{"id":4323,"date":"2024-03-26T14:26:41","date_gmt":"2024-03-26T14:26:41","guid":{"rendered":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/?p=4323"},"modified":"2024-03-28T17:18:50","modified_gmt":"2024-03-28T17:18:50","slug":"w-g-sebald-destruccion-y-melancolia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2024\/03\/26\/w-g-sebald-destruccion-y-melancolia\/","title":{"rendered":"W.G. Sebald, destrucci\u00f3n y melancol\u00eda"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-pullquote\"><blockquote><p>&nbsp;\u201cY como la m\u00e1s pesada losa de la melancol\u00eda es el miedo al fin sin perspectivas de nuestra naturaleza, Browne busca aquello que se escapaba de la destrucci\u00f3n, busca las huellas de la misteriosa capacidad de la transmigraci\u00f3n que tan a menudo estudi\u00f3 en las orugas y en las mariposas\u201d <br>W.G. Sebald, <em>Los anillos de Saturno<\/em><\/p><\/blockquote><\/figure>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s dif\u00edcil que crear una nueva forma. Si nos ce\u00f1imos al dominio de lo que trata este texto, la literatura, se dir\u00eda que todo est\u00e1 ya inventado, que adem\u00e1s de los formatos cl\u00e1sicos las vanguardias exploraron todos los caminos posibles. Y sin embargo, de golpe y porrazo, un extra\u00f1o objeto no identificado atrae poderosamente nuestra atenci\u00f3n. Es el caso de los cuatro textos publicados por W.G. Sebald antes de su desdichado accidente: <em>V\u00e9rtigo<\/em> (1990), <em>Los emigrados<\/em> (1992), <em>Los anillos de Saturno<\/em> (1995) y <em>Austerlitz<\/em> (2001). Textos dif\u00edciles de clasificar, que oscilan entre la ficci\u00f3n y el documento bruto. El margen es amplio, as\u00ed que trataremos de localizar el nuevo objeto en alg\u00fan punto movedizo, aunque sea dif\u00edcil de estabilizar. Podemos comenzar proponiendo un esquema que &nbsp;ser\u00eda m\u00e1s o menos el siguiente: un narrador o sujeto recorre un espacio\/tiempo mientras ocurren una serie de encuentros: con personas, con edificios, con paisajes, etc. Esos encuentros son motivo de rememoraci\u00f3n de sucesos m\u00e1s o menos enterrados que van a aflorar a la conciencia. La materialidad de paisajes, edificios, \u00e1rboles, etc., suele enviar a una realidad consistente. Los personajes pueden ser ficticios o tan reales como un miembro de la propia familia del autor o la s\u00edntesis de dos o m\u00e1s personas encontradas realmente. Para complicar las cosas, en la p\u00e1gina se insertan fotograf\u00edas en blanco y negro de mala calidad, de la cosecha del escritor o de documentos de archivo. Ninguna merece la m\u00e1s m\u00ednima leyenda y muy pocas un comentario. El lector sigue los meandros por los que le conduce el narrador sin meta precisa ni sentido evidente. Pero cada encuentro, cada recuerdo produce una revelaci\u00f3n que descalabra el aparente fluir banal de las cosas. Es sin duda el imperativo de contar lo que es dif\u00edcil, si no imposible, lo que exige esta forma nueva. Dejemos claro desde el principio que, a pesar del tema que recorre la obra de Sebald (la destrucci\u00f3n, de la que veremos enseguida como se declina), la lectura de estos textos es sumamente estimulante. Ning\u00fan <em>pathos<\/em>, ninguna sentimentalidad ni victimismo se percibe en estos escritos que se leen con un enorme inter\u00e9s y que est\u00e1n plagados de sorpresas, de erudici\u00f3n sobre las peque\u00f1as y las grandes cosas, de iron\u00eda y hasta de humor, a veces muy <em>british<\/em>. Pero sobre todo lo que hace estimulante la lectura es la distancia con la que el autor trata los temas, el tacto infinito para abordarlos, la elegancia en el decir.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"356\" height=\"430\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/Hans-Peter-Tripp-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4325\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/Hans-Peter-Tripp-2.jpg 356w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/Hans-Peter-Tripp-2-248x300.jpg 248w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/Hans-Peter-Tripp-2-124x150.jpg 124w\" sizes=\"auto, (max-width: 356px) 100vw, 356px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-css-opacity\"\/>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Toda la obra de Sebald est\u00e1 marcada por el signo de la destrucci\u00f3n y de la memoria. La palabra destrucci\u00f3n cubre referencias diferentes aunque \u00edntimamente entremezcladas. Por un lado, la destrucci\u00f3n generada por la guerra desencadenada por el r\u00e9gimen nazi (con el amplio apoyo del pueblo alem\u00e1n) y la muerte de millones de personas y en particular el intento de exterminio total de los jud\u00edos de Europa. Por otro, la destrucci\u00f3n sistem\u00e1tica de las ciudades alemanas en los \u00faltimos a\u00f1os de la guerra por la aviaci\u00f3n aliada. Poniendo a funcionar la m\u00e1quina de la memoria Sebald comienza por constatar el atronador silencio que cubre Alemania en este periodo de su historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos algunos hechos. A partir de 1942 la <em>Royal Air Force<\/em> larg\u00f3 un mill\u00f3n de toneladas de bombas que borraron del mapa decenas de ciudades alemanas y que ocasionaron unas seiscientas mil v\u00edctimas civiles. Fue tal la intensidad de los bombardeos que por momentos el asfalto se convirti\u00f3 en una especie de lava en la que se fund\u00edan todo tipo de objetos, animales y humanos en una misma compacta materia. El objetivo era la destrucci\u00f3n completa de Alemania y la desmoralizaci\u00f3n de la sociedad civil. Aunque pronto se vio que no se cumpl\u00edan todos los objetivos, los bombardeos siguieron hasta el final. Sir Arthur Harris (<em>commander in chief of bomber command<\/em>) quien, tras las primeras discusiones sobre la pertinencia y moralidad de los objetivos hab\u00eda tomado las riendas de la empresa arrastrando al acuerdo a Churchill, era, seg\u00fan Sebald \u201cun hombre que cre\u00eda en la destrucci\u00f3n por la destrucci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1997 Sebald