Quiere el Amor Feliz
Quiere el Amor Feliz —el que se posa
poco…— arrancar un verso al alma oscura:
¿Cuándo la miel necesitó dulzura?
¿Quién esencia de pomo echa en la rosa?
Quédese en hojarasca temblorosa
lo que no pudo ser fruta madura:
No se rima la dicha; se asegura
desnuda de palabras, se reposa…
Si el verso es sombra, ¿qué hace con el mío
la luz?… Si es luz… ¿la luz por qué lo extraña?
¡Quien besar puede, bese y deje frío
símbolo, el beso escrito!… ¡En la maraña
del mapa no está el agua azul del río,
ni se apoya en su nombre la montaña!…
Dulce María Loynaz Muñoz (La Habana, 1902-1997)
Hace tanto tiempo
Para Antonio M. Sarrión
Nos pareció un desafío
haber perdido la fe,
al raso, pasando frío.
Héroes de no sé qué.
Navegar la negación
era de por sí una fiesta,
ungidos del raro don
de no hallar jamás respuesta.
A los héroes de antaño
ahora nos los tropezamos
de vez en cuando en la danza.
Aparentan no hacer daño,
no se acuerdan. Son los amos
de su podrida bonanza.
Carmen Martín Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000)
Imitación de una oda de Safo
¡Feliz quién junto a ti por ti suspira,
Quién oye el eco de tu voz sonora,
Quién el halago de tu risa adora,
Y el blando aroma de tu aliento aspira!
Ventura tanta, que envidioso admira
El querubín que en el Empíreo mora,
El alma turba, al corazón devora,
Y el torpe acento, al expresarla, expira.
Ante mis ojos desaparece el mundo,
Y por mis venas circular ligero
El fuego siento del amor profundo.
Trémula, en vano resistirte quiero…
De ardiente llanto mi mejilla inundo…
¡Delirio, gozo, te bendigo y muero!
Gertrudis Gómez de Avellaneda (Santa María de Puerto Príncipe, 1814-Madrid, 1873)
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste;
todas son buenas, bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides… Gracias… Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido.
Alfonsina Storni (Capriasca, 1892-Mar del Plata, 1938)
El poeta dice la verdad
Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo.
Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.
Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.
Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.
Federico García Lorca (Granada, 1898-1936)
Soneto de la gurinalda de rosas
¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero!
¡Teje deprisa! ¡Cantal ¡Gime! ¡Canta!
Que la sombra me enturbia la garganta
y otra vez viene y mil la luz de enero.
Entre lo que me quieres y te quiero,
aire de estrellas y temblor de planta
espesura de anémonas levanta
con oscuro gemir un año entero.
Goza el fresco paisaje de mi herida,
quiebra juncos y arroyos delicados,
bebe en muslo de miel sangre vertida.
Pronto ¡prontol! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida,
el tiempo nos encuentre destrozados.
Federico García Lorca (Granada, 1898-1936)
Llagas de amor
Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.
Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.
Son guirnalda de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.
Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.
Federico García Lorca (Granada, 1898-1936)
Fragilidad
Un cuadro de ventanas encendidas
es la ciudad que mira en duermevela
los espacios vacíos. Tantas vidas
laten en su interior, siguen la estela
del viento por las frías avenidas
y las playas sin nadie. Sobrevuela
un espectro por aguas detenidas,
la espesa sombra de la noche en vela.
La soledad se ampara en el papel
frágil de la memoria. Ya no cuenta
ese silencio oscuro y astillado:
sólo una vieja foto del cincuenta,
las rayas en el toldo de un hotel,
un Chrysler de color azul gastado.
Antonio Jiménez Millán (Granada 1954-Málaga, 2025)