra tesis doctoral. Tras este chasco, en una charla mano a mano en el Caf\u00e9 Pamplona de Cambridge, que recuerdo como si fuera ayer aunque han pasado casi cuarenta a\u00f1os, Andr\u00e9s me sugiri\u00f3 buscar un director cuyas pel\u00edculas superaran o dieran la vuelta a la obra original, como ocurre con Alfred Hitchcock, y me encamin\u00f3 hacia Luis Bu\u00f1uel, a quien dediqu\u00e9 mi tesis. Se lo he agradecido m\u00faltiples veces y lo reitero aqu\u00ed, a pesar de que \u00e9l insiste en quitar importancia a esta deuda. Como esta peque\u00f1a an\u00e9cdota, que re\u00fane generosidad y modestia, otros amigos suyos deben evocar muchas. Una vida dedicada a la investigaci\u00f3n me ha ense\u00f1ado que es el humor lo que une a las personas. Ocurre en las relaciones amorosas, pero no menos en la amistad. Es imperdonable aburrirse con un amigo, pero, incluso cuando ocurre, uno sabe que seguir\u00e1 el momento de re\u00edrse juntos. Todo va de complicidades, esa secreta e inexplicable conexi\u00f3n que nos acerca entre humanos y puede conducir al crimen o a la dicha. Es lo que justifica el viejo t\u00f3pico de que, aunque la separaci\u00f3n sea dilatada, uno se reencuentra como si se hubiera visto ayer. Ahora nos vemos menos que en otras \u00e9pocas y se echa a faltar. Ha pasado el tiempo, pero la memoria regresa con facilidad a aquella desenfadada juventud. Homenajes como el que le dedicamos a Andr\u00e9s est\u00e1n hechos de la materia del tiempo: pasa \u00e9ste y toca mirar atr\u00e1s, si la fatalidad no dicta que uno se quede por el camino. D\u00e1ndole tiempo al tiempo, llegamos al momento de celebrar al amigo y la amistad. En aquel entonces, cuando \u00e9ramos j\u00f3venes, no lo pens\u00e1bamos, no sab\u00edamos que recordar\u00edamos.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil resumir casi 30 a\u00f1os en unas pocas l\u00edneas e intentar que quepa en ellas un magisterio como el de Andr\u00e9s Soria Olmedo. <\/p>\n\n\n\n<p>Tengo un recuerdo curioso de la primera vez que lo vi, sin saber qui\u00e9n era. Fue en una conferencia que se celebr\u00f3 en la facultad, yo era estudiante en alguno de los primeros cursos de la carrera. Andr\u00e9s estaba entre el p\u00fablico y lo recuerdo por su pregunta y por los comentarios que hizo. Creo que hasta tom\u00e9 notas de su intervenci\u00f3n. Un par de a\u00f1os despu\u00e9s, cuando lo vi entrar en el aula, ya como mi profesor, me result\u00f3 familiar y la imagen me vino de repente a la cabeza. Pens\u00e9: \u201cEste es el se\u00f1or de la conferencia aquella\u201d. No es f\u00e1cil que alguien te impresione hasta ese punto en tan pocos minutos.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso fue en el a\u00f1o 96. Yo cursaba el cuarto a\u00f1o de la antigua licenciatura de Filolog\u00eda Espa\u00f1ola y fue mi profesor en la asignatura (entonces eran todas anuales) <em>Novela espa\u00f1ola moderna y contempor\u00e1nea<\/em>. Era una optativa que siempre me agradecer\u00e9 haber escogido. Andr\u00e9s ten\u00eda entonces una gran barba y nos dio una lista largu\u00edsima de lecturas. Resulta dif\u00edcil explicar la impresi\u00f3n que para una alumna que, como yo, ven\u00eda de un lugar social muy lejano a la universidad, supon\u00eda verse dos d\u00edas por semana ante un profesor con la erudici\u00f3n de Andr\u00e9s Soria.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en esa \u00e9poca cuando empec\u00e9 a leer sus trabajos: los primeros fueron <em>Federico Garc\u00eda Lorca y el arte<\/em> (todav\u00eda tengo subrayadas y anotadas esas fotocopias) y un art\u00edculo sobre Mu\u00f1oz Molina al que llegu\u00e9 porque en la lista de lecturas obligatorias de la asignatura estaba <em>Beatus ille<\/em>. De sus clases sal\u00ed con la firme determinaci\u00f3n de aprender idiomas (en cuanto pude, estudi\u00e9 franc\u00e9s, ingl\u00e9s y algo de alem\u00e1n), con una lista casi inabarcable de t\u00edtulos que quer\u00eda leer y con montones de notas sobre arte y literatura europea (alentada por sus clases, me pas\u00e9 ese verano leyendo <em>Los novios<\/em> de Manzoni y a Jane Austen). Se percib\u00edan claramente en sus clases el amor por la literatura y el disfrute de leer, y nos los transmit\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El curso siguiente nos estuvo ense\u00f1ando literatura del siglo XX. Fue el a\u00f1o del centenario del nacimiento de Lorca y nos anim\u00f3 a asistir al congreso internacional que organiz\u00f3 y cuya celebraci\u00f3n coincidi\u00f3 con el final de curso. El a\u00f1o anterior, en la asignatura de novela, le hab\u00eda entregado un trabajo sobre Juan Mars\u00e9 que no le debi\u00f3 de parecer mal porque me puso buena nota; por eso, y porque otro compa\u00f1ero y yo nos estuvimos picando para ver si nos atrev\u00edamos o no, present\u00e9 una propuesta de comunicaci\u00f3n, convencida de que no llegar\u00eda a ninguna parte. Cuando le contamos a Andr\u00e9s nuestra idea, nos anim\u00f3 a llevarla a cabo y nos insisti\u00f3 en que lo intent\u00e1semos. Nos la aceptaron tanto a mi compa\u00f1ero como a m\u00ed: \u00e9l dio su comunicaci\u00f3n con aplomo y disfrutando el momento; yo aterrada, sin que me saliera la voz del cuerpo y con una tensi\u00f3n que me provoc\u00f3 un dolor en el cuello que me dur\u00f3 d\u00edas. Ese fue mi primer trabajo no estrictamente escolar y mi primera incursi\u00f3n en la investigaci\u00f3n, una comunicaci\u00f3n sobre los <em>Sonetos del amor oscuro<\/em> que luego se public\u00f3 como cap\u00edtulo en el volumen de actas del congreso.