pronuncia en Z\u00farich unas conferencias que titula \u201cGuerra a\u00e9rea y literatura\u201d (<em>Luftkrieg und Literatur<\/em>) que posteriormente retomar\u00e1 en el volumen del mismo t\u00edtulo, ampli\u00e1ndolas. La pregunta que plantea Sebald parece simple: \u00bfpor qu\u00e9 no hay ninguna huella significativa de los bombardeos ni en la literatura ni en los estudios hist\u00f3ricos en Alemania? \u00bfA qu\u00e9 se debe ese enorme agujero de la memoria? Finalizada la guerra los reporteros aliados que se adentraron en aquellos laberintos de desolaci\u00f3n que eran las ciudades alemanas dieron cuenta&nbsp; del car\u00e1cter alucinatorio de lo que se ofrec\u00eda a la vista. No s\u00f3lo el amontonamiento de ruinas (42 metros c\u00fabicos de escombros por habitante en Dresde, por ejemplo) sino el errar alucinado de los supervivientes o la no menos alucinante persistencia de los rituales cotidianos en un decorado de destrucci\u00f3n absoluta. El t\u00edtulo que recoge estas conferencias, tanto en espa\u00f1ol como en franc\u00e9s y en ingl\u00e9s (Sobre la historia natural de la destrucci\u00f3n, De la destruction comme \u00e9l\u00e9ment de l\u2019histoire naturelle, On natural History of Destruction) retoma el de un art\u00edculo proyectado y no escrito finalmente por el periodista ingl\u00e9s Solly Zuckerman tras su visita a Colonia tras la guerra. Cuando Sebald le pregunta en los a\u00f1os 80 por qu\u00e9 no lo escribi\u00f3, le respondi\u00f3: \u201cmi primera visi\u00f3n de Colonia exig\u00eda una relaci\u00f3n m\u00e1s elocuente de todo lo que habr\u00eda podido escribir\u201d. \u201cUna relaci\u00f3n m\u00e1s elocuente\u201d es una manera de nombrar la inmensa dificultad de escribir lo que desborda lo inteligible. Sebald constata que el trauma de los acontecimientos produjo, por un lado, un par\u00f3n de la memoria que dej\u00f3 de funcionar; por otro, una serie de testimonios dudosos que parec\u00edan salir de una mala novela. Lo que aparec\u00eda de vez en cuando era una visi\u00f3n apocal\u00edptica que inscrib\u00eda la realidad de la destrucci\u00f3n en un relato religioso de los fines \u00faltimos que bloqueaba toda tentativa de comprensi\u00f3n real de los hechos. Es decir, no solo no hab\u00eda testimonios fidedignos de los supervivientes, ni un trabajo documental de los historiadores (que, cuando sabemos la importancia de la Historia para la cultura alemana, es todav\u00eda m\u00e1s elocuente) sino que tampoco hab\u00eda un trabajo de memoria entre los escritores. El \u00fanico aut\u00e9ntico representante de lo que hubiera sido una \u201cliteratura de ruinas\u201d fue la novela de Heinrich B\u00f6ll, <em>El silencio del \u00e1ngel<\/em>, publicada en 1992, \u00a1cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su redacci\u00f3n! Los tres escritores que intentaron describir los hechos y las condiciones de vida de los supervivientes (Hermann Kasack, Peter de Mendelssohn y Hans Erich Nossack) no solo, seg\u00fan Sebald, no ceden a la tentaci\u00f3n de mostrar una ficci\u00f3n pseudometaf\u00edsica de la destrucci\u00f3n, estableciendo as\u00ed una sublimaci\u00f3n de la realidad inaudita con ayuda de falsos conceptos humanistas o simb\u00f3licos, sino que la lengua que utilizan no consigue diferenciarse de la del universo fascista y sigue siendo una lengua impregnada de ret\u00f3rica nazi. \u201cEn general, sostiene Sebald, los que alcanzan a encontrar un sentido metaf\u00edsico a la destrucci\u00f3n escapan a ese destino ignominioso. Ejercen un oficio menos peligroso que el que consiste en acordarse concretamente\u201d. Porque ante todo no se trata de extraer de las ruinas un efecto est\u00e9tico, se trata de situarse lo m\u00e1s cerca posible de los hechos concretos adoptando una exigencia de verdad sin concesiones. Un m\u00e9todo que partir\u00eda del documento concreto y no de un imaginario abstracto.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta evidente que la intenci\u00f3n de Sebald no es la de hacer de esta destrucci\u00f3n un martirologio alem\u00e1n, pues pone en evidencia la responsabilidad de Alemania en la destrucci\u00f3n de Europa y recuerda que exist\u00eda un plan, que los nazis no pudieron llevar a cabo por falta de medios, de arrasar por completo la ciudad de Londres. Lo que pretende es meditar sobre el desastre con el fin de hacer un trabajo de duelo que impida su reiteraci\u00f3n. Desde su Tesis en 1980 (<em>El mito de la destrucci\u00f3n en la obra de D\u00f6blin<\/em>) Sebald insiste &nbsp;en el hecho de que los hombres tienden a ignorar la destrucci\u00f3n que provocan y convoca, al final de la segunda de las conferencias citadas, al \u201c\u00e1ngel de la historia\u201d de Walter Benjamin que es empujado \u201cirresistiblemente hacia el porvenir al que da la espalda, mientras que el mont\u00f3n de ruinas ante \u00e9l se eleva hasta el cielo\u201d. Podr\u00edamos hacer de esta cita, alegor\u00eda de la modernidad y del progreso que no repara en las ruinas que va dejando tras de s\u00ed, el n\u00facleo de sentido de la obra de Sebald. De la misma manera, as\u00ed como Benjamin constataba la pobreza de la experiencia comunicable de los que volv\u00edan de la Primera Guerra y ve\u00eda en ello una nueva forma de barbarie, Sebald constata la desaparici\u00f3n de las memorias tras la Segunda Guerra y el rechazo a posicionarse frente a los acontecimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo sentido de la palabra destrucci\u00f3n es el que se refiere a la Shoah, tema que ocupa la mayor parte de las p\u00e1ginas de Sebald en sus cuatro libros. En una de sus entrevistas Sebald plantea abruptamente el problema: \u00bfc\u00f3mo un \u201cgentil alem\u00e1n\u201d puede escribir sobre la Shoah? \u00bfQu\u00e9 tono adoptar, cu\u00e1l es la distancia necesaria, qu\u00e9 modo sensible para referirse a los hechos? Sebald ha trabajado de cerca la literatura de los supervivientes y en especial el testimonio de Jean Am\u00e9ry. Sus personajes est\u00e1n impregnados de estos relatos y del destino tr\u00e1gico que encontraron algunos de ellos. Supervivientes que \u201cno