Soneto500

Piedra negra sobre una piedra blanca

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…


César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892- París, 1938)

Los collares marinos

Enfermedad marina son las perlas;
pólipos de las conchas nacaradas;
por el iris están amortajadas
y a nadie da misericordia verlas.

Si deliran las frentes por tenerlas
en collares Lucientes engarzadas,
no es porque esplendan de salud ornadas
sino por ser orgullo poseerlas.

Son tísicas románticas de Oriente
que traen los mercaderes a Occidente,
lo mismo que un comercio de doncellas.

Y, cual cuerda de presas bien seguras,
manïata el collar las perlas puras
por el solo delito de ser bellas.


Salvador Rueda (Benaque, 1857- Málaga, 1933)

Si proibisce di buttare immondezze

Cáscaras, trapos, tronchos, cascarones,
latas, alambres, vidrios, bacinetas,
restos de autos y motocicletas,
botes, botas, papeles y cartones.

Ratas que se meriendan los ratones,
gatos de todas clases de etiquetas,
mugre en los patios, en los muros grietas
y la ropa colgada en los balcones.

Fuentes que cantan, gritos que pregonan,
arcos, columnas, puertas que blasonan
nombres ilustres, seculares brillos.

Y ante tanta grandeza y tanto andrajo
una mano que pinta noche abajo
por las paredes hoces y martillos.


Rafael Alberti (El Puerto de Santa María 1902-1999)

Autorretrato

Fuimos entre espigas y olivares:
el uno esperó al otro en la lactancia,
y en el primer pinito de la infancia
ya escribimos comedias y cantares.

Después, libros, y novias y billares
(¡memorias que ilumina la distancia!)
luego… una juventud cuya fragancia
envenenan agobios y pesares.

Fuimos, cuanto hay que ser: covachuelistas,
estudiantes, «diablillos», editores,
críticos, «pintamonos», retratistas…

Y hoy, como ayer, sencillos escritores
que siguen, a la luz de sus conquistas,
sembrando sueños porque nazcan flores.


Serafín Álvarez Quintero (1871-1938) y Joaquín Álvarez Quintero (1873-1944)

Rosas de otoño, I

Mándame tu retrato… Aquellos ojos
en éxtasis, que guardan, como lagos,
de los ocasos los vislumbres rojos
y de las noches los luares magos.

Mándame tu retrato… La caricia
de tu cara de almendra, tu cabello
de puro negro azul, y el dulce cuello
que inicia de inclinarse la delicia.

Mándame aquel retrato que en el fondo
Tiene un jardín… Tiene un jardín soñado
para poner mi mano en tu cintura,

y perdernos al lejos, en lo hondo
de un beso -como nunca se ha besado-,
por la senda sin fin de la ternura.


Manuel Machado (Sevilla, 1874-Madrid, 1947)

Al céfiro

Céfiro dulce, que vagando alado
entre las frescas, purpurinas flores,
con blando beso robas sus olores,
para extenderlos por el verde prado,

las quejas de mi afán y mi cuidado
lleva a la que, al mirar, mata de amores,
y dile que un alivio a mis dolores
de, y un consuelo al ánimo angustiado.

Pero no vayas, no; que si la vieras
y, tomando sus labios por claveles,
el aroma gustar de ellas quisieras,

cual con las otras flores hacer sueles,
aunque a mi mal el término pusieras,
tendría de tu acción celos crueles.


Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla 1836- Madrid, 1870)

Se prohíbe hacer aguas

Verás entre meadas y meadas,
más meadas de todas las larguras:
unas de perros, otras son de curas
y otras quizá de monjas disfrazadas.

Las verás lentas o precipitadas,
tristes o alegres, dulces, blandas, duras,
meadas de las noches más oscuras
o las más luminosas madrugadas.

Piedras felices, que quien no las mea,
si es que no tiene retención de orina,
si es que no ha muerto es que ya está expirando.

Mean las fuentes… Por la luz humea
una ardiente meada cristalina…
y alzo la pata… Pues me estoy meando.


Rafael Alberti (El Puerto de Santa María 1902-1999)

Los tiempos son de lucha

¡Los tiempos son de lucha! ¿Quién concibe
el ocio muelle en nuestra edad inquieta?
En medio de la lid canta el poeta,
el tribuno perora, el sabio escribe.

Nadie el golpe que da ni el que recibe
siente, a medida que el peligro aprieta;
desplómase vencido el fuerte atleta
y otro al recio combate se apercibe.

La ciega multitud se precipita,
invade el campo, avanza alborotada
con el sordo rumor de la marea.

Y son en el furor que nos agita,
trueno y rayo la voz; el arte, espada;
la ciencia, ariete; tempestad la idea.


Gaspar Núñez de Arce (Valladolid, 1832​​-Madrid, 1903)

Olvidos de Granada
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