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que intento transmitir con estas an\u00e9cdotas es que Andr\u00e9s es un profesor que siempre te hace querer saber m\u00e1s, te impulsa a buscar y abre mil caminos a la curiosidad. Fue as\u00ed en ese comienzo y en todas las ocasiones que hubo despu\u00e9s, en la asignatura que me dio en el doctorado y cuando tuve la suerte de que me dirigiera la tesina y m\u00e1s tarde la tesis.&nbsp; Para la tesina me anim\u00f3 a estudiar a Nietzsche y a trabajar sobre la importancia de su filosof\u00eda en la poes\u00eda espa\u00f1ola de los a\u00f1os 20 y 30 (me impresion\u00f3 mucho su art\u00edculo <em>Me lastima el coraz\u00f3n: Federico Garc\u00eda Lorca y Federico Nietzsche<\/em>, que fue la base desde la que part\u00ed para mi trabajo). Ah\u00ed se me abri\u00f3 un horizonte cuya importancia me resulta dif\u00edcil explicar y en el que me animaba permanentemente a explorar, siempre desde una absoluta libertad. Lo mismo ocurri\u00f3 en mi tesis, cuya idea tambi\u00e9n fue suya. De esos a\u00f1os conservo una monta\u00f1a de fotocopias, subrayadas y anotadas, de sus trabajos sobre Garc\u00eda Lorca, el 27 y la Vanguardia.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el tiempo, ese esquema se ha ido repitiendo: Andr\u00e9s me suger\u00eda un tema que le parec\u00eda interesante, un t\u00edtulo que pod\u00eda aportar algo importante, un posible hilo del que tirar; yo iba ah\u00ed a mirar y se convert\u00eda en algo fundamental para mi trabajo y hasta para mi visi\u00f3n del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Para escribir estas l\u00edneas he buscado cu\u00e1ntos libros escritos o editados por Andr\u00e9s tengo en casa: son m\u00e1s de una veintena, y eso que no los tengo todos aqu\u00ed. Muchos est\u00e1n llenos de folios con notas, con frecuencia de comentarios que \u00e9l me hab\u00eda se\u00f1alado o con&nbsp; sus sugerencias. Y siempre tengo a mano <em>F\u00e1bula de fuentes<\/em> o su antolog\u00eda fundamental de las Vanguardias y el 27 (he perdido la cuenta de las veces he le\u00eddo el pr\u00f3logo).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegu\u00e9 a Par\u00eds como investigadora postdoctoral, varios de los hispanistas m\u00e1s importantes de Francia me preguntaron por Andr\u00e9s con admiraci\u00f3n. Una de esas investigadoras me dijo que seguro que \u00edbamos a trabajar muy bien juntas porque las dos ten\u00edamos a Andr\u00e9s Soria como referente. Es algo que, de una forma u otra, siempre se ha repetido: al saber que ven\u00eda de Granada, me han preguntado por \u00e9l all\u00e1 donde he ido y en los eventos acad\u00e9micos en los que he participado. Una vez, despu\u00e9s de intervenir en un congreso, una profesora que estaba en la misma mesa que yo me dijo, tras hacerme un comentario elogioso sobre mi ponencia: \u201cSe nota de qui\u00e9n eres\u201d. No estaba segura en aquel momento de merecer esas palabras y sigo sin estarlo, pero reconozco que me sent\u00ed muy orgullosa. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s, los a\u00f1os nos han tra\u00eddo mucho trabajo y muchos caminos en com\u00fan, entre ellos un MOOC sobre Garc\u00eda Lorca que ya lleva ocho ediciones y largos periodos de trabajo de gesti\u00f3n, que inevitablemente forma tambi\u00e9n parte de las labores universitarias. En definitiva, casi 30 a\u00f1os (me da v\u00e9rtigo escribir la cifra) con el privilegio de su amistad y su magisterio.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy segura de que se sorprender\u00eda si supiera la cantidad de ideas suyas y de referencias sobre muy distintos temas (de Petrarca a la poes\u00eda actual, de la m\u00fasica a la historia del arte) que a lo largo de los a\u00f1os ha guardado mi memoria. Recuerdo tambi\u00e9n muchas conversaciones sobre libros que no ten\u00edan que ver con el trabajo sino con el gusto por la literatura: sobre qu\u00e9 est\u00e1bamos leyendo en ese momento, sobre una novela o poeta que nos hab\u00eda impresionado. Al escribir estas l\u00edneas, me ha venido a la cabeza una charla por tel\u00e9fono, durante el confinamiento, sobre <em>La amiga estupenda<\/em> de Elena Ferrante, que me hab\u00eda impactado y que \u00e9l hab\u00eda le\u00eddo en italiano. No s\u00e9 muy bien c\u00f3mo, acabamos hablando de Harry Potter: creo que ha sido la \u00fanica vez en mi vida que he tenido la sensaci\u00f3n de saber m\u00e1s que \u00e9l sobre algo. De esas conversaciones siempre me ha llamado la atenci\u00f3n c\u00f3mo su curiosidad puede llegar a cualquier tema.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda muy complicado hacer un esquema r\u00e1pido de sus virtudes como profesor e investigador, pero intentar\u00e9 mencionar algunas: erudici\u00f3n rigurosa (y apabullante); conocimiento actualizado de la bibliograf\u00eda, nunca entendida como un peso muerto sino como algo vivo que siempre ayuda a comprender el objeto de estudio, a saber necesariamente m\u00e1s; enorme cultura en sentido amplio; gran capacidad para establecer relaciones, tambi\u00e9n para ordenar ideas y datos; talante generoso y abierto a la hora de leer y situar los textos. No s\u00e9 si se debe a que no he perdido del todo algunos reflejos de alumna o quiz\u00e1 simplemente a que la admiraci\u00f3n a veces me abruma un poco, pero todav\u00eda me pongo nerviosa cuando tengo que dar una charla de trabajo delante de Andr\u00e9s o cuando lee algo m\u00edo, a pesar de que somos, desde hace ya mucho tiempo, amigos y (perd\u00f3nenme la presunci\u00f3n) compa\u00f1eros. Su presencia constante ha sido el mayor privilegio de mi vida acad\u00e9mica y uno de los grandes privilegios de mi vida en general. Con su jubilaci\u00f3n se cierra una etapa en el departamento de Literatura Espa\u00f1ola y me atrevo a decir que una idea y un modelo de universidad. Gracias por todo lo aprendido y lo vivido, maestro.