lograron escapar a las sombras proyectadas sobre su vida por la Shoah y que terminaron sucumbiendo al peso de la memoria\u201d. Si nos detenemos en su \u00faltimo libro, aparecido poco despu\u00e9s de su fallecimiento, veremos que se construye sobre el testimonio de Jacques Austerlitz, personaje que el narrador encuentra en la <em>salle des pas perdus<\/em> de la estaci\u00f3n de Amberes en 1967 y que a lo largo del relato y de numerosos encuentros, le va narrando su vida siguiendo un d\u00e9dalo tortuoso hasta llegar al ni\u00f1o de cuatro a\u00f1os y medio que llega a Londres desde Praga para ser recibido por una familia de acogida que le borrar\u00e1 su origen y su memoria. Seguimos paso a paso el proceso de revelaci\u00f3n que Austerlitz tiene que realizar sobre su propia vida mientras la cuenta al narrador. En realidad el modelo del personaje es doble. Por un lado un historiador de la arquitectura que Sebald hab\u00eda encontrado en varias ocasiones y al que le otorga una capacidad explicativa fuera de lo com\u00fan. El relato de Austerlitz est\u00e1 trenzado con su inter\u00e9s por la arquitectura y en especial la arquitectura militar: el fuerte de Breendonk que, terminado poco antes del desencadenamiento de la Primera Guerra mostr\u00f3 enseguida su inutilidad defensiva, pero que fue utilizado por los nazis como centro de detenci\u00f3n y tortura (Jean Am\u00e9ry cuenta su internamiento en este lugar) y ahora es el Museo de la Resistencia belga; o la ciudad fortificada de Terez\u00edn (Chequia), cuya estructura geom\u00e9trica recuerda <em>La ciudad del Sol<\/em> de Campanella y donde los nazis instalaron el famoso campo de concentraci\u00f3n de Theresienstadt que sirvi\u00f3 de escaparate para mostrar a la Cruz Roja un (falso) aspecto civilizado de los campos de concentraci\u00f3n. &nbsp;El otro componente en el que se inspira Sebald para su personaje es el testimonio de una mujer escuchado por azar en la televisi\u00f3n que hablaba de su llegada a Londres a bordo de uno de los <em>Kindertrasporte<\/em>, trenes que part\u00edan cargados de ni\u00f1os jud\u00edos de Alemania o Checoslovaquia al principio de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, podr\u00edamos ir m\u00e1s lejos y hablar de una ontolog\u00eda de la destrucci\u00f3n en la obra de Sebald m\u00e1s all\u00e1 de este nudo originario. Es el sentido de la frase \u201csobre la historia natural de la destrucci\u00f3n\u201d que acompa\u00f1a sus conferencias sobre la \u201cguerra a\u00e9rea\u201d. Las referencias a la destrucci\u00f3n \u201cnatural\u201d, es decir no provocada al menos directamente por la mano del hombre son numerosas. Podr\u00edamos citar la menci\u00f3n, al final de <em>Los anillos de Saturno<\/em>, del episodio de destrucci\u00f3n natural del que fue testigo: el hurac\u00e1n que asol\u00f3 el sureste de Inglaterra el 16 de octubre de 1987 y que caus\u00f3 la destrucci\u00f3n de miles de \u00e1rboles. O a Thomas Browne, que ocupa buena parte del mismo libro, y del que recuerda su obsesi\u00f3n: \u201cDe un modo an\u00e1logo a ese proceso constante de devorar y ser devorado, para Thomas Browne tampoco hay nada que tenga permanencia. Sobre cada nueva forma ya se cierne la sombra de la destrucci\u00f3n. Esto es, la historia de cada uno, la de todos los estados y la del mundo entero, no transcurre sobre un arco que se alza cada vez m\u00e1s lejos y de forma m\u00e1s bella, sino sobre una trayectoria que, una vez alcanzado el meridiano, desciende a la oscuridad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras cada empresa humana llega el momento inexorable de su aniquilamiento, ya sea por destrucci\u00f3n natural, ya sea por la misma mano del hombre. Y lo que queda siempre no es m\u00e1s que un campo de ruinas. La tarea del escritor ser\u00eda la de rescatar de esa desolaci\u00f3n una memoria que nos ayude a comprender y nos evite la repetici\u00f3n en algunos casos. Pero ser\u00eda banal quedarnos en la constataci\u00f3n de una destrucci\u00f3n provocada por las fuerzas de la naturaleza, veremos m\u00e1s adelante que existe una relaci\u00f3n esencial entre historia natural e historia humana.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"473\" height=\"790\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/foto-1-9.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4326\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/foto-1-9.jpg 473w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/foto-1-9-180x300.jpg 180w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/foto-1-9-90x150.jpg 90w\" sizes=\"auto, (max-width: 473px) 100vw, 473px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-css-opacity\"\/>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Es evidente que este nudo tem\u00e1tico en torno al poder de destrucci\u00f3n y a la ausencia de memoria, capaz de dar cuenta de los hechos para as\u00ed contribuir a impedir su repetici\u00f3n y matriz de la obra de Sebald, va conform\u00e1ndose de alguna manera en su obra hasta volverse inevitable. En realidad, el primer tema se inscribe en la historia del joven Sebald, lo marca de manera imperceptible hasta que el segundo tema, el de la Historia, se manifiesta como el revelador de la destrucci\u00f3n total: el intento de borrar del mapa a todo un pueblo. La obra es pues el fruto del anudamiento de la historia con la Historia. Algunas notas sobre la historia del propio autor se imponen.<\/p>\n\n\n\n<p>Winfried Georg Maximilian Sebald (que se har\u00e1 llamar Max de adulto para evitar la resonancia aria de su nombre) nace en 1944 en un pueblecito de Baviera, Wertach. Su nacimiento se inscribe bajo el doble signo de Saturno y de la destrucci\u00f3n: su&nbsp; madre, que se encontraba en 1943 en Bamberg, en el norte de Baviera,&nbsp; ante la intensificaci\u00f3n de los bombardeos aliados tiene que huir y recorrer embarazada el camino que la lleva hasta el sur, sorteando N\u00faremberg arrasada y en llamas. A pesar de este tormentoso debut prenatal, su infancia en Baviera le mantendr\u00e1 al abrigo de la devastaci\u00f3n absoluta de los \u00faltimos a\u00f1os de la guerra. Sebald pertenece a una familia de la peque\u00f1a burgues\u00eda que vio su nivel de vida aumentar con la llegada del nazismo. Su padre, al que no conoci\u00f3 hasta 1947 al volver del campo en el que estuvo prisionero, aunque suboficial de la Wehrmacht desde poco antes del inicio de la guerra, hab\u00eda sido elegido en dos ocasiones consejero municipal por el partido social-dem\u00f3crata. De la campa\u00f1a de Polonia, en la que particip\u00f3, Sebald recuerda algunas fotos extra\u00f1as en el \u00e1lbum familiar. Una familia puro producto del fascismo, dir\u00e1. Del pasado, ninguna referencia, un pacto impl\u00edcito hac\u00eda que nadie se refiriera a aquel periodo, lo mismo en la escuela. Su educaci\u00f3n de ni\u00f1o corri\u00f3 m\u00e1s bien a cargo de su abuelo, que falleci\u00f3 cuando ten\u00eda doce a\u00f1os; un hombre afable, ferroviario y sindicalista, que dej\u00f3 una huella imborrable en Sebald que lo recuerda en varias ocasiones en su obra. M\u00e1s tarde, estudiante en la universidad de Friburgo, comprueba que sus profesores, que hicieron sus tesis en los a\u00f1os treinta, eran todos dem\u00f3cratas, por supuesto, y tampoco hablaban del pasado. Huyendo de un medio que le resultaba insoportable consigue un puesto de lector en la universidad de Manchester a los veintid\u00f3s a\u00f1os y, tras algunos intentos infructuosos de establecerse en los pa\u00edses de lengua alemana (cuyo ambiente le resultaba irrespirable al cabo de un cierto tiempo), se establecer\u00e1 en 1970 en la universidad de East Anglia, en Norwick, al sureste de Inglaterra, en donde leer\u00e1 su tesis y desarrollar\u00e1 una labor de docencia en literatura alemana, siendo nombrado profesor en 1984. All\u00ed desarrollar\u00e1 una obra considerable de cr\u00edtica de literatura en lengua alemana y comenzar\u00e1 tard\u00edamente a escribir sus \u201cprosas\u201d no acad\u00e9micas.<\/p>\n\n\n\n<p>Personaje desarraigado pues, expatriado primero por una fuerza difusa, despu\u00e9s por la revelaci\u00f3n de las atrocidades que Alemania cometi\u00f3, Sebald trata de reflexionar y luchar contra la terrible fuerza del olvido que se abate sobre ciertas circunstancias y que hay a toda costa que hacer aflorar a la conciencia. De ah\u00ed la necesidad de una nueva forma que se adapte a la dificultad del tema tratado. Sebald rechaza el t\u00e9rmino de novela para definir sus libros. Los denomina simplemente \u201cprosa\u201d o \u201cprosa narrativa\u201d. Para <em>Los emigrados<\/em> utiliza \u201crealismo ficcional\u201d o \u201cficci\u00f3n realista\u201d; a veces habla de \u201cficci\u00f3n documental\u201d. Aunque se confiesa ajeno a la mayor parte de la literatura de su tiempo en lengua alemana salva algunas las excepciones sobre las que escribir\u00e1: Franz Kafka, Robert Walser y Thomas Bernard, sobre todo. Sus influencias las reconoce m\u00e1s bien de los autores alemanes del siglo XIX (Heinrich von Kleist, Jean-Paul Richter, Gottfried Keller, Adalbert Stifter), autores perif\u00e9ricos que utilizaban un ritmo pros\u00f3dico muy marcado y conced\u00edan m\u00e1s inter\u00e9s a la labor de escritura que al tema o la intriga. De estos autores la escritura de Sebald hereda un gusto por la hipotaxis que se va acentuando con el tiempo, lo que se traduce por frases largas que, encaden\u00e1ndose, nos trasportan en un ritmo pausado que va hilvanando las ideas y como envolviendo al lector. Si analizamos la escritura de Sebald y la arquitectura de sus relatos veremos que utiliza varios&nbsp; procedimientos. Nos detendremos en tres: el desplazamiento, el montaje y la \u201canacron\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Como vimos las \u201cprosas\u201d de Sebald suelen construirse a partir de un narrador\/sujeto que se desplaza. Si nos fijamos en el comienzo de los relatos que componen <em>V\u00e9rtigo<\/em> observaremos lo siguiente: en \u201cBeyle o el singular fen\u00f3meno del amor\u201d, que trata en realidad de Stendhal, es un ej\u00e9rcito el que se desplaza: \u201cA mediados de mayo de 1800, Napole\u00f3n cruz\u00f3 el Gran San Bernardo con 36.000 hombres, empresa que hasta aquel momento se hab\u00eda tenido casi por imposible\u201d. En \u201cAll\u2019Stero\u201d es el propio narrador\/Sebald el que nos conduce a un viaje por Europa: \u201cEn aquel entonces, hablo de octubre de 1980, con la esperanza de salir de una \u00e9poca especialmente mala mediante un cambio de lugar, hab\u00eda partido de Inglaterra, donde llevo viviendo desde hace casi veinticinco a\u00f1os en un condado casi siempre gris, cubierto de nubes, con direcci\u00f3n a Viena\u201d. El tercer relato (\u201dViaje del&nbsp; doctor K. a un sanatorio de Riva\u201d) nos conduce de la mano de Kafka: \u201cEl s\u00e1bado 6 de septiembre de 1913, el doctor K., vicesecretario del Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo de Praga, se encontraba camino de Viena para participar en un congreso sobre socorrismo e higiene\u201d. Una cita similar podr\u00edamos extraer del inicio del \u00faltimo relato que lleva el elocuente t\u00edtulo italiano de \u201cIl ritorno in patria\u201d. El desplazamiento continuo confiere a la prosa una fluidez tranquila, alejada de la aceleraci\u00f3n contempor\u00e1nea. Desplazarse es encontrar(se), confrontarse a la presencia de una alteridad con la que entenderse y experimentar la existencia. El modelo por supuesto es el del propio narrador quien, con su mochila a cuestas, recorre un espacio que lo transporta tambi\u00e9n por una temporalidad no lineal. <em>Los Anillos de Saturno<\/em>, prosa situada bajo el signo de la melancol\u00eda, es un recorrido por una regi\u00f3n inglesa cercana al lugar de residencia de Sebald: \u201cEn agosto de 1992, cuando la can\u00edcula se acercaba a su fin, emprend\u00ed un viaje a pie a trav\u00e9s del condado de Suffolk, al este de Inglaterra\u2026\u201d. Sin salirse de su recorrido Sebald nos hablar\u00e1 del cient\u00edfico y escritor del siglo XVII, originario de Norwich, Thomas Browne o del delirio arquitect\u00f3nico de Somerleyton, de la pesca del arenque en el Mar del Norte, del Congo de Leopoldo II y del testimonio de Casement sobre el exterminio de la poblaci\u00f3n aut\u00f3ctona, de Cixi, Emperatriz de China, del amor de juventud de Chateaubriand o de la industria de los gusanos de seda. Todo ello mientras camina por lugares inh\u00f3spitos, sufre visiones y angustias inexplicables, o visita a otros personajes que nos introducen en sus historias sin mediar cuartel.