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p>La sensaci\u00f3n era la del espectador que llega algo tarde. Aunque quiz\u00e1 valga m\u00e1s decir que llegamos en realidad en el momento justo, cuando todo aquello parec\u00eda deslizarse cronol\u00f3gicamente hacia el pasado al tiempo que sus efectos se espesaban como presente, como la atm\u00f3sfera cultural en la que se hab\u00edan ido tejiendo, en la que a\u00fan se tej\u00edan, nuestros propios afectos. El subsuelo sobre el que descansaban nuestros caminos era ya indisociable de los a\u00f1os en que una ciudad atravesada por el m\u00e1s laber\u00edntico de los imaginarios \u2014y por la m\u00e1s sorda de las brutalidades\u2014 se hab\u00eda abierto definitivamente a la modernidad. Y que lo hizo, adem\u00e1s, proponiendo algo espec\u00edfico, identificable y que nos identificaba a ojos de los dem\u00e1s. Recuerdo haber asistido, en noviembre de 1997, a uno de los actos del ciclo <em>Los martes de la Cuadra Dorada<\/em>, que en la Casa de los Tiros organizaba Jos\u00e9 Antonio Garc\u00eda S\u00e1nchez. Juan Carlos Rodr\u00edguez conferenciaba sobre <em>Habitaciones separadas<\/em>, el libro que en 1994 hab\u00eda dado el Premio Nacional de Literatura a Luis Garc\u00eda Montero, quien lo acompa\u00f1aba. Habl\u00f3 del <em>c\u00f3mo<\/em> que, en los poemas, articulaba el cruce del espacio y el tiempo \u2014el rinc\u00f3n y el a\u00f1o que combin\u00f3 Huidobro\u2014; de la mano que traza mediante la escritura un viaje que alarga el espacio que nos aprieta, que esboza el recorrido de un exilio donde, como en el <em>poema emblem\u00e1tico<\/em> sobre Jovellanos, se procura una libertad que no se tiene, que debe conquistarse. Garc\u00eda Montero no pudo evitar, y as\u00ed lo dijo, <em>emocionarse<\/em> durante el acto; y se defini\u00f3 p\u00fablicamente como una persona <em>de grupo<\/em> (<em>cada cual<\/em> \u2014a\u00f1adi\u00f3\u2014 <em>que interprete lo que quiera<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel poema, <em>El insomnio de Jovellanos<\/em>, era seguramente la condensaci\u00f3n m\u00e1s precisa de lo que hace un par de a\u00f1os Andr\u00e9s Soria Olmedo desarroll\u00f3 como propio del <em>optimista melanc\u00f3lico<\/em> Garc\u00eda Montero. Es decir, no abandonar la creencia en la historicidad de la literatura y de las emociones, pero sin desentenderse ni de las contradicciones generadas en la configuraci\u00f3n verbal espec\u00edfica que es el poema, ni de las modulaciones del trato del yo con una esfera p\u00fablica transformada. Era all\u00ed, en alg\u00fan recoveco de esas modulaciones, donde deb\u00eda subyacer la ciudad que el poema <em>Defensa de aquella amistad<\/em> no dej\u00f3, una vez m\u00e1s, de articular seg\u00fan un movimiento temporal:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las ciudades se pliegan, se despliegan, suceden<br>y se abren nocturnas, como fotograf\u00edas,<br>a trav\u00e9s de los hechos, las desapariciones,<br>existiendo dos veces, temblorosas, verbales,<br>a la luz del pasado y a los pies de la vida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y por all\u00ed, por alguno de esos pliegues, deb\u00edamos transitar tambi\u00e9n nosotros, habitantes de la ciudad que se despliega <em>a la luz del pasado y a los pies de la vida<\/em>. Solo que los pies de la vida parec\u00edan haberse desplazado un tanto con respecto a lo sucedido dos o tres d\u00e9cadas antes. Nuestro mundo, al filo del cambio de siglo, era ya el de las becas erasmus, con su inevitable mezcla de banalidad y bendici\u00f3n, y era, tambi\u00e9n, el de la explosi\u00f3n de la videocultura. Muy pronto iba a ser el de internet. Era, en suma, el mundo de la espacializaci\u00f3n del pensamiento que hab\u00eda diagnosticado Jameson. Y en \u00e9l nos tocaba, a nosotros, intentar decir <em>yo soy<\/em>. Juan Carlos Rodr\u00edguez hab\u00eda escrito que la historia deb\u00eda dejar de ser el discurso del <em>no<\/em> (frente al <em>s\u00ed<\/em> que, para Gadamer, la obra de arte nos impele siempre a pronunciar): hab\u00eda que decir <em>s\u00ed<\/em> a la historia, asumir la historicidad de las emociones para construirlas de otro modo \u2014lo que equivale a construirse a s\u00ed mismo de otro modo\u2014 mediante artefactos culturales. Solo que para \u00e9l no ten\u00eda mucho sentido preguntarse por el destino de la percepci\u00f3n en un mundo donde la circulaci\u00f3n de im\u00e1genes en tiempo real parec\u00eda arrasar con las categor\u00edas fenomenol\u00f3gicas. Inevitablemente, la cosa no pod\u00eda ser igual para un historiador del arte, aunque seguramente lo \u00fanico bueno del libro que mal que bien logr\u00e9 perge\u00f1ar al respecto fue respetar su origen situado, asumir que lo importante era la incidencia de aquella circulaci\u00f3n en nuestra experiencia efectiva. Andr\u00e9s Soria Olmedo fue uno de los primeros lectores de aquel libro, y huelga decir que la cosa me sorprendi\u00f3 enormemente. \u00c9l era un formidable erudito, y no era l\u00f3gico que perdiera su tiempo con algo definitivamente menor. Claro que entonces yo no sab\u00eda lo que, sin