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el recorrido es sinuoso no lo es menos la temporalidad a la que nos arrastra. Mientras el relato fluye nos vemos embarcados en \u00e9pocas m\u00e1s o menos remotas que afloran a la superficie de lo que se ve: una famosa estaci\u00f3n balnearia al abandono, un pueblo costero erosionado por el mar que lo va engullendo poco a poco, temporal a temporal, o la decadencia de la ciudad de Manchester, otrora joya de la Corona industrial inglesa. Pero no solo son historias \u00fanicas que afluyen del pasado, a veces presente y pasado, o pasados distintos, convergen en el mismo relato creando un efecto de anacronismo creador de sentido. Gracias a las continuas analog\u00edas, semejanzas o correspondencias se construye una temporalidad compuesta de fragmentos inconexos. En ese continuo esfuerzo de rememoraci\u00f3n el pasado se difumina y la memoria tiene que luchar para ordenar las im\u00e1genes de ese pasado en su sucesi\u00f3n exacta. Es a eso a lo que podemos llamar una \u201canacron\u00eda\u201d, siguiendo la sugerencia de Jacques Ranci\u00e8re: \u201cuna anacron\u00eda es una palabra, un acontecimiento, una secuencia significativa sacados de \u2018su\u2019 tiempo, dotados al mismo tiempo de la capacidad de definir un cambio de agujas temporales distintas, de asegurar el salto o la conexi\u00f3n de una l\u00ednea de temporalidad a otra\u201d. Particularmente productoras de sentido son las anacron\u00edas que podemos rastrear en <em>Austerlitz<\/em>. Compuesto por los relatos de los m\u00faltiples encuentros entre el personaje y el narrador, la l\u00ednea sinuosa del tiempo nos va conduciendo por los meandros de la conciencia de Austerlitz conforme va desvelando su historia. Distintos momentos de su historia y de la Historia convergen, se anudan y se desanudan en un relato que fluye sin cesar y en el que el lector se ve impulsado por una fuerza extra\u00f1a. Los relatos se encajan unos en otros, los personajes que se cruzan en la vida de Austerlitz desarrollan sus historias particulares. Es constante en el texto el recurso a: \u201cdijo (tal personaje), dijo Austerlitz\u201d. El hilo de la narraci\u00f3n se prosigue saltando de una historia a otra, de un tiempo a otro, a veces cambiando en un mismo segmento de frase sin que la continuidad se vea alterada.<\/p>\n\n\n\n<p>El montaje temporal no es sino un aspecto del montaje general con el que Sebald organiza sus relatos. Su mec\u00e1nica es la de un experto <em>bricoleur<\/em> que comienza por acumular una colecci\u00f3n de objetos dis\u00edmiles, que hace el inventario y que los va colocando conforme le van haciendo falta: \u201cYo trabajo, dice Sebald, de acuerdo al sistema del <em>bricolaje<\/em>, en el sentido de L\u00e9vi-Strauss. Una forma de trabajo salvaje y extra\u00f1a, una suerte de pensamiento\u00a0 pre\u2013racional: los hallazgos literarios se van acumulando accidentalmente, van cayendo por azar hasta que se acomodan y riman unos con otros\u201d. Pero la aparente (y real) erudici\u00f3n de Sebald se asemeja a menudo m\u00e1s a la de Borges que a la del historiador. De hecho el argentino es convocado en dos ocasiones en <em>Los anillos de Saturno<\/em>. La primera es a prop\u00f3sito de <em>El libro de los seres imaginarios<\/em> y su referencia a Simplicius Simplicissimus; la segunda concierne la reflexi\u00f3n sobre el tiempo, o m\u00e1s bien sobre su negaci\u00f3n en <em>Tl\u00f6n, Uqbar, Orbis Tertius<\/em>. En realidad el montaje literario no demuestra nada, tan solo muestra, ya sea por disonancias, ya sea por semejanzas. Este \u00faltimo empleo es el que parece predominante en Sebald que suele utilizar una frase-imagen continua aunque parca en met\u00e1foras. Se tratar\u00eda de partir de la paradoja del documento bruto (aunque sea inventado), nunca de la imaginaci\u00f3n. La \u201cmonoton\u00eda\u201d del tono narrativo viene de ese continuo desplazamiento en el que todo elemento se va encajando. El desplazamiento en el espacio y en el tiempo crea un continuum meton\u00edmico en el que las historias se van hilvanando por contig\u00fcidad. Lo que va apareciendo en el recorrido es una comunidad de sentido (negativo, de destrucci\u00f3n). La comunidad que desvela es la de cada elemento convocado a la destrucci\u00f3n. T\u00e9rminos aparentemente alejados aparecen iluminados por un sistema com\u00fan de pertenencia secreta, pero no muy dif\u00edcil de conectar una vez superpuestos. En este sentido no se trata tanto del acercamiento de dos elementos heterog\u00e9neos como del desvelamiento de dos realidades cercanas que estaban en espera de esa proximidad para adquirir sentido. El montaje concierne tambi\u00e9n a la lengua. Sebald escribe en alem\u00e1n e introduce fragmentos en ingl\u00e9s (sin traducir) cuando cita las palabras de los personajes que encuentra. Algunos de esos personajes han perdido su lengua de origen y con ella sus recuerdos. A esto se a\u00f1aden las citas de obras (reales o inventadas) o las im\u00e1genes incrustadas en la p\u00e1gina, como huellas de lugares y pasados que convoca. Las citas son m\u00e1s o menos aut\u00e9nticas. Sebald puede utilizar un verdadero diario y a\u00f1adir partes escritas por \u00e9l. En tanto que \u201cficci\u00f3n realista\u201d no solo no se atiene a ninguna erudici\u00f3n rigurosa sino que se otorga el derecho de inventar obras imaginarias. En cuanto a las im\u00e1genes o fotograf\u00edas, sin leyenda, propias o ajenas, tienen ante todo una funci\u00f3n documental de un estilo particular. En una de sus entrevistas\u00a0 sostiene que le sirven para \u00ab\u00a0acreditar la veracidad del relato\u00a0\u00bb o para \u00ab\u00a0conferir una legitimidad a la historia contada\u00a0\u00bb. Lo que es dif\u00edcil de comprender cuando vemos que una de las pocas fotograf\u00edas comentadas es la de una quema de libros en la Alemania nazi que resulta ser una falsificaci\u00f3n. M\u00e1s f\u00e1cil de entender es su capacidad, sostiene Sebald, de detener el tiempo, el de la narraci\u00f3n tanto como el de la lectura. La imagen servir\u00eda para ralentizar la huida del tiempo de la ficci\u00f3n que sigue una temporalidad que tiende hacia un final. Las im\u00e1genes ser\u00edan como retenciones, presas que refrenan el caudal y ralentizan la lectura. Las im\u00e1genes detienen el tiempo suspendi\u00e9ndolo a la visi\u00f3n, tienen as\u00ed una funci\u00f3n r\u00edtmica. A\u00f1adiremos una \u00faltima funci\u00f3n posible, la de ser capaz de crear epifan\u00edas: reviviendo fantasmas, le dan vida al pasado y hacen arrancar la historia. Sabemos, por ejemplo, que el origen del relato \u201cAmbros Adelwarth\u201d, tras el que se oculta un t\u00edo-abuelo del autor, es el descubrimiento de una fotograf\u00eda de este vestido de \u00e1rabe. Pero deteng\u00e1monos en una fotograf\u00eda en concreto e intentemos ver su funci\u00f3n. Se trata de una imagen de Manchester contenida en el relato \u201cMax Ferber\u201d de <em>Los emigrados<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"408\" height=\"538\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/image-18.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-4500\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/image-18.png 408w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/image-18-228x300.png 228w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/image-18-114x150.png 114w\" sizes=\"auto, (max-width: 408px) 100vw, 408px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Max Ferber es un personaje s\u00edntesis de dos personas conocidas de Sebald: su casero de Manchester, del que m\u00e1s tarde descubri\u00f3 que era de origen jud\u00edo alem\u00e1n, y el pintor de la escuela de Londres Frank Auerbach, del mismo origen. La historia comienza con la llegada del narrador (que no se nombra nunca a s\u00ed mismo) a Manchester en 1966. Se suceden la visi\u00f3n desde el avi\u00f3n, la espera en la aduana, el recorrido en taxi en busca de un hotel barato a las cinco de la ma\u00f1ana &nbsp;(\u201cCab\u00eda pensar en efecto que la ciudad hab\u00eda sido abandonada tiempo atr\u00e1s por sus habitantes y que ahora ya no era m\u00e1s que un inmenso dep\u00f3sito de cad\u00e1veres o un mausoleo\u201d), la llegada al hotel y el extra\u00f1o recibimiento de Mrs Irlam; la \u201cteas-maid\u201d (a la vez m\u00e1quina para preparar el t\u00e9 y despertador) que la mujer le lleva al d\u00eda siguiente, la rutina del hotel y sus primeros paseos por la ciudad.&nbsp; Los inmensos edificios vaciados de su funci\u00f3n gloriosa y de sus empleados, los barrios obreros arrasados, los terrenos bald\u00edos e inh\u00f3spitos le sirven para transmitir la decadencia del sue\u00f1o industrial: \u201cDurante aquellas caminatas, en las escasas horas en que verdaderamente luc\u00eda el sol y la luz del invierno invad\u00eda las calles y plazas desiertas, siempre me estremec\u00eda el desparpajo con que la ciudad del color de la antracita, desde la que se hab\u00eda difundido el programa de industrializaci\u00f3n por todo el mundo, exhib\u00eda ante el espectador las huellas de su ruina y su decadencia que por lo visto hab\u00edan devenido cr\u00f3nicas\u201d. La foto viene entonces a insertarse durante el comentario de uno de esos paseos por los canales y los almacenes desafectados. Pues bien, el comentario textual que merece el momento (\u201cNegra brillaba el agua en aquel d\u00eda radiante sobre un lecho engastado entre grandes bloques cuadrados de piedra y reflejaba las nubes blancas que por el cielo flotaban a la deriva\u201d) contrasta con lo que vemos en la foto en blanco y negro, con una luz espectral de fondo y unas aguas negras de una consistencia oleaginosa. La imagen traduce la decadencia del mundo industrial, y el \u201cextra\u00f1o silencio\u201d que reinaba era el eco de una ausencia de humanidad que hab\u00eda desaparecido del decorado. No est\u00e1 de mal recordar, como lo hace Sebald, que en su momento de gloria la poblaci\u00f3n de Manchester contaba con una importante comunidad de origen germ\u00e1nico y de jud\u00edos del este que hab\u00edan contribuido a su esplendor y que hab\u00edan desaparecido casi por completo tras la decadencia de la ciudad. La imagen es sin duda un documento, pero un documento <em>fantasm\u00e1tico<\/em> que a\u00f1ade a la descripci\u00f3n un tono a\u00fan m\u00e1s sombr\u00edo e inquietante. El lector no puede dejar de observarla y de compararla con lo que el relato est\u00e1 contando, para lo que tiene que hacer una parada, una \u201ccongelaci\u00f3n de imagen\u201d y componer una s\u00edntesis.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"409\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/foto-3-6.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4327\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/foto-3-6.jpg 500w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/foto-3-6-300x245.jpg 300w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/foto-3-6-150x123.