embargo, era <em>vox populi<\/em> en Granada: que Andr\u00e9s hab\u00eda sido uno de los primeros lectores de casi todo. Y que la primera piedra del edificio intelectual a cuya construcci\u00f3n \u00e9l ha consagrado sus d\u00edas ha sido siempre la palabra <em>lectura<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Defensa de aquella amistad<\/em>, justo despu\u00e9s de los versos citados, la figura que aparece es precisamente la de Andr\u00e9s: <em>No s\u00e9 qu\u00e9 m\u00e1s. El tiempo de los d\u00edas siguientes,\/como Andr\u00e9s, se hizo largo en una biblioteca<\/em>. De nuevo hay aqu\u00ed un <em>como<\/em>, de nuevo otra articulaci\u00f3n del tiempo y el espacio, del rinc\u00f3n y del a\u00f1o. El tiempo que se alarga en el espesor acumulado en las bibliotecas es el <em>tempo<\/em> de Andr\u00e9s. Uno podr\u00eda imaginarlo entre los papeles, la m\u00fasica, los objetos de su escritorio y su habitaci\u00f3n, alojados en ella, por decirlo a lo Bachelard, tanto recuerdos como olvidos. Si no fuera porque, para \u00e9l, todas las bibliotecas del mundo son de alg\u00fan modo su cuarto. <em>El a\u00f1o que viene o me vengo aqu\u00ed o me tiro por el cubo de la Alhambra<\/em>, hab\u00eda escrito Lorca a sus padres en la primavera de 1919, desde Madrid. Lo citaba Andr\u00e9s en el cat\u00e1logo de <em>Una habitaci\u00f3n propia<\/em>, la exposici\u00f3n con la que quiso homenajear a la Residencia de Estudiantes, y que tiene como hilo conductor el deseo de Lorca de disponer de ese cuarto <em>tan agradable que tengo muchas ganas de escribir y estudiar solo con estar en \u00e9l<\/em>, y en el que lleg\u00f3 a recibir la visita de <em>medio Madrid<\/em>, aunque para ello fuese transformado en una caba\u00f1a en el desierto o en una balsa de naufragio, desde cuyas ventanas \u00e9l y Dal\u00ed gritaban pidiendo auxilio. Andr\u00e9s no se fue a Madrid (por m\u00e1s que, temporalmente, haya ense\u00f1ado en Nueva York, en Boston, en Venecia), ni tuvo, menos mal, la ocurrencia de tirarse desde la torre de la Alhambra. Andr\u00e9s, por el contrario, cultiv\u00f3 ese tiempo largo de su cuarto en Granada, y ha conseguido que le acompa\u00f1e, como su ritmo propio, a todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>En los a\u00f1os noventa hubo mucha actividad en torno a las vanguardias espa\u00f1olas, y uno, investigador primerizo, hizo acopio de lo que pudo: cat\u00e1logos de exposiciones; facs\u00edmiles de revistas; el impresionante <em>Diccionario<\/em> de Bonet. Sab\u00eda, no obstante, que ya en 1981 se hab\u00eda defendido en Granada una importante tesis doctoral sobre el tema, que le\u00ed en la edici\u00f3n de <em>Istmo <\/em>de 1988, donde Andr\u00e9s recorr\u00eda la vida de las revistas literarias de las vanguardias asumiendo la ambig\u00fcedad de estas, el nudo que la conciencia de la propia historicidad formaba con la entrada al mercado. Pero solo fue aquel libro m\u00edo tan poco ortodoxo el que me dio acceso a lo que yo hubiera deseado obtener por v\u00edas m\u00e1s apropiadas: a la apabullante erudici\u00f3n y, supongo que puedo decirlo, a la amistad de Andr\u00e9s. Desde entonces, mi trato con \u00e9l ha sido a todas luces injusto, pues son muchas las veces en que, ante la perspectiva de escribir sobre Picasso, Ortega o, por supuesto, Lorca, le he pedido consejo \u2014las veces que, sin pedirlas, he recibido sugerencias provechosas son ya dif\u00edcilmente cuantificables\u2014. Pero su generosidad lo ha puesto f\u00e1cil. Su generosidad y, por qu\u00e9 no decirlo, su inter\u00e9s, tan lorquiano, por el arte m\u00e1s all\u00e1 del lenguaje verbal, bien compaginado con aquello que Jorge Guill\u00e9n, con cuya expresi\u00f3n <em>lenguaje de poema<\/em> Andr\u00e9s ha titulado su \u00faltimo libro, defend\u00eda frente al uso del indefinible t\u00e9rmino <em>poes\u00eda<\/em>: <em>Digamos \u201cpoema\u201d como dir\u00edamos \u201ccuadro\u201d, \u201cestatua\u201d. Todos ellos poseen una cualidad que comienza por tranquilizarnos: son objetos, y objetos que est\u00e1n aqu\u00ed y ahora, ante nuestras manos, nuestros o\u00eddos, nuestros ojos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Seguramente, lo primero que se fij\u00f3 en mi memoria de aquel libro de Andr\u00e9s sobre las vanguardias fue el poema de Moreno Villa con que se abr\u00eda: Jacinta; Picasso; los <em>dineros por arte<\/em>. Hoy le leo que tambi\u00e9n en Moreno Villa est\u00e1 el <em>ritornello<\/em> del cuarto: de la casa malague\u00f1a a la Residencia de Estudiantes y, sobre todo, al cuarto plural que imagina, en el barco que le tra\u00eda de vuelta en 1927, como el que marca el pulso de un pa\u00eds culturalmente entusiasta. \u00abEn realidad, nadie se da cuenta de lo que pudo influir en los otros\u00bb, escribi\u00f3, a prop\u00f3sito de su relaci\u00f3n con los m\u00e1s j\u00f3venes de la Residencia, en <em>Vida en Claro<\/em>. Ignoro hasta qu\u00e9 punto Andr\u00e9s es consciente de su influencia en tantos de nosotros. Aunque, en el fondo, tanto da. Lo \u00fanico esperable es que siga a\u00f1adiendo espesor a esa habitaci\u00f3n propia que tantas veces se alarga hasta acogernos.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p>La memoria es una criatura ingobernable. A lo largo de mi vida, he tratado de olvidar en vano y con esp\u00edritu zoquete ciertos momentos, ilusiones, personas, igual que trat\u00e9 de recordar muchos otros que se esfumaron para siempre (aunque, \u00bfsi no los recuerdo, c\u00f3mo s\u00e9 que se esfumaron?). Queda una sombra, un resto vivo, pero a menudo es dif\u00edcil saber c\u00f3mo te ense\u00f1aron lo que te ense\u00f1aron. Si las primeras clases de Historia en Bachillerato valieron realmente la pena. En qu\u00e9 consistieron los seminarios de aquella celeb\u00e9rrima profesora universitaria. Y, sin embargo, de la niebla ingrata de las horas pasadas frente al pupitre siempre emergen tres o cuatro docentes cuya ense\u00f1anza trasciende sus materias porque sigue trabajando dentro ti. De todo ello, queda adem\u00e1s una potencia que empuja, una obligaci\u00f3n \u00edntima y autoimpuesta, un destino \u00e1vido que hace unos a\u00f1os disfrac\u00e9 de prop\u00f3sito en un poema que termina as\u00ed: \u201cBuscarle el saber a quien se arrime y a quienes hace mucho que se fueron. Ser el maldito lobo del estudio feroz, dentro del hospital y de la cama, \/ despu\u00e9s de cada cementerio. Encontrar delicioso el problema de estudiar y, en el mismo pupitre, sufrirlo \/ mientras persigues un hedonismo abstracto (\u00a1y concreto, concreto!) de lo que se comparte, un mendrugo de amor, una \u00e9tica\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo lo que yo s\u00e9 sobre vanguardia y Generaci\u00f3n del 27 me lo ense\u00f1\u00f3 Andr\u00e9s Soria Olmedo. Desde aquellas clases que me impartiera hace ahora casi un cuarto de siglo, ha sido incalculable lo que se ha escrito y bastante lo que yo misma he le\u00eddo sobre el tema. Y, sin embargo, todo llega a m\u00ed como si fuera un aderezo. Si entra en conflicto con lo que \u00e9l me ense\u00f1\u00f3, me fastidia. Y tengo que hacer un enorme esfuerzo para no obedecer a mi instinto y descartarlo con displicencia. Hay gente que hace de su erudici\u00f3n un mundo. Y deja todo lo que no sea ese mundo flotando en un aire de irrealidad. Lo que ha escrito y ense\u00f1ado Andr\u00e9s siempre parece m\u00e1s cierto. Ya trate sobre lo fable o sobre lo inefable. Sobre la poes\u00eda de la literatura o la literatura de la poes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Si \u00e9l hiciera la cuenta de las horas que ha pasado frente a un libro, seguro que ser\u00edan varias d\u00e9cadas: un tiempo ganado. Cuando he conversado con \u00e9l, siempre he sentido que estaba en otro sitio, en ese otro tiempo. Y que hablaba como si le resultase inconcebible que su interlocutor no estuviera con \u00e9l, exactamente all\u00ed dentro. Sus palabras acostumbran a viajar ensimismadas desde esa dimensi\u00f3n <em>andresoriana <\/em>de la existencia, se tensan, vibran, se doblan atravesando la frontera de varios espacio-tiempos (\u00bfcorregir\u00eda \u00e9l esta concordancia?) hasta que aterrizan en tu asombro. Hay hombres que saben poco y se empe\u00f1an en explicarte lo poco que t\u00fa sabes. Hable de lo que hable, Andr\u00e9s siempre piensa que lo est\u00e1s entendiendo. Da por supuesto su caudal de lecturas, sus gui\u00f1os, sus referencias. Busca tu complicidad ironizando sobre las cosas que sabes y sobre las que no. Sus sobreentendidos son generosos porque, aunque conoce la human\u00edsima ignorancia, conversando parece incapaz de considerarla. Cuando mi hijo de tres a\u00f1os est\u00e1 a gusto con alguien, siempre le propone correr a su lado. No hacer una carrera ni cronometrarse, sino tan s\u00f3lo, como dice el DRAE: \u201cAndar r\u00e1pidamente y con tanto impulso que, entre un paso y el siguiente, los pies quedan por un momento en el aire\u201d. <em>\u00bfCorremos?<\/em> Yo a Andr\u00e9s siempre le escucho a su ni\u00f1o diciendo: <em>\u00bfLeemos?<\/em> Y una quisiera leer con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre las muchas cosas que echo de menos en la universidad espa\u00f1ola est\u00e1 que, dentro de sus malabarismos presupuestarios, contemple una prioridad inusitada: la creaci\u00f3n de un centro para el profesorado que, despu\u00e9s de jubilarse, quiera continuar ense\u00f1ando, investigando, poniendo en marcha proyectos que alienten a la universidad, ofreciendo al resto de la comunidad acad\u00e9mica el patrimonio de su creatividad, sus capacidades y conocimiento. Un espacio al que podamos acudir buscando gu\u00eda y entusiasmo intelectual. Que reconozca y siga acogiendo la entrega vital a una disciplina. Eso que en el mundo anglosaj\u00f3n llaman clubs o sociedades del profesorado senior, y que yo no me he topado nunca en Espa\u00f1a. Si hay en nuestra tradici\u00f3n algo semejante, lo desconozco. Tengo que pregunt\u00e1rselo a Andr\u00e9s Soria Olmedo. Yo quiero que haya un lugar en nuestras facultades donde, al pasar, se sienta el hierro magn\u00e9tico de la dimensi\u00f3n <em>andresoriana <\/em>de la existencia, un lugar en el que asomen la cabeza el profesorado por venir y sus estudiantes, para que alguien a su lado sonr\u00eda, tome impulso y, con los pies un momento en el aire, les pregunte: <em>\u00bfLeemos?