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-css-opacity\"\/>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos procedimientos se ordenan siempre con un mismo fin: realizar un trabajo de memoria, traer a la superficie lo que qued\u00f3 oculto, borrado. Para ello contribuyen todo tipo de materiales: hoteles abandonados, ciudades en decadencia, objetos en desuso, parajes id\u00edlicos devastados. A veces la memoria se impone por ella misma: \u201cSin embargo, cada vez me doy m\u00e1s cuenta de que ciertas cosas tienen como un don de regresar, inesperada e insospechadamente, a menudo tras un largu\u00edsimo periodo de ausencia\u201d (\u201cDr Henry Selwyn\u201d, <em>Los emigrados<\/em>). Otras es un trabajo de duelo consciente, como cuando hace hablar a Chateaubriand que lamenta la p\u00e9rdida de su amor de juventud: \u201cEn mi fuero interno quedaba irremisiblemente la duda de si, escribiendo, no habr\u00eda traicionado y perdido otra vez, y \u00e9sta de forma decisiva, a Charlotte Ives. Tambi\u00e9n es cierto que no soy capaz de preservarme de mis recuerdos, que con tanta asiduidad y de improviso me subyugan, si no es escribiendo. Si permanecieran aprisionados en mi memoria, con el paso del tiempo se tornar\u00edan m\u00e1s y m\u00e1s pesados, de modo que yo acabar\u00eda por desmoronarme bajo su carga en constante aumento. Durante meses y a\u00f1os los recuerdos reposan adormecidos en nuestro interior y siguen proliferando en silencio hasta que son evocados por una frusler\u00eda cualquiera, y de una forma extra\u00f1a nos ciegan para toda la vida\u201d (<em>Los anillos de Saturno<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier caso la memoria siempre es concreta, es la memoria <em>de<\/em> alguien. Y ese alguien coincide la mayor\u00eda de las veces en Sebald con un tipo muy especial de \u201csujeto hist\u00f3rico\u201d: aquellos que sufrieron un perjuicio, que fueron v\u00edctimas de una injusticia y a los que nunca se les dio la palabra para poder defenderse. En ese sentido el trabajo de Sebald est\u00e1 muy cerca del de Benjamin: darle voz a los que no la tuvieron, reparar as\u00ed en lo posible una injusticia, volver sobre esos derrotados en la historia que claman que se les reconozca no solo su dignidad, sino su raz\u00f3n. Seg\u00fan cuenta Sebald el punto de partida de <em>Los emigrados<\/em> fue una llamada telef\u00f3nica de su madre comunic\u00e1ndole el suicidio de su antiguo maestro al que Sebald ten\u00eda un especial aprecio. \u201cVi entonces, dice Sebald, dibujarse una especie de constelaci\u00f3n a prop\u00f3sito de la manera en la que se puede sobrevivir durante un cierto tiempo&nbsp; a una injusticia que nos fue infligida, hasta que llega un momento, muy alejado, en la que termina por engullirnos\u201d. A partir de esta noticia Sebald reconstruye lo que fue la vida de este maestro excepcional quien, por tener \u201cun cuarto de jud\u00edo\u201d, fue expulsado de la ense\u00f1anza. Intenta explicarse por qu\u00e9 volvi\u00f3 despu\u00e9s de la guerra al mismo pueblo a ejercerla y por qu\u00e9, tras jubilarse, la existencia se le volvi\u00f3 intolerable y sucumbi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Este tipo de caso de la memoria del superviviente obsesiona a Sebald que lo trata en varios ejemplos como si cada vez intentara arrojar una luz nueva sobre lo sucedido. Porque esta experiencia de anamnesis no tiene nada de simple ni de potencialmente liberadora. La recuperaci\u00f3n de la memoria es a veces una aut\u00e9ntica experiencia abismal. Es el caso de Austerlitz, cuando en sus noches de insomnio se dedica a recorrer Londres y vuelve una y otra vez sin saber por qu\u00e9 a la <em>Liverpool Street Station<\/em> hasta que una noche, siguiendo a un empleado, se adentra en la zona abandonada de la <em>Ladies waiting room<\/em> y ah\u00ed, de pronto, como en una alucinaci\u00f3n, se ve, con cuatro a\u00f1os y medio, llegando con otros ni\u00f1os a la misma estaci\u00f3n para ser recibido por el pastor anglicano y su mujer que ser\u00e1n a partir de entonces sus padres adoptivos. El recuerdo enterrado surge como una revelaci\u00f3n que aboca al sujeto a la angustia radical. Es tal vez por eso que algunos de sus personajes buscan acabar con toda capacidad de reflexi\u00f3n y de memoria pues en un momento empiezan a darse cuenta de que con la edad tard\u00eda los recuerdos toman a veces un peso espec\u00edfico dif\u00edcil de gestionar y pueden arrastrarles hacia el abismo. Es el caso del relato de <em>Los emigrados<\/em> \u201cAmbros Adelwarth\u201d, quien, atormentado por los recuerdos, decidi\u00f3 pasar voluntariamente sus \u00faltimos a\u00f1os de vida en una cl\u00ednica en la que le administraron una serie de electrochoques que lo anularon por completo como persona.<\/p>\n\n\n\n<p>Como Benjamin, Sebald asume pues el proyecto de una historia de los vencidos consustancial con una cr\u00edtica de la idea de progreso en tanto que mito de una humanidad aut\u00f3noma de su condici\u00f3n natural que produce sus propias condiciones de existencia; mito que es adem\u00e1s una manera de negar la destrucci\u00f3n y su manifestaci\u00f3n irracional en la repetici\u00f3n. Para Benjamin una historia natural de la destrucci\u00f3n ser\u00eda un relato que ir\u00eda de calamidad en calamidad o que progresa por retornos de lo reprimido. El trabajo del historiador consistir\u00eda en reconstruir una cronolog\u00eda integrando el traumatismo como dato del actuar hist\u00f3rico con el fin de hacer historia desde esta aprehensi\u00f3n del tiempo. Lo que no est\u00e1 muy alejado de la tesis de Adorno: \u201cEn el pensamiento radical de la historia como historia de la naturaleza todo lo que existe es transformado en ruinas y fragmentos, en un calvario tal que solo se explica por la superposici\u00f3n dial\u00e9ctica de la naturaleza y la historia\u201d. La ruina se vuelve la alegor\u00eda por excelencia de la historia humana, en monumento que perdi\u00f3 toda significaci\u00f3n. La historia natural seg\u00fan Benjamin designa la incesante repetici\u00f3n de los ciclos de emergencia y descomposici\u00f3n de los \u00f3rdenes humanos de la significaci\u00f3n, ciclos conectados con la violencia. La destrucci\u00f3n es el factor que transforma la historia en naturaleza. Constataci\u00f3n que acaba con la significaci\u00f3n simb\u00f3lica de los acontecimientos pero que abre el camino al desciframiento de los indicios dispersos. Es entonces cuando, para hacer aparecer la supervivencia del sentido, hay que proceder al montaje de fragmentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Descentrar la mirada de la historia sobre las vidas an\u00f3nimas y exc\u00e9ntricas, o atacar de frente los t\u00f3picos de la historia de los vencedores es un proyecto com\u00fan a Sebald y Benjamin. Pero a pesar de esta proximidad hay una diferencia fundamental entre ambos: en Sebald el horizonte mesi\u00e1nico desaparece y