<\/em><\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p>Hace muchos a\u00f1os ya de mi primer encuentro con Andr\u00e9s Soria Olmedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no recuerdo mal, debi\u00f3 de ser en el curso 96\/97, cuando me dio clases en mi \u00faltimo a\u00f1o de Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica, en la Universidad de Granada. Impart\u00eda la asignatura de Literatura espa\u00f1ola contempor\u00e1nea y, adem\u00e1s de su conocimiento de esa producci\u00f3n espec\u00edfica, lo que se me ha quedado fijado de aquellas sesiones son los momentos en los que Andr\u00e9s transitaba, inevitablemente, hacia otros campos te\u00f3ricos: la mirada tan compleja sobre la noci\u00f3n de <em>modernidad<\/em> que nos propon\u00eda; la implicaci\u00f3n de lo literario con cuestiones filos\u00f3ficas (por ejemplo, el acercamiento tan f\u00e9rtil que nos propuso a la teor\u00eda de Paul Ricoeur y sus <em>fil\u00f3sofos de la sospecha<\/em>); las vinculaciones con otras artes, especialmente la pict\u00f3rica y musical&#8230; Era evidente que Andr\u00e9s sab\u00eda tanto y lo sab\u00eda con tanta pasi\u00f3n que le costaba mantenerse en una noci\u00f3n estricta de <em>temario<\/em> o <em>gu\u00eda docente<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo grabada en mi memoria una an\u00e9cdota muy particular. Hubo un d\u00eda en el que, mientras est\u00e1bamos en el aula y Andr\u00e9s explicaba no recuerdo qu\u00e9 tema, empez\u00f3 a nevar. A trav\u00e9s de los ventanales, se ve\u00eda c\u00f3mo ca\u00eda esa especie de algod\u00f3n, formando, poco a poco, un manto blanqu\u00edsimo sobre el suelo y en las ramas de los \u00e1rboles. \u00c9l entonces nos habl\u00f3 de Gast\u00f3n Bachelard y de su po\u00e9tica del espacio. Nos dijo que hay personas que, ante la visi\u00f3n de la nieve, sienten el deseo irreprimible de tocarla. Finalmente, propuso que, quienes quisi\u00e9semos, aprovech\u00e1ramos la ocasi\u00f3n para salir a experimentar esa vivencia. Algunos de mis compa\u00f1eros y yo misma aceptamos la invitaci\u00f3n y durante unos minutos disfrutamos esa percepci\u00f3n sublime del entorno que nos rodeaba.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que, en aquel momento, me sorprendi\u00f3 la actitud de Andr\u00e9s, porque no era un docente que acostumbrara a saltarse las normas. Lo recuerdo como un profesor muy educado y algo t\u00edmido, que, a veces, se quedaba abstra\u00eddo en mitad de una reflexi\u00f3n, como navegando en su propio mundo interior. Gracias a aquella situaci\u00f3n in\u00e9dita, descubr\u00ed una faceta suya m\u00e1s sensible y so\u00f1adora. &nbsp;Me pregunto ahora si no le hubiera gustado tambi\u00e9n a \u00e9l levantarse de su asiento y venirse afuera, para poder sentir los copos helados sobre su rostro, dej\u00e1ndose llevar por la ingenuidad y el entusiasmo de un ni\u00f1o grande.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de aquel curso, ya establec\u00ed con Andr\u00e9s una relaci\u00f3n profesional, en el Departamento de Literatura Espa\u00f1ola; all\u00ed desarroll\u00e9 mi periodo como becaria pre y postdoctoral y, tras pasar seis a\u00f1os en la Universidad de Ja\u00e9n, me reincorpor\u00e9 en 2009, como profesora contratada. Durante la mayor parte del tiempo que he estado vinculada a dicho Departamento, Andr\u00e9s ha ejercido como director, teniendo a su lado, como secretarias, primero a Remedios Morales y m\u00e1s tarde a Encarnaci\u00f3n Alonso. Solo algunos a\u00f1os intermedios desempe\u00f1\u00f3 dicho cargo \u00c1lvaro Salvador, que cont\u00f3 con Vicente Sabido y despu\u00e9s conmigo misma para gestionar la Secretar\u00eda. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de todo este tiempo, en nuestro Departamento hemos vivido situaciones bastante complejas y he podido ver a Andr\u00e9s lidiar en un entorno no siempre amable. En esas circunstancias, de las que era muy dif\u00edcil salir del todo indemne, valoro, sobre todo, su sentido de la responsabilidad y la capacidad de trabajo que siempre demostr\u00f3: durante muchos cursos lectivos se prest\u00f3 a acoger m\u00e1s carga docente de la que le correspond\u00eda, con tal de beneficiar al colectivo (a pesar de que \u00e9l era el catedr\u00e1tico m\u00e1s antiguo y hubiera podido hacer prevalecer ese rango frente al resto). &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, me siento identificada con la visi\u00f3n que tiene Andr\u00e9s sobre la deriva, cada vez m\u00e1s asfixiante y competitiva (en el peor sentido de la palabra), que ha ido tomando la carrera universitaria. He colaborado con \u00e9l en la selecci\u00f3n de personal para varias plazas y siempre sent\u00edamos el mismo desconcierto y la misma impotencia al tener que aplicar un baremo que, en buena parte, valora los curr\u00edculums de forma cuantitativa, en lugar de aplicar criterios reales de calidad. En esas ocasiones, durante las largas horas que pas\u00e1bamos ante el ordenador en mi despacho, nos salvaba el humor: esa fina y punzante iron\u00eda tan suya, que he ido aprendiendo a captar, ley\u00e9ndole entre l\u00edneas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy segura de que, para Andr\u00e9s, esta profesi\u00f3n que compartimos se basa, sobre todo, en un af\u00e1n constante por ampliar el propio conocimiento, lo cual no siempre casa bien con la necesidad de cuadrar criterios evaluables por la ANECA o de atender a los \u00edndices de impacto. Y esa pasi\u00f3n por aprender se irradia, busca ser compartida. Por eso, un d\u00eda, por ejemplo, cuando te lo encuentras por el pasillo, Andr\u00e9s te puede recitar unos versos en ingl\u00e9s o en italiano; o te env\u00eda por email un art\u00edculo relacionado con una conversaci\u00f3n que tuviste con \u00e9l semanas atr\u00e1s; y, si pasas por su despacho, es habitual que lo encuentres escuchando alg\u00fan \u00e1lbum de m\u00fasica contempor\u00e1nea, sobre el que es capaz de darte una lecci\u00f3n magistral; o si coincid\u00eds en un acto cultural, tal vez te recomiende una exposici\u00f3n o una mesa redonda que sabe, a ciencia cierta, que te va a interesar\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Andr\u00e9s se jubila ahora de sus tareas docentes. En nuestro Departamento, todav\u00eda tendremos la oportunidad de disfrutarle algunos a\u00f1os como profesor em\u00e9rito.