con \u00e9l el de una posible emancipaci\u00f3n colectiva. Pareciera como si, contrariamente a Benjamin que articulaba cat\u00e1strofe y nueva pr\u00e1ctica de la historia, la melancol\u00eda pesimista del narrador de Sebald procediera de un sentimiento de impotencia ante el desastre. No solo el presente no pone un t\u00e9rmino a los procesos catastr\u00f3ficos, sino que el sufrimiento progresa bajo la ley del capital y su violencia. No solo, como dice uno de sus personajes mirando hacia atr\u00e1s, \u201cve\u00eda c\u00f3mo la historia no se compone m\u00e1s&nbsp; que de desgracias y tribulaciones que se precipitan sobre nosotros como una ola tras otra se precipita sobre la orilla del mar, de forma que, a lo largo de todos los d\u00edas de nuestra vida en la tierra, dec\u00eda, no experimentamos un solo instante&nbsp; que verdaderamente est\u00e9 libre de temor\u201d, sino que \u201csiempre que uno se imagina el futuro m\u00e1s hermoso est\u00e1 ya encaminado a la siguiente cat\u00e1strofe\u201d (<em>Los anillos de Saturno<\/em>). &nbsp;La posibilidad de la pol\u00edtica se aleja de la perspectiva hist\u00f3rica en provecho de una l\u00f3gica del modelo de la historia natural en el que todas las civilizaciones est\u00e1n abocadas a la destrucci\u00f3n. Dicho esto, hay que se\u00f1alar que, en ruptura con el modelo de la historia natural, el car\u00e1cter contingente del desastre y su dimensi\u00f3n pol\u00edtica son tambi\u00e9n evocados. En las proyecciones apocal\u00edpticas que acompa\u00f1an \u201cesta \u00e9poca cargada de amenazas\u201d la fragilidad de las obras humanas se ve a veces reemplazada por la responsabilidad colectiva de los hombres en la edificaci\u00f3n del infortunio. Este apocalipsis no tiene nada de una necesidad natural, es el t\u00e9rmino de un proceso de desarrollo del capitalismo. Si quisi\u00e9ramos encontrar una cr\u00edtica radical del capitalismo en Sebald habr\u00eda que buscarla del lado de la concepci\u00f3n del tiempo, pues, como dice Austerlitz, de entre todos los inventos del capitalismo el m\u00e1s artificial es el del tiempo. No es extra\u00f1o pues que una forma de escapar a su imperio sea la de esos personajes que se sit\u00faan fuera del tiempo, que acumulan objetos anodinos, que son improductivos, exentos de necesidades, exc\u00e9ntricos y felices, que se dedican a actividades sin sentido como aquel que construye una maqueta del templo de Jerusal\u00e9n, \u201cun bricolaje a la vez absurdo e in\u00fatil\u201d. Formas melanc\u00f3licas de una utop\u00eda en miniatura. Si Sebald evita la melancol\u00eda reaccionaria es, en parte, porque preserva una escapatoria que es la de los individuos que resisten al tiempo. Ning\u00fan para\u00edso por venir sino lugares que resisten al tiempo del capital. Si la melancol\u00eda que surge del espect\u00e1culo repetido de las cat\u00e1strofes invalida los marcos tradicionales de la acci\u00f3n revolucionaria o de la utop\u00eda, es al mismo tiempo el instrumento pol\u00edtico esencial que se opone al imperio del tiempo y a las leyes del mercado que rigen la modernidad.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, la melancol\u00eda del individuo Sebald no escapa a una fr\u00e1gil <em>Heimat<\/em> idealizada, a pesar de la imposibilidad de una reconciliaci\u00f3n con la historia y con el pa\u00eds de su infancia, y a pesar del desprecio que sent\u00eda por la lengua que all\u00ed se hab\u00eda impuesto. Es as\u00ed que, apareciendo como una tenue luz en el giro de una frase o en el borde de un comentario, algo como un lugar id\u00edlico (los paisajes nevados de su infancia, la relaci\u00f3n con su abuelo y a trav\u00e9s de \u00e9l con una lengua alemana del siglo XIX de antes del desastre), podr\u00eda indicarnos lo que de para\u00edso perdido en donde agarrase puede subsistir a pesar de todo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"356\" height=\"430\" src=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/Hans-Peter-Tripp-2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-4325\" srcset=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/Hans-Peter-Tripp-2.jpg 356w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/Hans-Peter-Tripp-2-248x300.jpg 248w, https:\/\/olvidosdegranada.es\/wp-content\/uploads\/\/Hans-Peter-Tripp-2-124x150.jpg 124w\" sizes=\"auto, (max-width: 356px) 100vw, 356px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-css-opacity\"\/>\n\n\n<!--nextpage-->\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Schwindel, Gef\u00fchle, 1990 [V\u00e9rtigo, trad. Carmen G\u00f3mez Garc\u00eda (Barcelona: Anagrama, 2010)]<\/p>\n\n\n\n<p>Die Ausgewanderten: vier lange Erz\u00e4hlungen, 1992 [Los emigrados, trad. Teresa Ruiz Rosas (Barcelona: Anagrama, 2006)]<\/p>\n\n\n\n<p>Die Ringe des Saturn: eine englische Wallfahrt, 1995 [Los anillos de Saturno, trad. Carmen G\u00f3mez Garc\u00eda (Barcelona: Anagrama, 2008)]<\/p>\n\n\n\n<p>Austerlitz, 2001 [trad. Miguel S\u00e1enz (Barcelona: Anagrama, 2002)]<\/p>\n\n\n\n<p>Luftkrieg und Literatur: Mit einem Essay zu Alfred Andersch, 1999 [Sobre la historia natural de la destrucci\u00f3n, trad. Miguel S\u00e1enz (Barcelona: Anagrama, 2010)]<\/p>\n\n\n\n<p>Para la redacci\u00f3n de este texto ha sido muy \u00fatil la lectura del libro de Muriel Pic, W.G. Sebald -l\u2019image papillon, Les presses du r\u00e9el, 2009; as\u00ed como el n\u00famero de la revista Europe n\u00b0 1009, 2013, dedicado a Sebald. Las entrevistas a Sebald provienen de la recopilaci\u00f3n de Lynne Sharon Schwartz, The Emergence of Memory. Conversations with W.G. Sebald, Seven Stories Press, New York, 2007<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;\u201cY como la m\u00e1s pesada losa de la melancol\u00eda es el miedo al fin sin &#8230; <\/p>\n<p class=\"read-more-container\"><a title=\"W.G. Sebald, destrucci\u00f3n y melancol\u00eda\" class=\"read-more button\" href=\"https:\/\/olvidosdegranada.es\/index.php\/2024\/03\/26\/w-g-sebald-destruccion-y-melancolia\/#more-4323\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre W.G. 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