&nbsp; Pero poco a poco ir\u00e1 dejando las aulas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy segura, en cambio, de que nunca abandonar\u00e1 su curiosidad intelectual.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque es, sencillamente, su forma de habitar este mundo.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-medium-font-size\">Este texto lo le\u00ed, con m\u00ednimas variaciones, en mi presentaci\u00f3n el 17\/10\/2024 del ciclo <em>Vidas maestras <\/em>de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la Universidad de Granada. Ese d\u00eda estuvo consagrado a Andr\u00e9s Soria Olmedo.<\/p>\n\n\n\n<p>Buenos d\u00edas, casi buenas tardes,<\/p>\n\n\n\n<p>Asistimos hoy a una nueva edici\u00f3n del ciclo <em>Vidas maestras<\/em>, consagrado en esta ocasi\u00f3n a Andr\u00e9s Soria Olmedo, un muy querido referente de esta facultad. Quiero disculpar a nuestra decana Ana Gallego, a quien le hubiera encantado estar presente, pero que no ha podido debido a un viaje inaplazable.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Vidas maestras <\/em>es uno de nuestros ciclos m\u00e1s importantes. En \u00e9l homenajeamos a los maestros y maestras de nuestro centro en un momento especialmente sensible, la \u00faltima etapa de su carrera acad\u00e9mica. Lo hacemos mediante la realizaci\u00f3n de una entrevista coordinada por profesores y profesoras del Departamento donde imparta o haya impartido regularmente sus clases.<\/p>\n\n\n\n<p>Me toca introducir este acto y ceder la palabra a nuestras apreciadas compa\u00f1eras, profesoras del departamento de Literatura Espa\u00f1ola, Amelina Correa Ram\u00f3n y Encarna Alonso Valero. Pero antes quer\u00eda se\u00f1alar algo.<\/p>\n\n\n\n<p>No he sido alumno de Andr\u00e9s Soria Olmedo pero s\u00ed amigo, muy amigo, de alg\u00fan alumno y sobre todo de una alumna. Las virtudes intelectuales de Andr\u00e9s son de sobra conocidas y caen por su propio peso. Quer\u00eda sin embargo subrayar que las virtudes intelectuales no flotan sin soportes, sino que se entrelazan con virtudes humanas. Sin estas pr\u00e1cticas cotidianas, una suerte de peque\u00f1as inflexiones de la humanidad de alguien, resulta muy dif\u00edcil que afloren determinadas cualidades te\u00f3ricas. De hecho, creo que no podemos separar virtudes humanas e intelectuales, sino que se encuentran enmara\u00f1adas. Hablo de dos tipos de virtudes distintas, pero solo porque con ese referente es m\u00e1s f\u00e1cil entenderse.<\/p>\n\n\n\n<p>Me explico mediante un peque\u00f1o rodeo. Cuando escrib\u00eda esta breve presentaci\u00f3n, y pensando en lo que yo s\u00e9 de Andr\u00e9s Soria Olmedo, me acord\u00e9 de uno de mis h\u00e9roes favoritos de mi infancia: \u00c1yax . \u00c1yax es un h\u00e9roe muy particular cuya personalidad funciona a menudo como puntal de las empresas de otros. \u00c1yax interviene para que los otros hagan cosas o se salven de alguna acometida enemiga. Por ejemplo, \u00c1yax pone el escudo y los dem\u00e1s disparan flechas. \u00c1yax guarece y, nos explica Homero, parece una leona vigilando a sus cachorros. La parte que m\u00e1s disfrutaba es una en la que Menelao, intentando salvar el cad\u00e1ver de Patroclo y, con m\u00e1s miedo que \u00e1nimo ante la furia de H\u00e9ctor, apunta: <em>Si en la refriega oyera yo al bravo \u00c1yax, volver\u00edamos ambos al combate aunque fuera en contra de un Dios<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1yax hace fuertes a otros, \u00c1yax los protege cuando se enfrentan a enemigos temibles y \u00c1yax refuerza cuando marcha al costado de alguien, le otorga aplomo. Los individuos, con Ayax, se coaligan con un semejante que los vigoriza, defiende, potencia, tranquiliza. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed es una vida maestra: convierte a otros en maestros, les echa un ojo de cuando en cuando para que no se pierdan en alg\u00fan camino bald\u00edo; un maestro es alguien cuya presencia instituye, espolea, confirma. As\u00ed es el maestro que me han pintado mis amigos y amigas.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La diferencia era sentarse en aquel aula que ol\u00eda a tinta y a tabaco, sabiendo que la hora siguiente no habr\u00eda sido prevista por el \u00edndice ni los manuales. Que la literatura se presentar\u00eda abierta m\u00e1s all\u00e1 de cualquier esquema preestablecido. Como si cada cueva fuese perdiendo oscuridad y el grosor de la pared. Y las incontables bocas de la monta\u00f1a universal se acabasen fundiendo en una sola.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel hombre grande las iba juntando desde su mesa con el balbuceo del mago que va ritmando los descubrimientos y el asombro. Pues era un habla que pensaba y que desmara\u00f1aba las zarzas apretadas de las construcciones cr\u00edticas, y nos llevaba al claro del bosque desde&nbsp; donde volver a entender las conexiones entre tantos libros escritos en idiomas y pa\u00edses lejanos, pero que pertenec\u00edan al mismo universo po\u00e9tico o del pensar.<\/p>\n\n\n\n<p>La consecuencia de valor incalculable era derribar cualquier muro interpuesto entre la literatura universal y el lector, pues el trabajo de Andr\u00e9s Soria Olmedo era el de un c\u00edclope que atra\u00eda hacia s\u00ed los cinco continentes y, a\u00fan m\u00e1s poderoso a\u00fan, los tiempos desgajados de la Historia. \u00c9l los reun\u00eda convocados desde las telara\u00f1as de otras lecturas y pensamientos, in\u00e9ditos para los o\u00eddos del estudiante, y los pon\u00eda a hablar entre s\u00ed, juntando las piezas de un nuevo puzzle del entendimiento con poemas, novelas y ensayos escritos en cualquier parte y \u00e9poca del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l, que en estos a\u00f1os ha sabido adentrarnos en los textos y en la biograf\u00eda de Federico Garc\u00eda Lorca con una mezcla casi imposible de asepsia y profundidad, ley\u00f3 generoso mis primeras publicaciones. Yo supe que cualquier gesto suyo alrededor de un poema o de una novela era una contestaci\u00f3n que conten\u00eda varias dimensiones no necesariamente expresas: la aquiescencia de tantos otros libros ocultos en Andr\u00e9s Soria Olmedo pero tambi\u00e9n el sentido de una literatura para el presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Profundidad y asepsia. Mesura es una palabra m\u00e1s hermosa pero menos exacta. Porque el trabajo puede ser intenso y el alcance desmesurado, y la asepsia sigue vigente en el af\u00e1n de precisi\u00f3n. Pues la de Andr\u00e9s Soria Olmedo se trata de una precisi\u00f3n aventurera, como la del minero que quiere extraer de la monta\u00f1a el oro existente, todo el oro, pero a condici\u00f3n de no inventar el que no existe. No propiciar el m\u00ednimo enga\u00f1o. No crear niebla sino despejarla. Una suerte de equilibrio entre el entusiasmo y la necesidad de justicia, que se percibe en los t\u00edtulos de sus libros: <em>F\u00e1bula de fuentes, Disciplina y pasi\u00f3n de lo so\u00f1ado, Lenguaje de poema\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hay en todo ello una secreta alegr\u00eda. La del saber traer lo que existe del lugar invisible para los ojos distra\u00eddos, obturados o no esforzados. Y algo hermosamente humano: una enorme delicadeza que respeta el fondo al mismo tiempo que lo descubre. As\u00ed ha sido desde que fui su alumno en la Universidad de Granada. Y solo puedo agradec\u00e9rselo en estas breves palabras, pues sin \u00e9l yo habr\u00eda visto la literatura de otra forma: quiz\u00e1 encerrada en infinitos cofres independientes, que solo se pod\u00edan entender uno por uno, ya fuese en la libertad de su aroma, o en la c\u00e1rcel de una clasificaci\u00f3n solitaria. He tenido la fortuna de vivirlo tambi\u00e9n en los libros que Andr\u00e9s me ha presentado. Yo mismo entend\u00ed mejor lo que hab\u00eda escondido dentro de la cueva, cuando Andr\u00e9s Soria Olmedo abri\u00f3 de nuevo la monta\u00f1a.<\/p>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>A Juan Manuel, maestro de la duda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote has-text-align-left has-large-font-size\"><blockquote><p>La ciudad prometida que se llamaba noche<br>tuvo dos argumentos para buscar la luz.<br>Cuando Javier ven\u00eda escondido en su risa,<br>la inocencia y el fuego ara\u00f1aban las copas.<br>Antonio trajo entonces un sol para noct\u00e1mbulos.<br><br>En aquellos inviernos de nubes escol\u00e1sticas,<br>los reunidos pactaban las lluvias de verano.<br>Juan Carlos, el te\u00f3rico, descubr\u00eda dos versos<br>en los malos poemas y en las buenas canciones.<br>Mariano conspiraba a favor de la \u00f3pera.<br><br>En aquella ciudad, en aquella insolente<br>ciudad de la alegr\u00eda reci\u00e9n inaugurada,<br>\u00c1lvaro deshoj\u00f3 los ritos del futuro<br>y la palabra hoy, Juan ten\u00eda en sus ojos<br>el olor a pintura que necesita un sue\u00f1o.<br><br>Las ciudades se pliegan, se despliegan, suceden<br>y se abren nocturnas, como fotograf\u00edas,<br>a trav\u00e9s de los hechos, las desapariciones,<br>existiendo dos veces, temblorosas, verbales,<br>a la luz del pasado y a los pies de la vida.<br><br>No s\u00e9 qu\u00e9 m\u00e1s. El tiempo de los d\u00edas siguientes,<br>como <strong>Andr\u00e9s<\/strong>, se hizo largo en una biblioteca.<br>Siempre fue de mal gusto cerrar antes de hora.<br>Ciudad de los olvidos, la f\u00e1brica del Sur,<br>conmigo vas, mi coraz\u00f3n te lleva.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Para Andr\u00e9s, por lo que \u00e9l sabe<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote has-text-align-left has-large-font-size\"><blockquote><p>Est\u00e1s ah\u00ed.<br>De tu mejilla escapa<br>un sudor fr\u00edo.<br><br><br>Has visto<br>el inocente tacto de la muerte<br>y sabes<br>que el destino no existe.<br>La belleza<br>tan s\u00f3lo una ocasi\u00f3n entre la bruma<br>pudo ser.<br><br><br>Descansa, pues<br>la vida<br>ha de volver<br>con amoroso juego<br>a reclamar su parte de la historia.<\/p><\/blockquote><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un homenaje a la aventura intelectual El pasado mes de octubre se jubil\u00f3 en la &#8230; <\/p>\n<p class=\"read-more-container\"><a title=\"Andr\u00e9s Soria Olmedo\" class=\"read-more button\" href=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2024\/12\/15\/andres-soria\/#more-5072\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Andr\u00e9s Soria Olmedo\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[10,6,5],"tags":[],"class_list":["post-5072","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-memoria-de-granada","category-memoria-de-olvidos","category-piezas-procesos","infinite-scroll-item","generate-columns","tablet-grid-50","mobile-grid-100","grid-parent","grid-33","no-featured-image-padding"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.5 - 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